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domingo, 25 de marzo de 2012

ESTACAS DE TRUEBA CANTABRIA ESPAÑA

Puerto de Las estacas de Trueba

Una opción para continuar ruta desde Lunada es bajar hasta Las Machorras y retroceder por el Puerto de Estacas de Trueba.

Al pasar la cumbre podemos ver la pirámide de Castro Valnera.

En este punto se abra un nuevo paisaje espectacular, similar al de la Lunada en cuanto a paisaje o vegetación, pero formando un valle mucho más cerrado.


En la parte baja la vegetación arbolada va siendo mayor. Vemos la estación de Yera, del malogrado Santander-Mediterráneo, en un precioso bosquete. Esta estación no se llegó a usar nunca.

Desde aquí, podemos remontar a pie los aproximadamente 3 kilómetros que llevan hasta la boca norte del túnel de La Engaña, siguiendo un valle anexo que aparece en la siguiente imagen.
Otra imagen más de la parte baja, ya cerca de Vega de Pas.

SARASATE VIOLINISTA ESPAÑOL

Pablo de Sarasate




(Martín Melitón Sarasate; Pamplona, 1844 - Biarritz, 1908) Compositor y violinista español. Dio su primer recital de violín a los 7 años y, posteriormente, estudió con Rodríguez Sáez en Madrid, donde fue presentado a la familia real. Bajo la protección de Isabel II en 1856, inició sus estudios en París con Alard y al año siguiente ganó el Primer Premio de Violín. Emprendió su carrera internacional en 1859, consiguió grandes éxitos y fue objeto de dedicatorias por parte de grandes músicos de la época, como Bruch (Concierto nº 2 y Fantasía escocesa), Saint-Saëns (Introducción y rondó caprichoso y Primer y Tercer Concierto), y Dvorák (Mazurek).



En su repertorio, además de las obras escritas para él por grandes compositores, incluía conciertos de Beethoven, Mendelssohnn y Mozart, así como sonatas, en una época en que los violinistas preferían las piezas virtuosas de salón. Pero rechazaba interpretar el Concierto de Brahms por ser obra del repertorio de su rival Joachim. Pese a ser un virtuoso, también tocaba música de cámara en cuartetos, quintetos y sextetos. En 1860 formó un cuarteto con Turban, Wesfelghem y Delsart, que tocaba especialmente música de Brahms en una época en la que era rechazada en los países latinos.



Además de por su gran técnica, destacó por la pureza y dulzura del sonido, inaugurando un nuevo tipo de violinista frente a la escuela de Joachim. Como compositor se basó a menudo en aires populares españoles, y puede considerársele un antecedente de la escuela nacionalista española. En su obra se incluyen títulos como Aires gitanos (1878); Serenata andaluza (1883); Introducción y capricho-jota (1899), Melodía rumana (1902) y Becas música profesional www.fundacionmusicacreativa.com


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QUEVEDO ESCRITOR DEL S.DE ORO MADRID ESPAÑA

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, conocido como Francisco de Quevedo (Madrid, 14 de septiembre de 15801Villanueva de los Infantes, 8 de septiembre de 1645), fue un escritor español del Siglo de Oro. Se trata de uno de los autores más destacados de la historia de la literatura española y es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras narrativas y obras dramáticas.
Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago.

