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sábado, 19 de abril de 2014
jueves, 17 de abril de 2014
Mañana de teatro en el Concha Espina Torrelavega Cantabria trabajo del taller de prensa caligrama
Mañana de
teatro
Cía. Ron La
Lá
Desde el taller de prensa de la escuela de adultos Caligrama,
se nos dio la oportunidad de ir al teatro. Era a las 12 de la mañana.
La compañía esta formada por un quinteto, aunque aquí solo
vinieron tres. Se hacen llamar Ron La Lá.
El Teatro Concha Espina estaba hasta la bandera, ya que
acudían chicos de todos los institutos y colegios de Torrelavega. Daba gusto
ver tanta chavalería y con ellos nosotras, alumnas dela escuela de adultos,
vamos las abuelas, ocupábamos dos filas nada más.
La obra puesta en escena se titulaba, Siglo de Oro siglo de
ahora, donde se entremezclan los diálogos de Shakespeare y Cervantes.
Estos actores dominan la expresión corporal, la música, canto
y el espacio del escenario como nadie, dejándote sin palabras pero sí con
carcajadas.
Con su buen hacer te meten en la obra, a bases de entremeses
van combinando diálogos, música, cantos y actos corporales, siendo divertida,
locuaz y también un poco mordaz.
Estas piezas cómicas te meten en el teatro clásico jugando a
la vez con lo contemporáneo, transmitiendo una alegría pegadiza.
Pasamos una hora estupenda, participando de unas
representaciones diferentes al huso, La chavalería estaba encantada enfatizando
con cada uno de los entremeses.
Terminaron su representación con una oda al s. de oro y al de
ahora, donde llegabas a la conclusión que no son muy distintos.
Salimos de allí, con una gran sonrisa que nos duró todo el
día.
Damos las gracias a esta compañía que representó su obra para
el alumnado derrochando energía y buen hacer.
A.R.G.
¿QUE HARIAS SI NO TUVIERAS MIEDO? trabajo del taller de caligrama
¿Qué harías
si no tuvieses miedo?
Si no tuviese miedo viviría más feliz.
Si no tuviese miedo me libraría de todo aquello que no me
gusta. Buscaría mi camino sin mirar hacia atrás, pues ya no tendría miedo.
Haría todo aquello que ahora no hago por temor a fracasar, a
no gustar en mis decisiones, a no estar
a la altura de los demás. Me saltaría esas reglas que nos imponen y que en muchos casos son injustas.
Si no tuviese miedo sería menos vulnerable, más fuerte, me
quitaría la coraza que me protege de aquellos que quieren hacerme daño, abriría
mi corazón sin temor a ser juzgada.
Si no tuviese miedo haría una maleta pero no me la llevaría,
pues en ella encerraría todos mis miedos. Solo llevaría una mochila y me
echaría al camino, ese camino que sería más humano, alegre, divertido y muy liviano,
pues no tendría miedos con los que cargar.
Y como no tengo miedo estoy recorriendo ese camino.
A.R.G.
martes, 15 de abril de 2014
sábado, 12 de abril de 2014
RECUERDOS poesia
Recuerdos
¿Donde estás atardecer?.
¿donde tus colores se van?
que mi retina no puede
retener.
Ayer colores alegres,
y un rojo atardecer.
Hoy todo es oscuridad.
Los colores de ayer
no están.
¿Donde estás atardecer?,
vuelve a pintar esos
colores de ayer.
Para que mi nueva
vida sea dulce otra vez.
No te vayas atardecer.
A.R-G
jueves, 10 de abril de 2014
El Oido y la música
El oído y la música
A través de la música nuestro cuerpo y mente se
funden en un estado puro. Es el oído el vehículo que la transporta, perpetrando
una armonía entre el cuerpo y los sentidos. Sus notas van desgranándose en un
equilibrio de proporciones fantásticas, llegando a un estado de catarsis
emocional, fluyendo por cada poro de nuestro cuerpo.
La música ha acompañado al ser humano desde la
era primitiva. El ruido y los acordes que salían de aquello, golpeaban sus
cuerpos y sus mentes. Esos ruidos que percibían a través del sentido del oído
les hacia sentirse bien, experimentando sensaciones de libertad y sosiego.
La música influye positivamente sobre nuestro
cuerpo. A través del oído nos acercamos
a emociones y sensaciones nuevas y distintas. Puedes crear tu mundo
imaginario, recordando cosas dormidas en tu mente y que ella te hace evocarlas
de nuevo. Puedes jugar con el tiempo, pasado y futuro, puedes crear un universo
mágico. Te hace vibrar, emocionarte, llorar, descargar sentimientos placenteros
y toda esta amalgama de sonidos solo se pueden percibir a través del oído.
Pero ella, la música, siempre estará presente tanto
en nuestra mente como en nuestro cuerpo. Lo manifestamos a través de la danza,
el canto o por medio de nuestras manos. El cuerpo y el oído se unifican para
fundirse con ella y vivir ese instante que lo hace universal
Pero también percibimos todo tipo de ruidos
desagradables que nos molestan, que nos irritan. Con este sentido percibimos
todo cuanto nos rodea. Toda la naturaleza nos habla y podemos entenderla,
porque lo oímos: el discurrir de un río, el sonido del mar, el canto de los
pájaros, el viento ululando en el bosque, la tormenta, la lluvia, el granizo…
También influye en nuestra estabilidad, ya que es
el primero que se percata de cualquier anomalía en nuestro cuerpo. Haciéndonos
perder el equilibrio, produciéndonos mareos..
Por eso es uno de los sentidos que mejores
sensaciones nos produce.
ARG
A.R.G.
PARDIJO EL BOTIJO cuento
Pardijo el botijo
Pardijo es un botijo que nació de la arcilla como los demás.
