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miércoles, 11 de mayo de 2016

EL DESIERTO trabajo del taller de Caligrama








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      EL DESIERTO

Un rayo de sol se coló por la abertura de la tienda, estaba amaneciendo, el cansancio del día y parte de la noche se volvió a apodera de mí, intenté en vano desperezarme, y volví a entrar en un sopor.
Cuando me desperté de nuevo, miré a mí alrededor, todos seguían durmiendo. El día anterior había sido duro, y ya entrada la noche seguíamos circulando sin ver nada a nuestro alrededor. Llegados a este punto los guías nos bajaron y con premura levantaron las tiendas, éramos doce personas, dispuestas a pasar unas vacaciones nada normales, nuestros espíritus viajeros y llenos de emociones nos habían llevado a hacer un recorrido por territorios poco inusuales para turistas.
 Me levanté sin hacer ruido, no teníamos prisa, pues íbamos sin horarios ni rutas fijas, marchábamos a la pura y dura aventura. Salí de la tienda que compartía con tres de mis mejores amigos, miré a mi alrededor, y de pronto me di cuenta que estábamos en mitad de ningún sitio, solo se veía una llanura casi desértica, el calor empezaba a ser un poco agobiante y eso que solo eran las siete de la mañana. La pequeña hoguera que hiciéramos la noche anterior aún humeaba, eché un vistazo a mi alrededor, ¡qué raro! Los todo terrenos que no habían llevado hasta allí no estaban, tampoco se veía ni rastro de los guías, las mochilas estaban abiertas y su contenido amontonado, no entendía nada, de pronto me dio como una furia interior, y corrí hacia ellas, con asombro comprobé que faltaban todos los móviles el GPS y el pequeño ordenador, solo quedaba la vieja brújula de Antón, durante unos instantes mi cerebro no quería admitir la realidad, nos habían robado, dejándonos en aquel paraje, recorrí el resto del campamento, los odres de agua como la comida estaban intactos, nuestra ropa también, pero el dinero de nuestras carteras, así como nuestros pasaportes habían desaparecido.
Lloré durante un rato, luego me armé de valor para despertar al resto y que vieran lo que había pasado, nunca debimos de confiar en aquella agencia tan cutre, y con aquellos personajes de aspecto tan siniestros, aunque se mostraran tan simpáticos garantizándonos unas vacaciones distintas, ¡y tanto que distintas!
Corrí hacia las tiendas, todos se despertaron sobresaltados, les comuniqué mis temores, al cabo de dos minutos todos estaban fuera, comprobando que era una realidad. Nos habían dejado solos en el culo del mundo. Fernando hombre tranquilo y practico, quiso calmarnos diciendo que los guías habrían ido por más comida, ¿pero por qué? allí teníamos para una semana, esto no se lo habían llevado. Reavivamos la hoguera y nos dispusimos a desayunar,  mientras esperaríamos.
Las horas fueron pasando, y allí no aparecía nadie, el calor era cada vez más insoportable, todos nos refugiamos en las tiendas y aunque estábamos debajo del único árbol que había en no sé cuántos kilómetros a la redonda no había quién parase.
Mal comimos, pues no nos entraba nada, Fernando de nuevo habló, esto es una realidad, nos han abandonado. Beltrán gran aventurero, nos expuso lo que había que hacer para sobrevivir, por lo menos teníamos la brújula, ahora hacía falta saber dónde estábamos y a qué punto cardinal orientarnos, había que estudiar de donde salimos, las horas de viaje y hacia donde debíamos ir, teníamos que racionar el agua y comida, ya que probablemente estaríamos más de una semana vagando por este semi desierto. Antón de pronto se acordó que en uno de los bolsillos de su mochila tenía un mapa, lo cogió en la primera agencia que estuvimos.
