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"¡QUÉ HACEMOS AQUÍ AMIGO SANCHO!"
Don quijote: -Amigo Sancho, ¡que es aquello que asoma tras esa loma?
Sancho: -No lo sé , mi señor, pero es una luz cegadora
Don Quijote : -Casi mejor que nos vayamos, pues si no, nos -arrollará, ¡Pardiez, Sancho! ¿Que ha pasado?
-¿En que lugar nos encontramos?
Sancho: -¡Mire señor! ¿Que es eso tan grande? es como
la Laguna de Ruidera, pero mucho más llena.
El agua suena, se va y vuelve, y el suelo es de
arena ¡Que cosas más raras, esto parece un truco de magia!
Don Quijote: -¡Sabes que lugar es este? ¿No lo recuerdas,
amigo Sancho? Si vinimos con Roque Guinar,
el bandolero amigo. ¡Un caballero! acuérdate
del que le criticó y de como desenvainando su
espada la cabeza cercenó.
Sancho: -¡Vive Dios que ahora recuerdo aquel suceso!
-Entonces, ¿Esto es Barcelona? por mis barbas,
que es hermosa como una dama, aunque un tanto
blanca al alba. Pero ¡que cambiada está! No puede ser natural toda la belleza que aquí se . representa. Yo creo mi señor que de estas gentes,
no nos podemos fiar ¿Se ha fijado Don Alonso,
las vestimentas tan raras que portan esos caballeros y no digamos las damas?
Don Quijote: -Casi mejor que nos vayamos, amigo Sancho.
Aquí no pintamos nada y somos objetos de
miradas un tanto airadas. Quiero ir al campo
con sus árboles, pájaros y ganados. Ya estoy can-
sado de todo esto que es muy inesperado y alocado. ¿Que es ese ruido infernal? ¿Acaso son
eso cajones cuadrados, que en verdad, son
muy raros y que van a toda velocidad? ¡Que locu-
ra, que desatino, esto es un sin vivir, aquí me voy
morir.
Sancho: -¡Mire, don Alonso!
Don Quijote: -¿Qué?
Sancho: -¿A donde va toda esa gente que bajan por esas
escaleras y se los traga la tierra? ¡A donde iran a parar? ¿Que les pasará?
Don Quijote: - No lo sé, amigo Sancho, pero no lo vamos averiguar. Pero... ¿A que mundo hemos venido a
parar? ¡Meten el sol en bolas de cristal y menuda
luz que dan!
Sancho: - Esto pura brujería, mi señor,
Don Quijote: -¡Pardiez que soy de la misma opinión!.
Sancho: -Mire señor, creo que eso es un mesón
Don Quijote: -¡Quia, Sancho! Los caballeros y las damas
se sientan en unas sillas anómalas y comen unas viandas muy raras.
Sancho: - Mire, mi señor, ¡Que huerta más anormal! las
frutas están en unos cajones y la gente se la lleva,
¡Pero no están en la tierra! Y, ¿que me dice de esas
Cristaleras, que no son ventanas pero tampoco
luceras? Y, mire mi señor, ¡Tres damas con vesti-
mentas grotescas se han debido de quedar atrapa-
das tras las cristaleras!
Don Quijote: -¡Por mi honor que las voy a liberar!
Sancho: -¡Espere, espere, mi señor! Que aquí nada es lo
que parece. Mírelas bien, no se mueven ni pestañean, yo creo que son muñecas. Lo que no
puedo explicar es, ¡Porqué se encuentran tras el
cristal?
Don Quijote: -¡Vámonos para Santiago, amigo Sancho, que
esa luz infernal que nos cegó, el Santo nos la ha
quitar! Y, así podremos regresar al siglo XVI,
pues estábamos muy bien en él. ¿Cuantas leguas
hemos andado, Sancho? Me duelen todos los huesos y mi barba no se mesa, está tiesa.
¡Pongámonos en camino que la noche está serena
y sabe Dios con lo que nos podemos encontrar!
Sancho: -Mire señor, ¡Cuantas estrellas!
Don Quijote: -Sancho déjate de paparruchadas y sigamos nuestra
marcha. Tengamos cuidado, que en este trayecto
nos encontraremos con entuertos ¡Vive Dios que
yo lo sé!
