Después de haber pasado algunos momentos tranquilos en Sevilla, los relatos de Cabeza de Vaca al respecto de una región llamada Florida, que sería al menos tan rica como el Perú, empujaron a Hernando de Soto a volver a América.
Vendió sus propiedades, y preparó una expedición. Obtuvo de Carlos Quinto los títulos de Adelantado de Florida, gobernador de Cuba y Marqués de una parte de las tierras que descubriera.
La expedición se compuso de 950 soldados y diez navíos. Sería respaldada por una veintena de botes que venían de Vera Cruz y que se pondrían a las órdenes de Hernando de Soto.
La flota partió de San Lúcar el 6 de abril de 1538 y llegó 15 días más tarde a Gomera, una de las islas Canarias, donde permaneció una semana. Después la expedición retomó su ruta hacia Santiago de Cuba donde se unieron los otros navíos.
En Cuba, el nuevo gobernador visitó las diferentes ciudades próximas a Santiago y reunió todos los caballos y los hombres que podía para su próxima exploración de la Florida.
En ese momento, La Habana fue saqueada e incendiada por los franceses. Hernando de Soto envió al capitán Aceituno con algunos hombres para volver a poner la villa en estado.
En la víspera de la partida, nombró a Gonzalo de Guzmán lugarteniente-gobernador para administrar Santiago durante su ausencia.
A fin del mes de agosto de 1538, los navíos emprendieron la mar en dirección de La Habana, mientras que Hernando de Soto hizo la ruta por tierra con 350 caballos para reunirse al resto de la expedición. Llegado a La Habana, de Soto se ocupó de reconstruir la ciudad y ordenó a Aceituno construir una fortaleza en previsión de un ataque.
Al mismo tiempo, Juan de Añasco fue enviado a explorar las costas de la Florida, a fin de facilitar la llegada de la flota.
Al cabo de algunos meses, Añasco estaba de regreso con buenas noticias.
Ruta de Hernando de Soto
Hernando de Soto el explorador
El 18 de Mayo de 1539, la expedición estaba por fin lista. Hernando de Soto disponía de 9 navíos y 1000 hombres.
El 25 de mayo, la flota pasó por Espiritu Santo (Tampa Bay) y los hombres desembarcaron el 30 de mayo sobre este nuevo mundo. Los españoles comenzaron entonces su exploración. Pero debieron enfrentar a los indios vueltos belicosos, después del pasaje del violento Narváez, durante una expedición precedente.
Al cabo de algún tiempo, Hernando de Soto había ya perdido muchos hombres en sus batallas contra los autóctonos. Atravezó las provincias de Acuera, Ocali, Vitachuco y Osachile (al oeste de la península de la Florida), al punto de alcanzar Apalache (al noroeste), una región considerada como fértil y que tenía buenas condiciones marítimas para la construcción de un puerto. Hernando de Soto alcanzó al fin esta región, no sin haber combatido contra los indios.
En octubre de 1539, Hernando de Soto envió a Juan Añasco con 30 hombres a Espíritu Santo donde había dejado sus navíos y una parte de la expedición, con la orden de bordear las costas y de encontrarlo allí.
Pedro Calderón, debía partir en busca de provisiones por tierra, mientras que Gómez Arias fue enviado a La Habana para informar a la mujer de de Soto de los progresos de la expedición. Después de algunas dificultades, todo el mundo se encontró en Aute Bay (Apalache).
Hernando de Soto envió entonces al capitán Diego Maldonado a explorar las costas al oeste del Aute con dos navíos. Maldonado cumplió su misión con éxito y, en febrero de 1540, fue enviado a La Habana para informar a la ciudad de sus descubrimientos. Los dos hombres se encontrarían después, en octubre, en la bahía de Achusi, con otros navíos, municiones de guerra, provisiones y uniformes para los soldados.
Pero Hernando de Soto no volvería a ver jamás a Maldonado. No porque éste haya faltado a su misión. Él fue a Achusi, pero no encontró rastro de su comandante. Exploró la región en vano, y retomó la mar para La Habana. Al año siguiente, Maldonado partió nuevamente en busca de De Soto, pero sin resultado.
El fracaso de la expedición
Durante este tiempo, Hernando de Soto partió, en marzo de 1540, de Apalache con la intención de explorar el norte del país. Atravezó las regiones de Altapaha (o Altamaha), Achalaque, Cofa y Cofaque, todas ciudades situadas en el norte de la Georgia, con poco éxito. Decidió entonces alcanzar Achusi, para encontrar a Maldonado y sus refuerzos. Pero cuando llegó a la región de Tuscaluza (Alabama), unos indios en gran número lo enfrentaron en la batalla más espantosa que haya podido tener el conquistador.
La batalla duraría nueve horas y sería finalmente ganada por los españoles. Pero numerosos hombres y oficiales, Hernando de Soto incluído, fueron heridos. Setenta españoles fueron muertos en esta batalla.
De Soto quería proseguir la ruta hacia Achusi, pero sus tropas estaban extenuadas y debieron permanecer allí algunos días. Los españoles estaban decepcionados por no haber encontrado ninguna riqueza en estas exploraciones, y hacían complot para abandonarla, alcanzar Achusi y emprender la mar para México o el Perú.
Sabiendo eso, Hernando de Soto cambió sus planes. En lugar de marchar hacia la costa y reunirse con Maldonado, condujo a sus hombres hacia el oeste al interior de las tierras. Esperaba alcanzar la Nueva España (México).
En diciembre de 1540, perdió 40 hombres y 50 caballos en una nueva batalla. En abril de 1541, en el curso de un enfrentamiento con los indios, numerosos españoles fueron muertos o heridos. Hernando de Soto estaba forzado a quedarse algunos días para que sus hombres sean curados.