Buscamos pero todo fue inútil, el mapa había volado con el resto de las cosas que nos podían servir para orientarnos, desanimados nos pusimos a caminar siguiendo las instrucciones de Beltrán, dijo que por la posición del sol teníamos que caminar hacia el norte, pero que más daba si no sabíamos en qué lugar estábamos, y si había civilización hacia aquí o hacia allá. Al cabo de diez minutos tuvimos que parar, el sol era implacable, el sudor corría por nuestros cuerpos como si fuera un río, volvimos para atrás pues estábamos mejor debajo de aquel viejo árbol, nos tumbamos, y entonces Beltrán dijo: -dentro de un par de hora bajaran las temperaturas, como todavía habrá luz, nos pondremos en marcha hasta donde lleguemos, mañana saldremos a eso de las cinco más o menos y tendremos tres o cuatro horas hasta que apriete el calor.
Del calor intenso de día pasamos a estar helados, el cielo estaba despejado y cuajado de estrellas, nunca vimos una noche tan maravillosa, nos acurrucamos de seis en seis, así nos daríamos calor, en la otra tienda pusimos todas nuestras cosas, estábamos rotos por el cansancio y el temor a no saber que nos depararía aquella tierra desértica.
Dormimos poco, pero a las cinco ya estamos en pie, tomamos café y unas frutas desecadas, estaban buenas, hacía frío, recogimos y nos pusimos en marcha, al poco de caminar fuimos entrando en calor, iba repasando todo el viaje, por ver si encontrábamos entre todos algo que nos pudiera servir para saber dónde estábamos, a veces guardas en tu memoria un hecho sin darte cuenta, pero por más que lo intentamos nada, seguimos andando y por más que mirábamos no hallábamos nada, todo era arena rocas, los pies empezaban a recalentarse, nuestra piel se estaba ajando, no teníamos protector, y aunque procuramos taparla, el sol empezaba a penetrar en ella, después de dos largas horas, hicimos un alto para comer unas barritas de no sé qué, pues no tenían ni nombre, paramos treinta minutos, y de nuevos hacia ninguna parte. De pronto nuestros ojos se abrieron de par en par no nos lo podíamos creer, a poca distancia había una especie de choza con dos árboles, corrimos a pesar del cansancio, pensamos que podría estar habitada, y nos podrían ayudar, pero de la alegría pasamos a la desolación allí no había nadie, Marta , Pepe y  que eran muy optimistas dijeron –mirarlo por el lado bueno-, -aquí podremos pasar la noche y estaremos más calentitos, hay madera de los árboles y podremos hacer fuego, quizá nos vea alguien-, ¡qué iluso allí en el culo del mundo! Hasta dentro de ocho o diez días no nos esperan, para entonces a lo mejor somos pasto del desierto.
Al entrar nos dimos cuenta que hacía tiempo que nadie había pasado por allí, pero con asombro descubrimos una mochila, la abrimos con rapidez, nuestro gozo en un pozo, solo tenía unas linternas, un saco de dormir, comida como la que llevábamos nosotros dos gorras y dos camisolas, un cuchillo de monte, y un hacha pequeño. La noche se echaba encima, así que decidimos colocar todo, cerrar con paja aquel ventanuco, y asegurar la puerta con palos y ramas, pues no sabíamos si habría animales peligrosos, hasta ahora no habíamos reparado en ello, nos pareció raro lo del hacha y el cuchillo.