Biografía

Quevedo, extraído de Lutero: asunto tomado de un sueño del infierno de Quevedo, del pintor catalán Francisco Sans Cabot.
Quevedo nació en Madrid en el seno de una familia de hidalgos provenientes de la aldea de Vejorís (Santiurde de Toranzo), en la montaña de Cantabria.2 3 Fue bautizado en la parroquia de San Ginés el 26 de septiembre de 1580. Su infancia transcurrió en la Villa y Corte, rodeado de nobles y potentados, ya que sus padres desempeñaban altos cargos en Palacio. Su madre era dama de la reina, y su padre era el secretario de la hermana del rey Felipe II, María de Austria. Huérfano a los seis años, pasó a estudiar en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, en lo que hoy es el Instituto de San Isidro de Madrid.4 Estudió Teología en Alcalá, sin llegar a ordenarse, y lenguas antiguas y modernas. Durante la estancia de la Corte en Valladolid parece ser que circularon los primeros poemas de Quevedo, que imitaban o parodiaban los de Luis de Góngora bajo seudónimo (Miguel de Musa) o no, y el poeta cordobés detectó con rapidez al joven que minaba su reputación y ganaba fama a su costa, de forma que decidió atacarlo con una serie de poemas; Quevedo le contestó y ese fue el comienzo de una enemistad que no terminó hasta la muerte del cisne cordobés, quien dejó en estos versos constancia de la deuda que Quevedo le tenía contraída:5
Musa que sopla y no inspira
y sabe que es lo traidor
poner los dedos mejor
en mi bolsa que en su lira,
no es de Apolo, que es mentira.
Quevedo también se aproximó a la prosa escribiendo como juego cortesano, en el que lo más importante era exhibir ingenio, la primera versión manuscrita de una novela picaresca, La vida del Buscón, y un cierto número de cortos opúsculos burlescos que le ganaron cierta celebridad entre los estudiantes y de los que habría de renegar en su edad madura como travesuras de juventud; igualmente por esas fechas sostiene un muy erudito intercambio epistolar con el humanista Justo Lipsio, deplorando las guerras que estremecen Europa, según puede verse en el Epistolario reunido por Luis Astrana Marín. Hacia 1604 intenta explorar nuevos caminos métricos creando un libro de silvas que no terminó, a imitación de las de Publio Papinio Estacio, combinando versos de siete y once sílabas libremente.
Vuelta la Corte a Madrid, arriba a ella Quevedo en 1606 y reside allí hasta 1611 entregado a las letras; escribe cuatro de sus Sueños y diversas sátiras breves en prosa; obras de erudición bíblica como su comentario Lágrimas de Jeremías castellanas; una defensa de los estudios humanísticos en España, la España defendida; y una obra política, el Discurso de las privanzas, así como lírica amorosa y satírica. Se gana la amistad de Félix Lope de Vega (hay numerosos elogios a Quevedo en los libros de Rimas del Fénix y Quevedo aprobó las Rimas humanas y divinas, de Tomé Burguillos, heterónimo del Fénix), así como de Miguel de Cervantes (se le alaba en el Viaje del Parnaso del alcalaíno y Quevedo corresponde en la Perinola), con quienes estaba en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento; por el contrario, atacó sin piedad a los dramaturgos Juan Ruiz de Alarcón, cuyos defectos físicos le hacían gracia (era pelirrojo y jorobado), siendo él mismo deforme, así como Juan Pérez de Montalbán, hijo de un librero con el que Quevedo tuvo ciertas disputas. Contra este último escribió La Perinola, cruel sátira de su libro misceláneo Para todos. Sin embargo, el más atacado sin duda fue Luis de Góngora, al que dirigió una serie de terribles sátiras acusándole de ser un sacerdote indigno, homosexual, escritor sucio y oscuro, entregado a la baraja e indecente. Quevedo, descaradamente, violentaba la relación metiéndose hasta con su aspecto (como en su sátira A una nariz, en la que se ensaña con el apéndice nasal de Góngora, pues en la época se creía que el rasgo físico más acusado de los judíos era ser narigudos). En su descargo, cabe decir que Góngora le correspondió casi con la misma violencia. Por entonces estrecha una gran amistad con el grande Pedro Téllez-Girón, el Gran Duque de Osuna, al que acompañará como secretario a Italia en 1613, desempeñando diversas comisiones para él que le llevaron a Niza, Venecia y finalmente de vuelta a Madrid, donde se integrará en el entorno del Duque de Lerma, siempre con el propósito de conseguir a su amigo el Duque de Osuna el nombramiento de virrey de Nápoles, lo que al fin logrará en 1616.
Vuelto a Italia de nuevo con el Duque, éste le encargó dirigir y organizar la Hacienda del Virreinato, desempeñando otras misiones, algunas relacionadas con el espionaje a la República de Venecia, aunque no directamente como se ha creído hasta hace poco, y obtiene en recompensa el hábito de Santiago en 1618.
Caído el grande Osuna, Quevedo es arrastrado también como uno de sus hombres de confianza y se le destierra en 1620 a la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), cuyo señorío había comprado su madre con todos sus ahorros para él antes de fallecer. Los vecinos del lugar, sin embargo, no reconocieron esa compra y Quevedo pleiteará interminablemente con el concejo, si bien el pleito sólo se resolverá a su favor tras su muerte, en la persona de su heredero y sobrino Pedro Alderete. Llegado allí a lomos de su jaca «Scoto», llamada así por lo sutil que era, como cuenta en un romance, y aislado ya de las tormentosas intrigas cortesanas, a solas con su conciencia, escribirá Quevedo algunas de sus mejores poesías, como el soneto «Retirado a la paz de estos desiertos...» o «Son las torres de Joray...» y hallará consuelo a sus ambiciones cortesanas y su desgarrón afectivo en la doctrina estoica de Séneca, cuyas obras estudia y comenta, convirtiéndose en uno de los principales exponentes del neoestoicismo español. Completa el número de sus Sueños y redacta tratados políticos como Política de Dios, morales como Virtud militante y dos sátiras extensas: Discurso de todos los diablos y La hora de todos. Tomó parte muy activa en la controversia sobre el patronato de España con dos obras: Memorial por el patronato de Santiago y Su espada por Santiago, 1628. La cuestión se había suscitado cuando una reforma del Breviario Romano en el siglo XVII no citó la predicación y enterramiento de Santiago en España, lo que provocó un cruce de cartas y presiones que duró treinta y dos años hasta conseguir su revocación; el asunto se reavivó cuando se pretendió otorgar el patronazgo de España a santa Teresa de Jesús, lo que acabó por convertirse en una auténtica batalla de intelectuales en pro de una u otro, y Quevedo, bastante misógino, se inclinó por el santo guerrero Santiago.
La entronización de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la política y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Quevedo acompaña al joven rey en viajes a Andalucía y Aragón, algunas de cuyas divertidas incidencias cuenta en interesantes cartas. Por entonces denuncia sus obras a la Inquisición, ya que los libreros habían impreso sin su permiso muchas de sus piezas satíricas que corrían manuscritas haciéndose ricos a su costa. Quevedo quiso asustarlos y espantarlos de esa manera y preparar el camino a una edición definitiva de sus obras que nunca llegó a aparecer. Por otro lado, lleva una vida privada algo desordenada de solterón: fuma mucho, frecuenta las tabernas (Góngora le achaca ser un borracho consumado y en un poema satírico se le llama don Francisco de Quebebo) y frecuenta los lupanares, pese a que vive amancebado con una tal Ledesma. Sin embargo, es nombrado incluso secretario del monarca, en 1632, lo que supuso la cumbre en su carrera cortesana. Era un puesto sujeto a todo tipo de presiones: su amigo, el Duque de Medinaceli, es hostigado por su mujer para que lo obligue a casarse contra su voluntad con doña Esperanza de Mendoza,6 señora de Cetina, viuda y con hijos, y el matrimonio, realizado en 1634, apenas dura tres meses. En contrapartida, son años de una febril actividad creativa. En 1634 publica La cuna y la sepultura y la traducción de La introducción a la vida devota de Francisco de Sales; de entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las cuatro fantasmas, la segunda parte de Política de Dios, la Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu o la Carta a Luis XIII. En 1635 aparece en Valencia el más importante de uno de los numerosos libelos destinados a difamarle, El tribunal de la justa venganza, erigido contra los escritos de Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y protodiablo entre los hombres.
En 1639, con motivo de un memorial aparecido bajo la servilleta del Rey Sacra, católica, cesárea, real Majestad..., donde se denuncia la política del Conde-Duque, se le detuvo, se confiscan sus libros y, sin apenas vestirse, es llevado al frío Convento de San Marcos en León hasta la caída del valido y su retirada a Loeches en 1643. En el monasterio Quevedo se dedicó a la lectura, como cuenta en la Carta moral e instructiva, escrita a su amigo, Adán de la Parra, pintándole por horas su prisión y la vida que en ella hacía:
Desde las diez a las once rezo algunas devociones, y desde esta hora a la de las doce leo en buenos y malos autores; porque no hay ningún libro, por despreciable que sea, que no tenga alguna cosa buena, como ni algún lunar el de mejor nota. Catulo tiene sus errores, Marcus Fabius Quintilianus sus arrogancias, Cicerón algún absurdo, Séneca bastante confusión; y en fin, Homero sus cegueras, y el satírico Juvenal sus desbarros; sin que le falten a Egecias algunos conceptos, a Sidonio medianas sutilezas, a Ennodio acierto en algunas comparaciones, y a Aristarco, con ser tan insulsísimo, propiedad en bastantes ejemplos. De unos y de otros procuro aprovecharme de los malos para no seguirlos, y de los buenos para procurar imitarlos.
Pero Quevedo había salido ya del encierro, en 1643, achacoso y muy enfermo, y renuncia a la Corte para retirarse definitivamente en la Torre de Juan Abad. Es en sus cercanías, y tras escribir en su última carta que «hay cosas que sólo son un nombre y una figura», fallece en el convento de los padres dominicos de Villanueva de los Infantes, el 8 de septiembre de 1645. Se cuenta que su tumba fue profanada días después por un caballero que deseaba tener las espuelas de oro con que había sido enterrado y que dicho caballero murió al poco en justo castigo por tal atrevimiento. En 2009, sus restos fueron identificados en la cripta de Santo Tomás de la iglesia de San Andrés Apóstol de la misma ciudad.7
Sus obras fueron muy mal recogidas y editadas por el humanista José Antonio González de Salas, quien no tiene empacho en retocar los textos, en 1648: El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas, pero es la edición más fiable; peor es la edición del sobrino de Quevedo y destinatario de su herencia, Pedro Alderete, en 1670: Las tres Musas últimas castellanas; en el siglo XX José Manuel Blecua las ha editado con rigor.
En 1663 se imprimió la primera biografía de Francisco de Quevedo, la de Pablo Antonio de Tarsia, abundante en anécdotas; posteriormente vendrán las de Aureliano Fernández Guerra en el siglo XIX, donde se le pinta como un hombre de estado, y la de Pablo Jauralde Pou en el siglo XX.