Pero ocurrió una desgracia a su dueño cuando lo estaba modelando, por lo tanto,
lo dejó inacabado.
Cuando Pedro recibió la mala noticia, unas lágrimas rodaron
por su rostro y quiso el destino que fueran a parar sobre Pardijo.
Era el último de esa mañana, ni siquiera lo puso sobre la
balda para que se secara y luego
llevarlos al horno, estaba sin terminar.
Pardijo cuando le cayeron aquellas gotas saladas, sintió en toda
su estructura un calor dulce, y en ese instante se dio cuenta que podía moverse
por la mesa de modelado. Anduvo durante todo el día, quedó con una forma rara
pero graciosa al no estar seco.
Al caer la noche y cuando la luna entró de lleno por la cristalera,
Pardijo le pidió a la luna, ¡por favor!, píntame con tus colores de plata, y ésta
así lo hizo.
Pardijo aquella noche soñó con colores y formas maravillosas,
una música suave y alegre entró por todos sus poros aún sin cerrar.
Al llegar el alba y entrar el sol hasta el último rincón,
Pardijo suplico al sol, entra dentro de mi y sécame del todo, pues no quiero que me metan en el horno, mira mis colores de plata, me los ha pintado la luna. Ahora
siento vida dentro y fuera de mí. El sol así los hizo, y Pardijo quedó acabado
sin entrar en el horno.
Pasaron varios días y Pedro no aparecía, esto es muy raro, él
nunca falta al taller, esto es su vida, mientras, Pardijo ya no solo se movía
por la mesa de modelado si no que andaba por todo el taller. No se sentía un
botijo.
Aún no se había visto, no sabia como era, iba a mirarse sobre una
lámina de latón, cuando oyó pasos, pero no parecían los de Pedro, estos eran
más lentos. De pronto se abrió la puerta y allí estaba Pedro, ¿Qué le había pasado? Parecía mucho más viejo, con
pasos lentos se sentó junto a la mesa de modelar, su cara denostaba una
tristeza infinita, cogiendo la cara entre sus manos musitó, que será de todo
esto que ha pasado de generación en generación, y siempre ha sido nuestro,
¿Dónde estarán la escrituras, de todo este pueblo, ¡Dios mio! las hemos buscado
en cada casa, sin resultado, por lo tanto esto pronto será una gran
urbanización, y desaparecerá nuestro árbol tres veces centenario.¿ Como nos
puede ocurrir esto?. Con desgana fue metiendo todos los botijos en el horno,
ésta será la última hornada.
Pardijo estaba escondido, tenía miedo que le metiera también
en el horno. Había oído las lamentaciones, y él sabia donde estaban aquellos
legajos, ¡Pero como decírselo!, ¿Le oiría?, Pardijo estaba dudando, pero de
nuevo unas lágrimas resbalaron por el rostro de Pedro, Pardijo las recibió,
pues estaba debajo de la mesa, volvió a sentir un calor interior, y dando un
salto se puso encima de la mesa. Pedro estaba tan abstraído, que no le vio, y
Pardijo le dijo con voz suave, -Pedro eso que buscáis, está allá arriba en el
último estante, detrás justo de los primeros botijos que hizo tu bisabuelo, hay
una oquedad, y dentro está todo, lo tuyo y lo del resto del pueblo, esos
legajos llevan mas cien años ahí. Pedro miró asombrado a un lado y otro, sin
reparar en Pardijo, este le dijo, -soy yo aquí en la mesa, -soy Pardijo, así me
llamaste tú hace días, Pedro no se lo podía creer, pensaba que se estaba
volviendo loco, ¿Cómo iba hablar un botijo?, le miró con asombro, la verdad era
raro, él no le había modelado, ¿y esos colores? Diantres ¿de donde has salido tú?
Anda ya te lo contaré, ahora sube ahí, y encontrarás lo que tanto habéis
buscado, Pedro subió pero pensando que aquello era una locura, y con asombro
encontró un royo de legajos con una cinta azul descolorida y raída, no pensó
más, si aquello era una locura, bendita locura, con grandes zancadas, salió y
corrió a la iglesia, tocó la campana a arrebato, enseguida medio pueblo estaba
allí y poco a poco el resto, en las casas no quedaron ni los gatos. Pedro
levantó el royo de legajos y gritó a pleno pulmón, ¡Están a aquí, las de todos!,
la tierra de nuestros ancestros no nos la van arrebatar.
Esta tarde vendrán los de la ciudad con toda su parafernalia,
y se irán como han venido, sin nada.
A las cuatro en punto divisaron bajo una espesa capa de polvo
la gran comitiva con todos los girifaltes de la ciudad, todo muy trajeados, y
en grandes coches negros. El primero fue el notario, Pedro frente a él, seguro
feliz, y antes de que pudiera decir nada, Pedro le entregó las escrituras,
después de revisarlas todas, se volvió hacia los de la comitiva y les dijo:
Señores no hay nada que hacer, estos son los auténticos dueños, y sus papeles
así lo dicen. Los señores de la ciudad, protestaron mirara ron y remiraron y
sumamente pálidos se fueron.
En el pueblo se desato una alegría que festejaron hasta bien
entrada la noche, también acudieron de los pueblos de alrededor.
Pedro entró en su taller con una alegría inusitada, y
dirigiéndose a Pardijo lo abrazó y besó, Pardijo se sintió muy feliz. Pedro le
hablaba y hablaba, pero Pardijo nunca más volvió a decir ni mu. Había hecho un
pacto con la luna, y tenía que cumplirlo, solamente volvería hablar si en el
pueblo ocurría algo y él tenía que ayudar. Pero era muy feliz con los discursos
que cada mañana le amenizaba Pedro, todo dirigiéndose a él.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado, por ahora.
A.R.G.
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