El tiempo iba transcurriendo, estábamos a gusto, y poco a poco fuimos desgranando parte de nuestras vidas, y conociéndonos un poco, de ésta forma supimos que Susi una treinta añera, lo había dejado con el novio una semana antes de la boda, y por eso había puesto tierra de por medio, era malagueña, Maite su compañera y prima se había prestado hacer el viaje con ella, era abogado y hacía dos años que había terminado su carrera, tenía veintiséis, Raúl y Domingo eran amigos de toda la vida, uno era arquitecto y el otro economista, también de Málaga, nosotros cuatro que éramos de burgos y amigos de siempre, yo era la única chica, pero ya había viajado más veces con ellos , mi nombre Raquel y trabajo en una empresa en recursos humanos, Pepe mi amigo había trabajado en la misma empresa pero hacía dos años que se había ido a otra, a Barcelona, Chiva era farmacéutico y estaba con su padre en la farmacia, y Jaime, era un vividor, su madre viuda hacía años tenía muchas fincas y Vivian de rentas, estudió un grado superior de minas, pero a sus veinte ocho años, no había trabajado, ni pensaba hacerlo, luego estaba Antón, aventurero de profesión, había estado en una ONG de coordinador, él era marino y si, había navegado, pero poco, era de Salamanca. Cuando se iban a presentar los cuatro restante, nada más le dio tiempo a decir que eran dos hermanos casados con dos hermanas. Cuando ¡de pronto! oímos un ruido tremendo, la cabaña se movía, y las ramas que pusimos sobre la ventana se nos echaron encima, con premura corrimos todos a tapar el hueco, pues en un instante el habitáculo se nos llenó de arena.
Era una tormenta, rugía de una manera violenta, se oían como si chocaran cosas, pero ¿qué? si lo que habíamos visto hasta ahora era todo semidesértico, nos asustamos, y nos juntamos todos, pues creíamos que algo de aquello iba a chocar contra el caseto y íbamos a fenecer aplastado. Esto más o menos duró una hora interminable, luego llegó la calma, se había hecho de noche, y no podíamos ver nada, así que permanecimos acurrucados unos contra otros.
El alba trajo la luz del sol que se coló a través de las grietas de la choza, nos despertamos sobresaltados, al ver que estábamos sobre un lecho de arena, miramos a través del hueco de lo que pudo ser una ventana, y nos quedamos atónitos, corrimos a la puerta, salimos al exterior, y no nos lo podíamos creer, todo el paisaje estaba cambiado, la llanura infinita, era ahora montículos de arena de  dos metros de altura, estos estaban como a 40 metros de la choza, se había formado un pasillo natural, fuimos siguiéndolo, subimos a un montículo de piedras y nos quedamos maravillados de lo que había detrás de aquellos montones de arena.
Ante nosotros se presentaba una ciudad perfectamente edificada, blanca como la espuma, era algo etéreo, sublime, nos frotamos los ojos, aquello no podía ser real, a través de las columnas se veía parte del interior, el sol se colaba descaradamente, y todo el interior estallaba con su luz, ¡aquello era oro!. No sabíamos que hacer estábamos como petrificados, dudábamos si seguir, pero de pronto oímos un ruido ensordecedor, venia de una de las altas dunas, envuelto en una nube de polvo, algo cayó a los pies de Beltrán era una piedra negra perfectamente pulida, tenía forma hexagonal este la cogió con premura y la metió en la mochila. Sin pensarlo corrimos hacía la cabaña, cerramos todo como pudimos, nos juntamos unos a otros esperando lo peor, aquello se acercaba de nuevo, tembló todo, pero al cabo de unos minutos el más absoluto silencio, corrimos a la salida, y comprobamos que de nuevo el paisaje había vuelto a cambiar, ya no quedaba ni rastro de la hermosa ciudad, de nuevo llanura, piedras y soledad. 
Decidimos coger nuestros trastos e intentar salir de aquel infierno, Con diligencia partimos, pero hacia dónde. 