[editar] Análisis de su obra

 

Lo más original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo, vinculado al Conceptismo barroco y por lo tanto muy amigo de la concisión, de la elipsis y del cortesano juego de ingenio con las palabras mediante el abuso de la anfibología. Amante de la retórica, ensayó a veces un estilo oratorio lleno de simetrías, antítesis e isocola que lució más que nunca en su Marco Bruto. De léxico muy abundante, creó además muchos neologismos por derivación, composición y estereotipia y flexibilizó notablemente el mecanismo de la aposición especificativa en castellano («clérigo cerbatana, zapatos galeones...»), mecanismo que los escritores barrocos posteriores imitaron de él. En su sátira se acerca a veces a la estética del expresionismo al degradar a las personas mediante la reificación o cosificación, y la animalización. Se ha señalado, además, como un rasgo característico de su verso, la esticomitía, esto es, la tendencia a transformar cada verso en una sentencia de sentido completo, lo cual hace a sus poemas muy densos de significado, como era prioritario en su poética, radicada en los principios del conceptismo barroco.
La mayor parte de la producción poética de Quevedo es satírica, pero como ya apercibió el abate José Marchena sus sátiras están mal dirigidas y, aunque consciente de las causas verdaderas de la decadencia general, es para él más un mero ejercicio de estilo que otra cosa y se vierte contra el bajo pueblo más que contra la nobleza, en lo cual no tuvo el atrevimiento de, por ejemplo, el otro gran satírico de su época, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Cultivó también una fina lírica cortesana realizando un cancionero petrarquista en temas, estilo y tópicos, prácticamente perfecto en técnica y fondo, en torno a la figura de Lisi, que no hay que identificar como se ha querido con ninguna dama concreta, sino con un arquetipo quintaesenciado de mujer. Destacan sobre todo sus sonetos metafísicos y sus salmos, donde se expone su más íntimo desconsuelo existencial. La visión que da su filosofía es profundamente pesimista y de rasgos preexistencialistas. El cauce preferido para la abundante vena satírica de que hizo gala es sobre todo el romance, pero también la letrilla («Poderoso caballero es Don Dinero»), vehículo de una crítica social a la que no se le esconden los motivos más profundos de la decadencia de España, y el soneto. Abominó de la estética del Culteranismo cuyo líder, Luis de Góngora, fue violentamente atacado por Quevedo en sátiras personales. Contra la pedantería y obscuridad que le imputaba se propuso también editar las obras de los poetas renacentistas Francisco de la Torre y Fray Luis de León.
La poesía amorosa de Quevedo, considerada la más importante del siglo XVII, es la producción más paradójica del autor: misántropo y misógino, fue, sin embargo, el gran cantor del amor y de la mujer. Escribió numerosos poemas amorosos (se conservan más de doscientos), dedicados a varios nombres de mujer: Flora, Lisi, Jacinta, Filis, Aminta, Dora. Consideró el amor como un ideal inalcanzable, una lucha de contrarios, una paradoja dolorida y dolorosa, en donde el placer queda descartado. Su obra cumbre en este género es, sin duda, su «Amor constante más allá de la muerte».

[editar] Obra

Monumento a Quevedo en Madrid (A. Querol, 1902).

