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lunes, 25 de julio de 2016

SANCHO PANZA. última aventura junto a Don Quijote

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Última aventura de Sancho.                   

Junto a Don Quijote de la Mancha


Caminaba ya Sancho tras su señor. Percibía este que su señor no estaba bien. Volvían a casa después de haber participado en lides y desatinos, que fueron muchos y casi siempre saliendo mal parados, de haber vivido historias impensables, de caminar por caminos llenos de misterios y embrujos. De haber tratado con un sin fin de personajes, algunos a bien y en cambio otros malandrines desnaturalizados, que no entendían a su señor ni a su atuendo un tanto ridículo, piensa Sancho ahora, por ello en mas de una ocasión salían mal parados cuando en su locura su señor quería defender lo indefendible.
Pero... todo se acaba, caminaban cabizbajos y a paso lento iba Rocinante para que su señor no se callera de la cabalgadura, hasta el bueno de Rocinante estaba triste y abatido, su amo no le espoleaba, también sabia que estaba muy enfermo. Pero la cordura regresó a la sesera de Don Quijote. Ya no quería más lides, ni desencuentros, ni oír hablar de la doncella Dulcinea del Toboso.
Su clarividencia le hacia sentirse mal por todo lo que había hecho sufrir y por todas las penurias que hizo pasar a su fiel y buen escudero Sancho. Este callaba, escuchaba con atención cada palabra que salia de la boca de su señor, que hablaba de una manera desconocida por el pobre Sancho. Iba su señor con voz cansina razonando sobre todas y cada unas de sus aventuras 
                                                                                                      

                                                                                                                          
Sigamos prestos caminando amigo Sancho, el cansancio hace mella en mi figura. Pero..ahora veo molinos donde antes veía gigantes. Sancho lleva tú las riendas de mi flaco y huesudo Rocinante, que ahora le veo como ha sido siempre, no como el hermoso corcel que en mi locura yo cree, no ves que las fuerzas me flaquean, ¡Ay! mi señor, no me abandone, que yo siempre seré su escudero y gratis le serviré, aunque no vallamos de aventuras, ni hacer locuras. -No amigo Sancho, ya la vida se me escapa y no quiero retenerla, por eso quiero llegar presto a la aldea.
                                                                                                                                            


¡Ay! Sancho, me duele hasta la armadura, el dolor llega a mis huesos y se extiende por todo mi cuerpo, llegando hasta el alma que queda perturbada. ¡Mira Sancho! contempla este atardecer porque yo otro no veré . -No diga eso mi señor, no me acongoje, tenemos que ver más atardeceres tan rojos o más que este con los molinos de fondo y esperando a  la noche con su oscuridad para proporcionarnos paz, y descanso.









El día sucumbe al encanto de la noche. Lo ves Sancho, la noche  esta está llegando con sus silencios largos, haciendo que las sombras jueguen con los recodos del camino, ¡ves! amigo Sancho, estos caminos que recorrimos una y otra vez en mis locuras. Ahora los veo tal cual son, y en verdad que son muy hermosos. La naturaleza nos muestra su faz más bella. Disfrutémosla que esta noche se ha puesto de gala con su manto de estrellas rutilantes y esa luna que ilumina este camino para decirnos que no hay maleantes sino sombras que se mueven con la suave brisa y que no son otra cosa que las copas de los árboles que custodian esta vereda. -Señor le veo mejor más animado. Si Sancho porque al fin me he quitado la armadura que me estaba matando, y aunque el suelo está muy duro, mi cuerpo reposa sobre esta cama de hierba seca que has tenido a bien de hacer. Reposemos Sancho y entreguémonos al sueño que mañana será otro día que nos acercará más a nuestro destino, que así sea mi señor.

El alba nos premia con su claridad invitándonos con su luz mágica a proseguir nuestra marcha. Quiero llegar al fin  de mi destino y así poder entregarme a la Parca.¡Pero ya estamos otra vez igual! Quítese ese mal de la cabeza, llegaremos a la aldea, tomará buenos caldos, aunque sean de gallina vieja, pues pa joven no nos llega, y después de descansado , verá la vida de otra manera, y yo siempre estaré a su lado. -Mi señor que voy hacer yo si me deja, no ve que no se hacer otra cosa que ser escudero. Pero solo serviré como tal a mi señor Don Alonso Quijano . Con voz cansina don Alonso responde, está bien amigo Sancho vive Dios que no te dejaré. -Esa respuesta ya me gusta más, y me tranquiliza, pues así quiere decirme que va a a luchar contra ese mal que le aqueja y que a su mente ciega. Y de esta forma, primero se repondrá.
¡Mire! mi señor la torre de la iglesia, ya estamos cerca de la aldea. Cuando lleguemos a descansar en buena cama, con sabanas blancas. De acuerdo amigo Sancho lo que tu digas se hará, porque no tengo muchas ganas de parlamentar.

¡Ay! mi señor, para eso corrimos tanto, para postrarse en su lecho y dejarse vencer por el mal que le aqueja y que la muerte se lo lleve. Sancho, Sancho buen escudero ¡no has oído al doctor! debo confersarme pues la vida se me escapa, quiero estar a bien con el altísimo.
No me habléis de Dulcinea que no era dama sino mujer mesonera, ni de castillos, que no lo eran, sino humildes tabernas, ni molinos porque solo eran eso, molinos, ni de cuando me hicieron caballero andante, pues todo fue una patraña. No veis que estoy cuerdo, que he recuperado la sesera, y estoy presto para partir en mi última aventura en la que por una vez en mucho tiempo no partirá conmigo mi fiel escudero, es una aventura, que deberé correrla solo. Tengo el juicio libre y claro. Fui loco y ahora soy cuerdo. Fui Quijote y ahora soy Alonso Quijano el Bueno ¡Señor! Nada Sancho vuelve a tu antiguo oficio, aquel que tenias antes de conocerme. Y a ti querida sobrina te digo: búscate un buen hombre si sabe de libros de caballería déjalo, mejor que sea licenciado  eso querrá decir que es culto, y te podrá dar una buena vida, He llegado a mi fin, no estéis triste parto ya.


FIN

A.R.G.