Beltrán cogió un palo lo clavó en el suelo y por la sombra del palo nos dijo: son aproximadamente las siete de la mañana , todos nos quedamos extrañado de la manera de saber la hora pero nadie se lo discutió, la noche anterior había hecho un agujero colocando una tapa de la ponchera, unas telas y no sé qué más, la cosa es que allí había agua del roció de la noche, estaba depurada, y la metimos en la cantimplora que encontramos en la cabaña, vimos una pequeña tapia de piedra y decidimos protegernos del sol que ya apretaba. Llevábamos cuatros horas de caminata o eso creíamos nos regíamos por el palito de Beltrán ya que nuestros relojes dejaron de funcionar, por qué no teníamos ni idea, pero tampoco estábamos dispuestos averiguarlo, había cosas más importantes en que pensar  Al llegar nos sobresaltamos había dos esqueletos tumbados junto a un tronco de árbol caído, durante un instantes nos quedamos sin palabras y sin saber qué hacer, allí estaban sus pertenecías, con respeto abrimos aquellas mochilas raídas y viejas, ¡Dios! cuanto tiempo llevarían allí y que les pasó. Pronto averiguamos que eran arqueólogos y que buscaban la ciudad del oro tenían un diario donde estaba perfectamente indicado cada uno de las rutas y hasta donde habían llegado.
Nos quedamos asombrados ante lo escrito, aquello era horroroso por lo que habían pasado. Si, vieron la ciudad como la vimos nosotros ellos caminaron entre sus calles repletas de oro, de la que cogieron unas muestras en forma de objetos, no para lucrarse si no para estudiarlo, así mismo vieron aquella especie de red con todo el tesoro de la gran caravana incluidos caballos. Pasaba por los lugares precedidos de una tormenta de arena, al final de aquella red había objeto pequeños que se podían coger y así lo hicieron dos objetos llegaron a sus manos y regresaban cuando en el punto en que se encuentran llegó la gran caravana a buscar lo robado los espíritus de aquellas gentes, familias enteras perecieron en ese gran viaje, y fueron muy violentos arrebatándoles los objetos y dejándolos mal heridos, las últimas palabras escritas decían al que encuentre esto salid lo antes posible de aquí esto está malditos y esos espectros son reales, son los guardianes de esta tierra inhóspita, y dejaron dibujado  en un viejo papel una posible ruta de salida, pero el tiempo lo había borrado y no nos sirvió para nada.
La angustia se volvió a ponderar de nosotros. Nos quedamos abatidos tristes, hundidos, así permanecimos un par de horas, el palito nos iba marcando el tiempo, luego llegó la noche y ahí la noción del tiempo se perdía bajo el manto estrellado o encapotado de la incertidumbre  oscuridad.
Aún era de noche y pensábamos como saldríamos de allí aunque en la lejanía salían los primeros rayos de sol, ahora era tenue, tímido, pero en poco tiempo se mostraría implacable. Cada vez teníamos menos comida, y mucho horizonte por andar. Caminábamos sin hablar .en nuestros cuerpos se notaba el cansancio y el deterioro era patente. ¡De pronto! De la nada salió un personaje  un tanto extraño, corrigió nuestro camino indicando  el lugar opuesto, y nos entregó una lanza rarísima como muy primitiva. Y sin darnos cuenta desapreció, no nos preguntamos nada, ya pasábamos de todo. Aquella lanza tenía como un imán era ella la que marcaba el ritmo y el camino, Beltrán nos lo comunicó y todos la fuimos probando, pudiendo comprobar sus propiedades.
 A lo lejos creímos ver rocas y hasta arbolado, caminamos apresurando el paso y en dos largas horas estamos ante un paisaje completamente distinto. No nos lo podíamos creer, la naturaleza nos brindaba refugio del implacable sol, atrás quedaba aquel horroroso terreno árido y seco, estéril como la misma muerte.
Nos encontrábamos ante una inmensa selva, ahora tocaba dilucidar cómo y por donde tendríamos que ir, no se veía el horizonte, tampoco sabíamos con qué tipo de animales o tribus nos encontraríamos.
Descubrimos un riachuelo que bajaba por las rocas formando una poza a los pies dela gran piedra, Entramos con cuidado por si hubiere algún animal, la verdad el agua era trasparente pero estaba helada, cosa que agradecimos,  después de disfrutar de aquellas aguas cristalina y de lavar nuestras ropas llenas de arenas del desierto, tuvimos que salir de nuevo al sol para secarnos y también la ropa.