[editar] Obra literaria

[editar] Poesía

La obra poética de Quevedo, que está constituida por unos 875 poemas, presenta ejemplos de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral, heroica, circunstancial, descriptiva, religiosa y fúnebre. Aproximadamente, un 40% de sus textos son satíricos; si a ello se le añade el hecho de que muchos de ellos circularon públicamente en vida del autor a través de copias manuscritas, se explica la fama de crítico severo y mordaz de su época con que se conoce, en parte, a Quevedo.
La primera impresión de sus poemas tuvo lugar en 1605, en la antología conocida con el nombre de Primera parte de las flores de poetas ilustres de España. De forma póstuma, la mayor parte de sus poemas aparecieron publicados en dos obras: El Parnaso español (1648) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670).

[editar] Prosa

[editar] Obras satírico-morales
  • Sueños y discursos, compuestos entre 1606 y 1623, circularon abundantemente manuscritos pero no se imprimieron hasta 1627. Se trata de cinco narraciones cortas de inspiración lucianesca donde se pasa revista a diversas costumbres, oficios y personajes populares de su época. Son, por este orden, El Sueño del Juicio Final (llamado a partir de la publicación de Juguetes de la niñez, la versión expurgada de 1631 El sueño de las calaveras), El alguacil endemoniado (redenominado El alguacil alguacilado), El Sueño del Infierno (esto es, Las zahúrdas de Plutón en su versión expurgada), El mundo por de dentro (que mantuvo su nombre siempre) y El Sueño de la Muerte (conocido como La visita de los chistes).
  • De la estirpe de los Sueños son dos llamadas «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono jocoserio, aunque en su factura y creatividad superan a los Sueños:
    • Discurso de todos los diablos o infierno emendado (1628), publicado en algunas versiones como El peor escondrijo de la muerte y, a partir de 1631, en la versión expurgada en la que aparecen también los cinco Sueños con los títulos cambiados que se enumeran más arriba, con el título de El entremetido y la dueña y el soplón.
    • La hora de todos y la Fortuna con seso, variación sobre el tema del mundo al revés en que la Fortuna recobra el juicio y da a cada persona lo que realmente merece, provocando tan gran trastorno y confusión que el padre de los dioses debe volverlo todo a su primitivo desorden.
  • La novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626, pero existen tres versiones más de la obra con grandes divergencias textuales. El problema es complejo, pues todo parece indicar que Quevedo retocó su obra varias veces. La versión más antigua es el manuscrito 303 bis (olim Artigas 101) de la Biblioteca de Menéndez Pelayo a causa del cotejo de las variantes y la manera en que unos testimonios se agrupan frente a otros. La impresión de 1626 fue asumida, si no controlada, por Quevedo, según el propio autor declara en su memorial Su espada por Santiago (1628) y la sinceridad de sus palabras es confirmada por otros datos, así que en realidad no puede sostenerse que se hiciera sin permiso del autor. Pero esta versión no fue la última, pues don Francisco volvió sobre ella para retocar algunos pormenores narrativos, amplificar el retrato satírico de varios personajes secundarios y paliar las expresiones que juzgaron irreverentes o blasfemas los redactores de dos libelos antiquevedia­nos, el Memorial enviado a la Inquisición contra los escritos de Quevedo (1629) y El Tribunal de la Justa Venganza (1635). De estos retoques dan fe los otros manuscritos. El Buscón es un divertimento en que el autor se complace en ridiculizar los vanos esfuerzos de ascensión social de un pobre diablo perteneciente al bajo pueblo; para ello exhibe cortesanamente su ingenio por medio de un brillante estilo conceptista que degrada todo lo que toca cosificándolo o animalizándolo, utilizando una estética preexpresionista que se aproxima a Goya, Solana y Valle-Inclán y no retrocediendo ante las gracias más repugnantes. La caracterización apenas existe: se trata sólo de un vehículo para el lucimiento aristocrático del autor.
[editar] Obras festivas
  • Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras de los géneros burocráticos habituales en las cancillerías y que se aplican a temas grotescos.
  • Cartas del caballero de la Tenaza (1625), humorística descripción de las epístolas intercambiadas entre un caballero sumamente tacaño y su amante, que quiere sacarle dinero por cualquier medio.
  • Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
  • Gracias y desgracias del ojo del culo. Opúsculo jocoso sobre los placeres y las dolencias relativos a semejante órgano.

[editar] Teatro

No existe un catálogo definitivo de la obra teatral atribuible a Quevedo, y no solo por la dificultad de reconocer su autoría sino por las dificultades de considerar a algunos textos como teatrales. En cualquier caso, se consideran como seguras y plenamente teatrales las siguientes obras:9
  • la comedia Cómo ha de ser el privado y
  • los entremeses Bárbara, Diego Moreno, La vieja Muñatones, Los enfadosos, La venta, La destreza, La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Además, se toman también en consideración diversos fragmentos de comedias perdidas, alguna loa y diez bailes.

[editar] Obra no literaria

[editar] Obras políticas

  • Política de Dios, gobierno de Cristo. Su primera parte fue escrita hacia 1617 (en la dedicatoria a Olivares, de 1626, le dice que «es el libro que yo escribí diez años ha») e impresa en 1626 con el título de Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás. La segunda parte, escrita en torno a 1635, se publicó en 1655. Las dos partes juntas se publicaron bajo el epígrafe Política de Dios, gobierno de Cristo, sacada de la Sagrada Escritura para acierto del Rey y del reino en sus acciones.
  • Mundo caduco y desvaríos de la edad (1621, ed. 1852).
  • Grandes anales de quince días (1621, ed. 1788), análisis de la transición entre los reinados de Felipe III y Felipe IV.
  • Memorial por el patronato de Santiago (1627, ed. 1628).
  • Lince de Italia y zahorí español (1628, ed. 1852).
  • El chitón de Tarabillas (1630), impreso muchas veces con el título de Tira la piedra y esconde la mano. Defiende las disposiciones económicas del Conde-Duque de Olivares, de quien luego se distanciaría.
  • Execración contra los judíos (1633), alegato antisemita que contiene una velada acusación contra don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV.
  • Carta al serenísimo, muy alto y muy poderoso Luis XIII, rey cristianísimo de Francia (1635).
  • Breve compendio de los servicios de Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma (1636).
  • La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. 1641, panfleto contra la revuelta catalana de 1640.
  • Vida de Marco Bruto, 1644, glosa de la vida correspondiente al famoso asesino de César escrita por Plutarco, escrita con algebraico rigor y una elevación de estilo conceptista poco menos que inimitable.
  • España defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros sediciosos, editada por primera vez en 1916.

