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En la Vieja Casona la Noche de Reyes
En la vieja casa del más puro
estilo montañés, todo está preparado para recibir a la familia como se había
hecho siempre de generación en generación, esta era la quinta, Esta tradición
familiar se cortó hace cinco años, cuando la abuela Paquita se fue dejando al
abuelo Ramón sumido en una depresión. Sus tres hijos y sus doce nietos le
apoyaron y cuidaron, colmándole de cariño atenciones.
Por fin el abuelo reacciono y
volvió casi a ser el que era, alegre, bonachón, y sobre todo abuelo, así que
cuando sus tres hijos recibieron la llamada de su padre no les extrañó
demasiado, aunque si les cogió un poco a contra pie. Pues ya habían hecho planes
para la noche de reyes, los que peor lo llevaron fueron los adolescentes, dos
ellos con sus diez y seis años recién cumplidos se creían que eran el ombligo
del mundo, ni que decir tiene de las protestas de los de catorce chico y chica y el de doce,
sus protestas fueron únicas , pero todos claudicaron ante la insistencia de su
abuelo, en fin que los únicos que estaban deseando ir a la casa del pueblo eran
los pequeños, que se alborotaron al saber que iban a dormir a la casa del
abuelo, y que los reyes les dejarían allí todos sus juguetes.
Ramón Pedro Paquita, no entendían
muy bien la insistencia de su padre, no dándoles opciones para no poder decir
no, esto les extraño, pero mucho más la insistencia de que tenían que ir y seguir el protocolo
que él les había mandado previamente por
correo, que consistía en llegar la misma noche de reyes a las diez, donde él ya
tendría todo lo necesario de la cena, y que no trajesen regalo alguno ni nada de nada. Luego a las doce subirían todos a la
solana donde había dispuesto asientos mantas, complementados con unas estufas
de setas, permanecerían allí hasta la llegada de los reyes. Esto les
desconcertó a los tres, pensando que su padre sufría alguna anomalía, pero
después de varias conversaciones aceptaron que estaba en perfectas condiciones.
La gran noche llegó y todo se
hizo como lo había convenido Ramón, cenaron, salieron a la solana, donde todo
estaba preparado como él había dicho. Hacía un frío que pelaba pero con todo
tal y como estaba dispuestos estaba agradable se fueron acomodando y al final todos admitieron
que se estaba muy bien allí, la noche era clara y el manto del cielo estaba
adornado por millones de estrellas rutilantes. De frente tenían el gran patio adornado con flores y candiles incluida
la socarreña donde antiguamente se ponían a buen recaudo los carros de
labranza, había espacio para cuatro pero nunca jamás hubo más de dos.
Los más pequeños se durmieron
pronto y los demás estaban expectantes a ver qué era lo que tenía el abuelo
preparado.
A la una en punto la luces de la
zona y todas las del pueblo que estaba unos doscientos metros más abajo,
empezaron a bajar su intensidad oscilando unas veces tenuemente y otras casi
apagándose, todos se miraban no entendían que pasaba pues la noche era clara y
despejada, durante un buen rato jugaron todos, mayores y pequeños a buscar las constelaciones
y los signos del zodiaco, esto se había hecho siempre en las noches de verano, generación tras
generación Al final las luces se
apagaron y pudieron ver que por la
cambera que llega hasta su casa una fila interminable de teas que iluminaban
todo. Una suave melodía les llegaba y también el ruido como de cascos, todo
aquel séquito en cinco minutos estaban frente a la socarreña,
¡Eran los reyes! Dios cuanto
paquetes. Los tres camellos, en los que venían montados unos personajes ricamente
ataviados y tras de ellos un gran séquito era asombroso, sin mirar y solo con las luces de las teas se
colocaron delante de la socarreña y lanzando haz de luz potentísima que deslumbro
a todos, se dispusieron a marcharse justo cuando los fuegos artificiales
iluminan el cielo, eran únicos, los presentes olvidaron por unos instantes
aquel desfile de camellos y contemplaron el más maravilloso juego de luz y color
jamás visto, todo esto con una música de violines que se espacia por todo el
entorno.
De nuevo la luz se adueñó del
lugar quedando la socarreña iluminada, los jóvenes se quedaron atónitos, Allí
estaba sus dos escúter, y otras dos más ¿Dios! era increíble, los padres se miraban unos a otros preguntándose cómo era
posible si habían hablado de las escúter y se había quedado en que no. Iban de
sorpresa en sorpresa, tanto los mayores como los pequeños tenían todos lo que
habían deseado,
Los jóvenes admitieron que tenían
que ser unos reyes de verdad, pues si no, sus padres jamás les hubieran comprado
las motos, los padres miraban sorprendidos cada uno de sus peticiones pero se
decían unos a otros yo no lo he comprado.
Todos cayeron en la cuenta que el
único que no tenía nada era el abuelo Ramón pero este les dijo: mi mejor regalo
sois vosotros que fue los que le pedía a los reyes, eso y que vinieran ellos a
traerlo, y como habéis comprobado mis dos regalos se han cumplido.
Fue la mejor noche de reyes que tuvimos
todos, aquella noche se quedo impregnada en nuestras retinas y en nuestra mente. El abuelo jamás les dijo como lo había hecho ya que a las pocas semanas
partió para reunirse con su Paquita.
Y ahora os preguntareis como se
todo esto, soy el nieto mayor Ramón, qu
e después de cuarenta años encontré en la vieja casona que ha pasado a ser de mi propiedad, todo lo referente a esa noche pulcramente detallado,
e después de cuarenta años encontré en la vieja casona que ha pasado a ser de mi propiedad, todo lo referente a esa noche pulcramente detallado,
Al abuelo le tocaron muchos
millones, empleo una buena parte esa noche, ya que no solamente fuimos nosotros
visitados por los reyes si no cada una de las familias del pueblo, sin dejar ni
una sola casa. Él sabía que le quedaba poco, y su mayor felicidad, fue hacer
felices a los demás, y vaya si lo consiguió, hoy en el pueblo todavía se hablas
de la noche mágica en las que llegaron los tres reyes magos car
gados de juguetes e ilusiones para grandes y pequeños.
gados de juguetes e ilusiones para grandes y pequeños.
Pero su secreto será
guardado tengo su libro con todo
detallado. Después de tantos años mis padres y mis tíos ya mayores aún se
preguntan qué pasó aquella noche
A.R.G.