Ahora lo veíamos todo más claro, nuestros ánimos se subieron al máximo, sentíamos la certeza de que volveríamos a casa.
Buscamos donde cobijarnos para pasar la noche, y pronto lo encontramos, una oquedad perfecta para pernoctar y estar protegido si hubiese animales salvajes, que seguro que los habrá, conservábamos el machete el cuchillo y el hacha, hasta ahora nos sirvió de nada, pero en estos instantes estábamos haciéndonos lanzas y cortando arbolitos para protegernos haciendo de puerta, así mismo encendimos una gran hoguera dentro de la cueva.
La lanza se clavó sola delante de la caverna, pasamos una noche estupenda, dormimos a pierna suelta, pues estábamos calientes y aseados, cenamos lo último que no quedaba, a partir de ahora, la selva nos proporcionaría el alimento.
Amaneció el sol de nuevo nos trajo la vida, pero ahora era soportable es más hasta hacía frío, nuestro asombro fue mayúsculo al encontrarnos al pie de la cueva una especie de jabalí atravesado por la lanza.
Pronto fue desollado, pelado, fue el mejor desayuno desde que salimos aquel nefasto día en busca de aventuras, Vivirlas las estamos viviendo y de qué manera. Nos quedamos tres días, repusimos fuerzas y llenamos nuestras cantimploras de agua, ya que los odres los tuvimos que dejar en el camino eran muy pesados.
Al cuarto día emprendimos la marcha, ahora teníamos fuerzas, agua en abundancia y también comida, y nuestra guía, que seguía haciendo sus funciones, Beltrán estaba seguro que si nos atacaba algún animal ella nos defendería, todos asentimos
Después de doce largos días desde una loma vimos un poblado íbamos con precaución pues eran muy primitivos, estábamos pensando en rodearlo pero la lanza se puso tozuda y nos llevó directamente hacia ellos.
Un grupo de guerreros nos rodearon, tenían cara de pocos amigos, nos zarandearon tocaron nuestras ropas y todo lo que llevábamos, ¡de pronto!  Se percataron de la lanza, y su actitud cambió totalmente. Nos llevaron en volandas al centro del poblando donde estaba el jefe rodeado de más guerrero, uno de ellos mostró la lanza y todos retrocedieron.
Estábamos atemorizados, Beltrán nos tranquilizó, mirad a vuestra derecha ese tótem. Dios en el centro hay un hueco del tamaño de la piedra negra. Beltrán se arrodilló ante el gran jefe y sacando la piedra de la bolsa se la entregó. Todo el pueblo estalló en jubilo, nos mantearon y al poco nos presentaron todo tipo de comida y de frutas jamás vistas por nosotros, fue un agasajo que ni en el mejor hotel, nos lavaron, peinaron y nos entregaron una especie de togas, estuvimos comiendo hasta altas horas de la noche, luego nos ofrecieron la mejor cabaña para dormir.
Al día siguiente todo era una fiesta, nos veneraban. Entonces el gran jefe nos dio una tablilla con las instrucciones necesarias para salir de allí. Nos entendíamos por señas, no era un pueblo primitivo como pensamos al principio, nos llevaron a la parte de atrás del tótem donde había una ciudad perfectamente edificada, con templos Mayas, entendimos que este pueblo era una rama de ellos, cultos inteligentes y lo que allí vimos era muy sofisticado , está claro que estaban muy avanzados, volvimos al frente de tótem Todo el pueblo estaba colocado como para partir, y así era. Llevaban siglos esperando a que alguien les trajera la llave para partir al mundo del que habían venido. La lanza escribía en el suelo cada una de sus palabras, y así supimos que la piedra fue robada y extraviada, Durante toda su existencia en este lugar cientos o miles de guerreros habían salido en su busca, pero todo había sido en vano. Se quedaron estupefactos al ver que nosotros que en principio nos tomaron por invasores teníamos la piedra negra o llave de aquel inmenso tótem.