LLERENA DE SARO CANTABRIA ESPAÑA

lerana pertenece al ayuntamiento de Saro. Situado en el centro de la región Cantabra, dentro de las Villas Pasiegas. Se encuentra a escasos 10 Km de una de las más importantes Villas Pasiegas como es Vega de Pas. También esta muy cerca del conocido parque de la naturaleza de Cabarzeno 12 Km y a unos 30 Km de la capital, Santander.
Ayuntamiento:
El ayuntamiento al que pertenece Llerana esta compueto por dos pueblos, Saro y Llerana, su edificio se encuentra en el pueblo de Llerana Bº La Magdalena.
Monumentos:
Iglesia parroquial de San Lorenzo construida en el siglo doce.

Puente romano de cuatro ojos.

Antigua fabrica de chocolates "la Chocolatera"

Museo de los Indianos del Valle de Carriedo "iglesia parroquial"

en este museo se encuntran distintas reliquias procedentes de distintos lugares de latinoamerica traidas por los vecinos de este valle que fueron ha hacer las americas y regresaron, algunos de ellos, con fortunas.

Ermita de San Miguel.

Casa típica montañesa de la familia Obregón.

Reloj de sol en una casa en ruinas situada en el Bº Coterillo.

Antiguos molinos situados a orrilas del rio Rubionzo.

Casa en el monte una peqeña cabaña.
Fiestas:
fiesta de San Lorenzo el 10 de Agosto y fiesta de nuestra señora Milagrosa el 12 de Septiembre.
Costumbres:
El pueblo de Llerana es tradicionalmente ganadero, y las unicas costumbres que aun perduran estan relacionadas con esta actividad, pero como los tiempos cambian estas ancestrales costumbres estan desapareciendo. La desoja (recogida del maiz de los campos), la transhumancia (traslado de toda la familia y los animales a los pastos de verano situados en la partes altas de pueblo y en invierno bajada a la vivienda del nucleo urbano), matanza del chon (matanza del cerdo en torno a los dias proximos a San Martin mes de Novienbre y elaboración de todos los productos tipicos obtenidos de este animal y principal fuente de alimento para el resto del año junto a la herina de barona (maiz) yotros productos de la huerta principalmente alubias y patatas.
Historia:
El nombre de Llerana proviene de un militar Romano que se asento en esta villa con su ejercito. Este militar se llamaba Laurius y puso de nombre a su nuevo hogar Lauriana y de hay evoluciono hasta Llerana.

En los dominios de este pueblo existia un convento, hoy desaparecido, situado en el Bº la Cruz que estaba directamente vinculado al famoso convento de Fistoles, situado en la vecina población de Esles.
Turismo:
LLerana esta dividida por varios barrios como la magdalena donde se encuentra el ayuntamiento torceno donde hay un bonito chalet con un gran jardin, los cerrillos que contiene un pequeño rio, después se en cuentran mas barrios.

ARQUITECTURA PUPULAR CÁNTABRA ESPAÑA

Arquitectura popular
Cabañas pasiegas
Cantabria posee una destacadísima arquitectura popular que varía enormemente de unas zonas a otras, de tal forma que nada tienen que ver las casas de los pueblecitos de montaña lebaniegos con las cabañas pasiegas o las casas de pescadores de la costa. La arquitectura popular cántabra nos ofrece bellísimas estampas como las de las cabañas diseminadas por los montes del Pas con sus tejados de lastras, las casas de piedra de los pueblos serranos como Bárcena Mayor o Tudanca o las hileras de casas montañesas de Udías o Ruiloba.