Pero De Soto decidió continuar su ruta hacia el interior, atravezando las provincias del Golfo, y alcanzando el Mississippi al norte del estado del mismo nombre.
Atravezó el río y prosiguió su camino hacia el noroeste antes de llegar a la provincia de Autiamque (noroeste de Arkansas), donde pasó el invierno, cerca de Washita.
En la primavera del año 1542, volviendo sobre sus pasos, alcanzó el Mississippi. Allí, el 20 de junio de 1542, cayó enfermo con una fuerte fiebre. Preparándose para morir, designó a Luis de Moscoso de Alvarado para tomar su lugar a la cabeza de los hombres.
Cinco días más tarde, Hernando de Soto murió sin haber podido alcanzar la Nueva España. Sus hombres entonces sumergieron su cuerpo pesadamente lastrado en el río para que los indios ignoraran su muerte, creyéndolo inmortal y para que no profanen sus despojos.
El resto de la expedición, dirigida por Moscoso, intentó entonces alcanzar la costa por el este. Pero fueron atacados de nuevo por los indios. Algunos miembros de la expedición llegaron a sobrevivir y a alcanzar Pánuco en México.
El balance humano es desastroso, pero la expedición de Hernando de Soto quedaría en la historia por la amplitud de la exploración: seis estados atravezados (Carolina del sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Arkansas),y numerosas tribus indias descubiertas (Cherokees, Seminoles, Creeks, Apalaches, Choctaws y otras).
La Cruz en Memphis representa el sitio del río Missiiippi que llegó Hernando de Soto
Otros personajes relevantes relacionados con Hernando de Soto
En 1502, embarcó en la flota que llevaba a las Indias a Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador de La Española. Pizarro fue un hombre muy inquieto y de fuerte carácter, no logró adaptarse a la vida sedentaria del colonizador, razón por la que decidió participar en la expedición de Alonso de Ojeda -su gran mentor- que exploró América Central (1510) y luego en la de Vasco Núñez de Balboa que descubrió el océano Pacífico (1513). Entre 1519 y 1523, se instaló en la ciudad de Panamá, de la cual fue regidor, encomendero y alcalde, lo que le permitió enriquecerse.
Conocedor de los rumores que hablaban de la existencia de grandes riquezas en el Imperio Inca, decidió unir la fortuna que había amasado con la de Diego de Almagro para financiar dos expediciones de conquista (1524-1525 y 1526-1528), que se saldaron con sendos fracasos. A causa de las penalidades sufridas en el segundo intento, Pizarro se retiró a la isla del Gallo con doce hombres, mientras Almagro iba a Panamá en busca de refuerzos.
Los «trece de la fama» aprovecharon para explorar parte de la costa oeste de América del Sur, región que denominaron Perú, tal vez por la proximidad del rio Virú, y tuvieron constancia de la existencia de una gran civilización. No obstante, ante la negativa del gobernador de Panamá a conceder más hombres a Almagro, en 1529 Pizarro viajó a España a fin de exponer sus planes al rey Carlos I, quien, en las capitulaciones de Toledo (26 de julio de 1529), lo nombró gobernador, capitán general y adelantado de las nuevas tierras, designación real esta que provocó el recelo y la frustración de Almagro.
Poco después, Pizarro y Almagro se enemistaron por la posesión de Cuzco, y si bien primero unieron sus fuerzas para sofocar la rebelión indígena dirigida por Manco Cápac contra el dominio español (1536), acabaron por enfrentarse abiertamente en la batalla de las Salinas, en abril de 1538. Derrotado y prisionero, Almagro fue procesado, condenado a muerte y ejecutado por Hernando Pizarro, hermano del conquistador (8 de julio de 1538). La venganza de los partidarios de Almagro, liderados por su hijo, se produjo el 26 de junio de 1541, fecha en que Pizarro murió asesinado en su palacio de Lima, ciudad que él mismo había fundado a orillas del río Rímac seis años antes...
En 1519 fundó la ciudad de Panamá en su primitivo asiento (actualmente llamada Panamá la Vieja). Se caracterizó por su temperamento sanguinario y ambicioso y la crueldad con que trató tanto a los indígenas como a los españoles que estaban bajo su mando, lo cual le mereció el apodo de Furor Domini, la Ira de Dios.
Entre otras cosas Pedrerias, ordenó decapitar a Vasco Núñez de Balboa, prometido de su hija María de Peñalosa, y a Francisco Hernández de Córdoba, fundador de las ciudades de León, cuyas ruinas fueron descubiertos en 1967, Granada de Nicaragua y de la villa de Bruselas en las cercanías del golfo de Nicoya, en territorio de la actual Costa Rica. Ante las graves acusaciones formuladas en su contra, fue separado de la Gobernación de Castilla del Oro, pero posteriormente fue nombrado Gobernador de Nicaragua, cargo que ejerció desde 1528 hasta su muerte en la antigua ciudad de León en 1531, la que fue destruida en 1610 por una erupción del cercano volcán Momotombo.
Los supuestos restos de Pedrerias fueron descubiertos en 2000, junto a los de Francisco Fernández de Cordoba (identificables estos últimos por la ausencia de su cabeza) en el presbiterio de la Iglesia de la Merced de la antigua ciudad de León, y sepultados ambos en el Memorial de los Fundadores, construido en ese mismo año en un sector de su antigua plaza mayor. Paradójicamente, los restos de Hernández de Cordoba fueron honrados con 21 cañonazos del Ejército de Nicaragua y sepultados en el lugar de honor del Memorial, mientras que los de Dávila fueron sepultados a los pies del anterior.
Ilustración de Pedrerias.