El gran jefe nos comunicó que iban a partir y que seriamos los únicos humanos en toda la creación que los pudieran ver como se iban , y que tras de ellos desaparecería la gran ciudad y el tótem. Solo quedarían aquellas cabañas que nada tenían que ver con su modo de vivir. Nos agradecían haberles entregado la gran llave, ellos correspondían dándonos unas monedas y unos utensilios únicos, y mostrándonos el camino para volver a la civilización. Nos deseaban un buen y venturoso viaje, vaticinándonos que entres día más estaríamos en un lugar seguro y en otros tres con nuestras familias-
El gran momento llegó: el jefe tomó la piedra y dirigiéndose al tótem con toda solemnidad la colocó y giró, lo que pudimos ver era impresiónate, allí había toda una civilización esperándoles, era indescriptible el lugar lleno de oro cubriendo todos los monumentos vimos cientos y cientos, y todas las mujeres ricamente ataviadas con ropajes bordados en oro, así como sus tocados, lo mismo los hombres y jóvenes, el oro lo cubría todo, era impresionante, antes de partir el gran jefe nos obsequió con unas piezas de oro para cada uno.
Solemnemente fueron entrando primeros niños y jóvenes después las mujeres a continuación los ancianos después todos los guerreros menos uno que se quedó junto al gran jefe, y por fin entraron los dos.
Acto seguido una luz nos cegó, la tierra tembló y todo al instante desapareció. Recogimos nuestras cosas y nos pusimos de nuevo en marcha. Caminamos tres largos días, pero como predijo el jefe llegamos a un lugar civilizado,
Se quedaron sorprendidos al vernos, no enseñaron unos periódicos en los que la noticia principal éramos nosotros, nos daban por muertos Nos inflaron a preguntas, nos disculpamos diciendo que estábamos agotados, no llevaron al albergue, nos duchamos y quedamos profundamente dormidos, estuvimos día y medio durmiendo, al despertarnos nos quedamos alucinados, había periodistas y televisiones de todo el planeta, no entendíamos nada, no éramos gente importante, si es verdad que estuvimos perdidos, pero nos parecía que no era para tanto.
Pronto averiguamos que la agencia que nos propuso aquella aventura, era una mentira, al parecer una de las cadenas más importantes del mundo había ideado un concurso de supervivencia, sin que los concursantes lo supieran. Al principio nos tenían ubicados, pero nos salimos de la ruta, y nos perdieron, llevaban un mes y pico buscándonos, tenían el temor de que nos hubiéramos encaminado hacia la tierra inerte, y de allí no salía nadie, el premio era un millón de dólares para cada uno.
Decidimos que escribiríamos un libro detallando cada una de las vivencias, y de todo lo que vivimos, tal vez omitiríamos  lo de la civilización tardía de los Mayas, teníamos que pensar muy bien que podíamos contar y que no.
Ha pasado un largo año seguimos todos juntos, damos conferencias y contamos nuestra experiencia en aquella tierra hostil, por supuesto que no contamos lo del guerrero y su lanza, hablamos del poblado pero que estaba abandonado aunque a nosotros nos sirvió de refugio. Todo lo demás sí lo contamos. Lo que más impresionaba es lo de la ciudad blanca como la nieve pero que en su interior estaba forrada de oro, y lo de la gran caravana. Esto teníamos que repetirlo una y otra vez, también os diré que Susi se ha casado con Antón y Beltrán con Marta. A mí no me preguntéis, sigo soltera, pues mi alma es  libre y no quiere atarse a nadie, sigo haciendo viajes con mis amigos, y hasta aquí, os he relatado todo cuanto nos aconteció, espero que sea de vuestro agrado y que seáis capaces de pasar un buen rato.
A.R.G