Podemos hacer un breve repaso de algunos ejemplos de arquitectura popular, pero te recomendamos entrar a cada municipio para obtener más información. En la sección de Conjuntos Históricos Rurales también podrás descubrir algunos de los pueblos más hermosos de Cantabria.
Cantabria es una tierra de larga tradición marinera.y por toda la costa de Trasmiera y lo que fue las "Asturias de Santillana", encontramos alineaciones de casas de pescadores, blanqueadas y con los balcones de madera pintados. Merece la pena acercarse a los pueblecitos costeros para admirar este tipo de casas.
Casas de pescadores en el barrio de Ancillo (Argoños) Casas en el puerto del Ribero (Limpias) Hermosa calle en Escalante
Otro aspecto característico en muchos pueblos cántabros es la alineación en hileras de las casas típicas, formando hermosísimos conjuntos, especialmente numerosos en la costa occidental, en municipios como Ruiloba y Udías. Viajando por Cantabria encontraremos así mismo pueblos nobles, en otro tiempo solar de importantísimas familias. En esas casas de piedra con sus imponentes escudos ha quedado grabada toda la historia.
Alineación de casas típicas en Ruiloba Celis, en Rionansa, solar de una importante familia Cosío, en Rionansa, uno de los pueblos más nobles de Cantabria
En las cuencas del Nansa y del Saja encontramos algunos de los pueblos serranos más típicos de Cantabria, varios de ellos declarados Conjunto Histórico por su magnífico estado de conservación. Tal es el caso de la aldea de Tudanca, asentada en la falda de una montaña, Carmona de Cabuérniga, con la célebre venta de Carmona o Bárcena Mayor ( en Los Tojos ), uno de los pueblos más hermosos de la región. En sus callejuelas empedradas parece que el tiempo se paró hace siglos.
Una calle de Tudanca Una plaza en Bárcena Mayor Bárcena Mayor
En Liébana también encontramos bellísimos pueblos de montaña en todos los municipios. El tradicional aislamiento de esta comarca ha propiciado que muchos de ellos se conserven perfectamente, gracias a lo cual Mogrovejo ( en Camaleño ) y Dobres y Cucayo ( en Vega de Liébana ) han sido declarados Conjuntos Históricos. En otro tiempo, abundaron los hórreos entre estas aldeas.
Tresviso, uno de los pueblos más aislados de Cantabria Cucayo, en Vega de Liébana La aldea de Mogrovejo, presidida por la torre. En Camaleño
Muy buenas muestras de arquitectura popular podemos encontrar también en la cuenca del río Asón. Así, en el valle de Soba nos encontramos con un gran número de pequeños pueblecitos de gran encanto. Todavía parecen más hermosos cuando en invierno se cubren de nieve. La casa sobana posee un elemento exclusivo, el llamado patín, una escalera externa que sube hasta la vivienda ( dado que el piso inferior lo ocupa la cuadra ). En las principales localidades de la comarca ( Ampuero y Ramales ), encontramos hermosas plazas y casas del siglo XIX con sus galerías acristaladas, construidos muchas veces por los indianos que regresaban de América con dinero. Por éste motivo también las vemos en otros municipios de los que emigraron muchos cántabros, como es el caso de Ruesga y Arredondo.
Casa popular en Fresnedo, Soba Casas del siglo XIX en Ramales Plaza de Ampuero. Se observan las galerías acristaladas de las casas del siglo XIX
Para concluir, tenemos la cabaña pasiega que no es más que el fiel reflejo de la adaptación del montañés a su medio de vida. Tiene unas características propias y únicas en el norte de España y es utilizada por el pasiego para acompañar a su ganado por los diferentes pastos ( la llamada "muda" ). De esta forma, durante el invierno, el pasiego va cambiando de cabaña. La estampa que ofrecen estas cabañas repartidas por las agrestes montañas resulta única. Para más información sobre la etnografía pasiega, pincha aquí.

ORIGEN DEL PUEBLO CÁNTABRO ESPAÑA

Los pueblos prerromanos
En la Edad del Hierro, dos grandes pueblos habitaban la Península: Los íberos se extendían por el mediterráneo y Andalucía y se cree que eran de procedencia norteafricana o mediterránea. Comercia- ron con fenicios, griegos y cartaginenses. Tenían un nivel cultural avanzado y fundaron la misteriosa civilización de Tartessos. Los otros pueblos eran celtas, de procedencia centroeuropea y mezclados étnica y culturalmente con los habitantes autóctonos de la Península.
Los celtas ocupaban la parte del interior, norte y occidente de la Península Ibérica. Eran menos cultos y más belicosos que los íberos. La línea roja delimita los territorios que ocupaban estos antiguos pueblos, y la discontínua las actua- les provincias.

Tradicionalmente, los pueblos del norte han sido englobados en el grupo de los celtas, lo cual es obvio en el caso de galaicos y as- tures, pero no tanto en el caso cántabro.
Los pueblos prerromanos
   
Origen del pueblo cántabro
Estela Cántabra
Y es que la preservación de la lengua vasca hace pensar que la influencia de los celtas fue menor en el cantábrico oriental. Se especuló por ello que este lenguaje podía provenir de los íberos, con su correspondiente influencia en el pueblo cántabro. No obs- tante, la idea que prevalece y la más razonable hasta el momento, es que los cántabros serían el resultado de la fusión de los pueblos indígenas ( quizás íberos o ligures ) con los celtas hacia el siglo VIII a.C. 

Ocupaban el sector oriental de la cordillera cantábrica, desde el río Sella ( en Asturias ) hasta el Asón o Agüera. El territorio cántabro era sensiblemente mayor al actual, comprendiendo la Cantabria ac- tual excepto el sector más oriental, el Oriente de Asturias, Noroeste de León, la Montaña Palentina y Norte de Burgos.
Al Este del territorio cántabro se situaba el de los Autrigones, entre los ríos Asón y Nervión, la parte más oriental de la Cantabria actual ( valle del Agüera y Castro Urdiales ). El pueblo Cántabro como tal, es mencionado en la histo- ria desde el Siglo II a.C. cuando se escribió que el río Ebro nacía en el país de los cánta- bros. Se organizaba en poblados de tribus beli- cosas y casi salvajes. Las estelas gigantes que se han encontrado se han convertido en sím- bolos de la identidad cántabra.
Espada de Entrabasaguas, de la Edad del Bronce
   
Origen del nombre de "Cantabria"
Estela Cántabra
No hay una teoría segura acerca del origen etimológico del nombre de Cantabria, aunque parece probable que el término "cántabro" procede de la raíz "cant", frecuente en nombres celtas y que significa roca, y del sufijo "abr", utilizado en numerosas regiones celtas. De esto, se deduce que el término "cántabro" vendría a significar "pueblo que habita en las peñas" o "montañés".

También se pensó que provenía de cant-iber, designando a la gen- te que habitaba las "montañas del Ebro", o que el nombre proven- dría de alguna de sus ciudades que probablemente se llamara Can- tabriga, hipótesis descartadas hoy. En el siglo II a.C. los romanos ya identifican al pueblo cántabro como un pueblo diferenciado de los que habitaban el norte de España.

Tribus y Sociedad cántabra
Tribus y ciudades cántabras
Al lado, el mapa con los lí- mites de la antigua Canta- bria así como la ubicación aproximada de las tribus co- nocidas, basándonos en los escritos de los historiadores y geógrafos de la época, ta- les como Plinio, Mela, Estra- bón o Ptolomeo.

También aparecen algunas de las ciudades y puertos que se conocen de media- dos del siglo II d.C. Aunque se conocen otros, resultan complicados de ubicar.