FIN
"¡QUÉ HACEMOS AQUÍ AMIGO SANCHO!"
Don quijote: -Amigo Sancho, ¡que es aquello que asoma tras esa loma?
Sancho: -No lo sé , mi señor, pero es una luz cegadora
Don Quijote : -Casi mejor que nos vayamos, pues si no, nos -arrollará, ¡Pardiez, Sancho! ¿Que ha pasado?
-¿En que lugar nos encontramos?
Sancho: -¡Mire señor! ¿Que es eso tan grande? es como
la Laguna de Ruidera, pero mucho más llena.
El agua suena, se va y vuelve, y el suelo es de
arena ¡Que cosas más raras, esto parece un truco de magia!
Don Quijote: -¡Sabes que lugar es este? ¿No lo recuerdas,
amigo Sancho? Si vinimos con Roque Guinar,
el bandolero amigo. ¡Un caballero! acuérdate
del que le criticó y de como desenvainando su
espada la cabeza cercenó.
Sancho: -¡Vive Dios que ahora recuerdo aquel suceso!
-Entonces, ¿Esto es Barcelona? por mis barbas,
que es hermosa como una dama, aunque un tanto
blanca al alba. Pero ¡que cambiada está! No puede ser natural toda la belleza que aquí se . representa. Yo creo mi señor que de estas gentes,
no nos podemos fiar ¿Se ha fijado Don Alonso,
las vestimentas tan raras que portan esos caballeros y no digamos las damas?
Don Quijote: -Casi mejor que nos vayamos, amigo Sancho.
Aquí no pintamos nada y somos objetos de
miradas un tanto airadas. Quiero ir al campo
con sus árboles, pájaros y ganados. Ya estoy can-
sado de todo esto que es muy inesperado y alocado. ¿Que es ese ruido infernal? ¿Acaso son
eso cajones cuadrados, que en verdad, son
muy raros y que van a toda velocidad? ¡Que locu-
ra, que desatino, esto es un sin vivir, aquí me voy
morir.
Sancho: -¡Mire, don Alonso!
Don Quijote: -¿Qué?
Sancho: -¿A donde va toda esa gente que bajan por esas
escaleras y se los traga la tierra? ¡A donde iran a parar? ¿Que les pasará?
Don Quijote: - No lo sé, amigo Sancho, pero no lo vamos averiguar. Pero... ¿A que mundo hemos venido a
parar? ¡Meten el sol en bolas de cristal y menuda
luz que dan!
Sancho: - Esto pura brujería, mi señor,
Don Quijote: -¡Pardiez que soy de la misma opinión!.
Sancho: -Mire señor, creo que eso es un mesón
Don Quijote: -¡Quia, Sancho! Los caballeros y las damas
se sientan en unas sillas anómalas y comen unas viandas muy raras.
Sancho: - Mire, mi señor, ¡Que huerta más anormal! las
frutas están en unos cajones y la gente se la lleva,
¡Pero no están en la tierra! Y, ¿que me dice de esas
Cristaleras, que no son ventanas pero tampoco
luceras? Y, mire mi señor, ¡Tres damas con vesti-
mentas grotescas se han debido de quedar atrapa-
das tras las cristaleras!
Don Quijote: -¡Por mi honor que las voy a liberar!
Sancho: -¡Espere, espere, mi señor! Que aquí nada es lo
que parece. Mírelas bien, no se mueven ni pestañean, yo creo que son muñecas. Lo que no
puedo explicar es, ¡Porqué se encuentran tras el
cristal?
Don Quijote: -¡Vámonos para Santiago, amigo Sancho, que
esa luz infernal que nos cegó, el Santo nos la ha
quitar! Y, así podremos regresar al siglo XVI,
pues estábamos muy bien en él. ¿Cuantas leguas
hemos andado, Sancho? Me duelen todos los huesos y mi barba no se mesa, está tiesa.
¡Pongámonos en camino que la noche está serena
y sabe Dios con lo que nos podemos encontrar!
Sancho: -Mire señor, ¡Cuantas estrellas!
Don Quijote: -Sancho déjate de paparruchadas y sigamos nuestra
marcha. Tengamos cuidado, que en este trayecto
nos encontraremos con entuertos ¡Vive Dios que
yo lo sé!
FIN