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lunes, 1 de febrero de 2016

EN LA VIEJA CASONA La Noche de Reyes trabajo de caligrama Cuento




El Entusiasta: La noche de Reyes.
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En la Vieja Casona la Noche de Reyes


En la vieja casa del más puro estilo montañés, todo está preparado para recibir a la familia como se había hecho siempre de generación en generación,  esta era la quinta, Esta tradición familiar se cortó hace cinco años, cuando la abuela Paquita se fue dejando al abuelo Ramón sumido en una depresión. Sus tres hijos y sus doce nietos le apoyaron y cuidaron, colmándole de cariño atenciones.
Por fin el abuelo reacciono y volvió casi a ser el que era, alegre, bonachón, y sobre todo abuelo, así que cuando sus tres hijos recibieron la llamada de su padre no les extrañó demasiado, aunque si les cogió un poco a contra pie. Pues ya habían hecho planes para la noche de reyes, los que peor lo llevaron fueron los adolescentes, dos ellos con sus diez y seis años recién cumplidos se creían que eran el ombligo del mundo, ni que decir tiene de las protestas de los de   catorce chico y chica y el de doce, sus protestas fueron únicas , pero todos claudicaron ante la insistencia de su abuelo, en fin que los únicos que estaban deseando ir a la casa del pueblo eran los pequeños, que se alborotaron al saber que iban a dormir a la casa del abuelo, y que los reyes les dejarían allí todos sus juguetes.
Ramón Pedro Paquita, no entendían muy bien la insistencia de su padre, no dándoles opciones para no poder decir no, esto les extraño, pero mucho más la insistencia de que tenían que ir y seguir el protocolo que él  les había mandado previamente por correo, que consistía en llegar la misma noche de reyes a las diez, donde él ya tendría todo lo necesario de la cena, y que no trajesen regalo alguno ni nada de nada. Luego a las doce subirían todos a la solana donde había dispuesto asientos mantas, complementados con unas estufas de setas, permanecerían allí hasta la llegada de los reyes. Esto les desconcertó a los tres, pensando que su padre sufría alguna anomalía, pero después de varias conversaciones aceptaron que estaba en perfectas condiciones.
La gran noche llegó y todo se hizo como lo había convenido  Ramón, cenaron, salieron a la solana, donde todo estaba preparado  como él había dicho. Hacía un frío que pelaba pero con todo tal y como estaba dispuestos estaba agradable se fueron acomodando y al final todos admitieron que se estaba muy bien allí, la noche era clara y el manto del cielo estaba adornado por millones de estrellas rutilantes. De frente tenían el gran patio adornado con flores y candiles incluida  la socarreña donde antiguamente se ponían a buen recaudo los carros de labranza, había espacio para cuatro pero nunca jamás hubo más de dos.
Los más pequeños se durmieron pronto y los demás estaban expectantes a ver qué era lo que tenía el abuelo preparado.
A la una en punto la luces de la zona y todas  las del pueblo que estaba unos doscientos metros más abajo, empezaron a bajar su intensidad oscilando unas veces tenuemente y otras casi apagándose, todos se miraban no entendían que pasaba pues la noche era clara y despejada, durante un buen rato jugaron todos, mayores y pequeños a buscar las constelaciones y los signos del zodiaco, esto se había hecho siempre  en las noches de verano, generación tras generación  Al final las luces se apagaron  y pudieron ver que por la cambera que llega hasta su casa una fila interminable de teas que iluminaban todo. Una suave melodía les llegaba y también el ruido como de cascos, todo aquel séquito en cinco minutos estaban frente a la socarreña,
¡Eran los reyes! Dios cuanto paquetes. Los tres camellos, en los que venían montados unos personajes ricamente ataviados y tras de ellos un  gran séquito era asombroso, sin mirar y solo con las luces de las teas se colocaron delante de la socarreña y lanzando haz de luz potentísima que deslumbro a todos, se dispusieron a marcharse justo cuando los fuegos artificiales iluminan el cielo, eran únicos, los presentes olvidaron por unos instantes aquel desfile de camellos y contemplaron el más maravilloso  juego de luz y color jamás visto, todo esto con una música de violines que se espacia por todo el entorno.
De nuevo la luz se adueñó del lugar quedando la socarreña iluminada, los jóvenes se quedaron atónitos, Allí estaba sus dos  escúter, y otras dos más ¿Dios! era increíble, los padres se miraban unos a otros preguntándose cómo era posible si habían hablado de las escúter y se había quedado en que no. Iban de sorpresa en sorpresa, tanto los mayores como los pequeños tenían todos lo que habían deseado,
Los jóvenes admitieron que tenían que ser unos reyes de verdad, pues si no, sus padres jamás les hubieran comprado las motos, los padres miraban sorprendidos cada uno de sus peticiones pero se decían unos a otros yo no lo he comprado.
Todos cayeron en la cuenta que el único que no tenía nada era el abuelo Ramón pero este les dijo: mi mejor regalo sois vosotros que fue los que le pedía a los reyes, eso y que vinieran ellos a traerlo, y como habéis comprobado mis dos regalos se han cumplido.
Fue la mejor noche de reyes que tuvimos todos, aquella noche se quedo impregnada en nuestras retinas y en nuestra mente. El abuelo jamás les dijo como lo había hecho ya que a las pocas semanas partió para reunirse con su Paquita.
Y ahora os preguntareis como se todo esto, soy el nieto mayor Ramón, qu




e después de cuarenta años encontré en la vieja casona que ha pasado a ser de mi propiedad, todo lo referente a esa noche pulcramente detallado,
Al abuelo le tocaron muchos millones, empleo una buena parte esa noche, ya que no solamente fuimos nosotros visitados por los reyes si no cada una de las familias del pueblo, sin dejar ni una sola casa. Él sabía que le quedaba poco, y su mayor felicidad, fue hacer felices a los demás, y vaya si lo consiguió, hoy en el pueblo todavía se hablas de la noche mágica en las que llegaron los tres reyes magos car


gados de juguetes e ilusiones para grandes y pequeños.
Pero su secreto será guardado  tengo su libro con todo detallado. Después de tantos años mis padres y mis tíos ya mayores aún se preguntan qué pasó aquella noche
A.R.G.