Las tribus tenían lazos de afinidad étnica y cultural, pero sin aparente unidad política.
A pesar de esa falta de unidad, si que existió un jefe o caudillo impor- tante llamado Corocotta durante las guerras contra las tropas romanas que pudo unificar militarmente a las tribus cántabras para defender Can- tabria del Emperador Augusto. Existía una unidad menor que la tribu, el clan, formado por diversas familias con antepasados comunes, como el clan de los pembelos en la tribu de los orgenomescos. Ni siquiera la dominación romana pudo terminar del todo con este esquema de organi- zación social.

No hay certeza sobre su localización geográfica exacta, solo se sabe que estas tribus eran regidas por un jefe, apoyado de instituciones como un consejo de ancianos y que habitaban en castros, ciudadelas en lo alto de los montes preparadas para defenderse de una agresión exterior. Algunos castros conocidos son los de Amaya, Monte Cildá, Monte Bernorio, Celada-Marlantes, Castrillo del Haya, La Campana, Argüeso... Se sabe que algunos eran de dimensiones colosales, capaces de refu- giar a más de una tribu entera en tiempos de guerra.
Armas y objetos procedentes de Celada Marlantes
Concretamente del castro de Celada Marlantes es de donde más objetos se ha obtenido ( fíbulas, cerámicas, cuchillos... ) Actualmente se conservan en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander.

La densidad de población era indudablemente mayor en la zona sur ( Campoo y norte de Palencia, Burgos y León ), con un clima menos riguroso y relieves más suaves. No obstante, en los últimos años se han encontrado numerosos castros en el norte de Cantabria como La Garma ( Omoño, Ribamontán al Monte ), Castril Negro ( Peña Cabarga ), La Espina del Gallego ( Besaya-Pas ), Peña Sámano ( Castro Urdiales )...
La sociedad cántabra tenía una estructura matriarcal. La propiedad residía en la mujer, que cultivaba el campo, mientras que el hombre se dedicaba a la caza y la guerra. Su lenguaje nos es prácticamen- te desconocido. Se podría suponer que la lengua cántabra era del mismo grupo que la de los vascones, al menos en parte. Es proba- ble que los cántabros hablaran uno o varios dialectos celtas, en cualquier caso, para los romanos era de difícil pronunciación. 

Sobre su aspecto físico tampoco se puede precisar, parece que el cántabro ordinario era alto y fornido. La única descripción de un cántabro de la época nos llega a través del poeta Silo Itálico. En- tre los mercenarios de las tropas de Aníbal en las guerras púnicas, había un grupo militar cántabro.
Estela Cántabra
El miembro más destacado era Laro, de quién el poeta dice: "El cántabro Laro, aún desprovisto de dardos, seguía siendo temible por la naturaleza de sus miembros y su gran corpulencia".
  
Costumbres del pueblo cántabro
Estela de Barros
Vestían una túnica atada con un cinturón, además de un capote negro de lana, que les servía también de manta para dormir. Usaban una especie de sombreros o gorras y calzaban abarcas de cuero. Las mujeres llevaban vestidos con adornos de flores.

Dormían en el suelo, se bañaban con agua fría, comían una sola comida abundante y eran aficionados a juegos atléticos, milita- res y al baile.
Sus conocimientos médicos eran muy limitados, sacaban a sus enfer- mos a los caminos por ver si los caminan- tes les proporcionaban un remedio.
Estela de Barros
Tampoco debían conocer la escritura. Los romanos quedaron sorprendidos por las bárbaras costumbres del pueblo cántabro y las achacaron a su carácter guerrero, lo incomunicado de sus tierras y el rigor del clima. Las leyes penales contemplaban el apedreamiento o despeñar al infractor por un roca y los ancianos, que no servían para la guerra, solían suicidarse. Otra costumbre que conocemos era la de la tribu de los concanos que bebía la sangre de los caballos.
      
Recursos y economía
Los cántabros se dedicaban a la recolección, la ganadería ( la carne de cabra era su base alimenticia ), la caza de jabalís, pesca, marisqueo y el pillaje de pueblos vecinos ( vacceos y turmódigos ). La agricultura no debía ser muy productiva.

Se sabe que navegaban en primitivas embarcaciones, como podemos comprobar en el Museo Marítimo.
Ya en época pre- romana explotaron los recursos mineros, como el hierro y otros metales y la sal de Cabezón.
Recreación de primitivas embarcaciones cántabras
El Caldero de Cabárceno
También tuvieron relaciones comerciales con otros pueblos hispáni- cos, incluso a través del mar con las islas británicas, prueba de ello tenemos el "Caldero de Cabárceno". No tenían moneda, por lo que debían practicar el trueque.

En cualquier caso, su mayor proyección al exterior era como merce- narios, como veremos más adelante, pues se sabe que hubo guerreros cántabros en lugares tan dispares como las Galias o el Danubio. En ese sentido eran muy apreciadas sus cualidades como guerreros, tal y como podemos ver en la siguiente sección histórica.
   
Religión, dioses y ritos: Las Estelas Cántabras
Los cántabros practicaban cultos de tipo naturalista: veneraban a los montes, bosques, lagos, serpientes... Las representaciones solares de las numerosas estelas gigantes que se han encontrado, hacen suponer que también existiría el culto a un dios solar. Se han encontrado en Zurita de Piélagos, Barros y Lombera en Buelna y San Vicente de Toranzo. Se las considera de la Cantabria prerromana, aunque también pudieron haberse creado bajo dominio romano, puesto que también se conocen estelas dis- coideas con inscripciones latinas como la de Luriezo ( Cabezón de Liébana ). También se conoce el nombre de un dios, Erudinus, a quién se rendía culto desde la cima del Pico Dobra, en Torrelavega. Existía un dios-padre, asimilado más tarde al Júpiter romano. En Herrera de Camargo se descubrió una bella escultura de bronce que le rendía culto.
Ara cántabra
Cráneo y materiales cerámicos de la Edad del Bronce
También aparece un dios de la guerra cántabro que en el futuro sería asimilado al Marte latino al que se le ofrecían sacrificios de cabras, caballos y prisioneros. Parece estar confirmada la presen- cia de una diosa llamada Cantabria.

