A.R.G
Estaba Pancho paseando por la Viesca
a la hora de la siesta para bajar su oronda panza, al llegar al Malecón, vio
que venía su amigo Vicen-movil, que así le llamaban por su obsesión exagerada a
la telefonía,
¡Pardiez! Vicen-movil ¿Qué te ocurre?
Este todo acalorado, y un tanto desencajado
¡Ay! amigo Pancho, que desdichado soy,
el móvil no está operativo, y sin embargo oigo voces, cantos, y música, y
un pi, pi, pi, que no me deja dormir.
Tengo una desazón, un dolor, el móvil sigue en silencio. El aparato muerto
está, y otro no me puedo comprar, pues en la dentadura nueva me lo he de gastar,
ya que con la de ahora no puedo hablar, ni comer esas delicias de duelos y
quebrantos que me hace la parienta cada sábado, ¿no tienes un móvil para
prestar, o regalar?
No, Vicen-movil, si él tendrás que
pasar, regresando la cordura a tu ser, volverás a dialogar, y no a través de
una máquina, si no de verdad, de este modo, recuperarás amigos y familiares,
ahora perdidos por tú obsesión hacia ese móvil infernal, que no te deja pensar.