Se ha encontrado un ara votiva en el Danubio, hasta donde llega- ron los soldados cántabros con el ejército romano, dedicada a esta deidad. Esta diosa podía estar relacionada con algún tipo de culto a la luna.
También existe un indicio de culto a las "matres". 
En el monte Cildá apareció una ara dedicada a la diosa Mater Deva, conocida en el mundo céltico y relacionada con las aguas. El río Deva en Cantabria, permite establecer la relación con la diosa. Hemos sabido que los cántabros sa- crificaban a sus prisioneros en gran número y que las cuevas tenían gran impor- tancia para el pueblo cántabro, puesto que las utilizaban con fines funerarios.

Por una pequeña escultura de bronce encontrada en Castro Urdiales sobre un escarpado monte, deducimos que los cántabros de la costa veneraban a un dios del mar, asimilado posteriormente al Neptuno latino, aunque en este caso, el Neptuno cántabro se presenta como un joven imberbe que lleva un collar en forma de media luna.
 Aparecen otros atributos clásicos como el delfín en una mano y el tridente en la otra. Actualmente, se encuentra en el Museo de Prehistoria de Santander.
Neptuno cántabro
Estela de Zurita
En algunas lápidas aparecen animales como caballos o ciervos, porque al parecer, existía la creencia de que estos animales transportaban las almas de los difuntos al cielo. Sobre como enterraban a los muertos bien poco se sabe.

Parece que se practicaba la cremación con los difuntos, excepto con los que morían en el campo de batalla, que debían quedar yaciendo allí hasta que los buitres abrieran sus entrañas para transportar sus almas al cielo. Esta es una costumbre que ha quedado reflejada en una de las caras de la estela de Zurita.

GUERRAS CÁNTABRAS CANTABRIA ESPAÑA

LAS GUERRAS CANTABRAS

La resistencia de un pueblo indómito


Escrito por: P.Argenter Leído 25.448 veces.


Las famosas guerras que nos recuerda las enfrentadas entre Roma y los pueblos norteños de la Hispanía Citerior después de la Guerra Civil acaecida en el año 37aC.
Las guerras cántabras empezaron el año 29 aC y acabaron diez años después. La unión de los cántabros, astures y vacceos, junto a otras tribus pequeñas de las montañas del norte de España en busca de su independencia, hicieron que se enfrentaran con dureza contra el gran Imperio Romano. Sus causas son muy discutidas e inacabables. Pero todos los historiadores se ponen de acuerdo de que todo comenzó en la época de Augusto. Varias legiones romanas se trasladaron a Hispania, entre ellas la IV Augusta Macedonica, la I Augusta , la XX Valeria Victrix,.. que se unieron a la IX Hispana , a la V Alaudae , VI Víctrix y la X Gémina (casi 75.000 soldados)-
Era la primavera del año 26 aC cuando Augusto desembarca en Tarraco y preparó la campaña. Como causa oficial para atacar, podemos decir que era el acabar de unificar todos los territorios de la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior bajo el poder del SPQR- el Senado Romano y con ello acabar de someter a cualquier pueblo primitivo. El Imperio ya tenía bajo su poder desde el año 50aC toda la península menos el norte. Una de las primeras campañas que ocurrió durante ese mismo año fue la batalla de Bergida (actual Valle de San Pelayo en Asturias) y en el Monte Vindio- Picos de Europa-zona asturiana- Un grupo de cántabros y astures lograron huir hacia los Picos de Europa- entre Asturias y Cantabria- y subieron al Monte Vindio, un punto muy elevado. Poco tiempo después los romanos dieron con ellos y los rodearon. Después murieron por la falta de comida y por las bajas temperaturas.
Los romanos también rodearon el castro de Aracillum, al tiempo que se fundaba el puerto de Victoriae (actual Santander). Aracillum fue uno de los ejemplos más heroicos de las leyendas cántabras. Este castro de los valles del Pas, fue el último que se resistió a la soberanía del pueblo romano, hasta llegar al suicidio y a incendiar el castro para no caer en manos de sus enemigos y ser vendidos como esclavos al ser distribuidos por otros puntos del imperio, que es lo que ocurrió con los prisioneros cántabros o enviados a trabajar en diversas minas.
Dos factores muy importantes que tenía Roma en contra era la falta de conocimiento del territorio y su clima. Por su parte tanto los cántabros como los astures y los otros pueblos de la cordillera cántabra, estaban muy acostumbrados a la climatología y a sus parajes. Mantuvieron la resistencia durante mucho tiempo. Incluso Augusto pasaba el invierno en Tarraco y al cabo del mismo volvía a subir al norte de la península para proseguir con la conquista. Los romanos cuando no podían con la superioridad de los pueblos norteños, se dedicaban a saquear los campos, a matar animales, a destruir la naturaleza, entre otros actos.
Año - Suceso :
27 aC - El ejército de Augusto avanza hacia la invasión del último reducto- Cantabria.
25 aC .- Cayo Antistio Vetus somete a los cántabros y Publio Carisio se hace con los astures.
26 aC .- Triple ataque dirigido por Augusto sobre los pueblos cántabros.
24 aC Lucio Emilio fue designado nuevo legado por Roma, esto provocó que los cántabros iniciaran de nuevo la guerra después del año 26 aC . – Emboscada cántabro-asturo.
23 aC - Lucio Sestio Quirinale legado romano funda las “Aras Sestianas” en honor a la victoria de Octavio en Asturias.
22 aC Cayo Furnio era designado sucesor de Emilio en el cargo de legado romano por lo que crearía una nueva campaña cántabra en el Monte Medulio. Sublevación de los pueblos cántabros y asturos. Carisio y Furnio someten a los astures.
19aC Las guerras cántabras dieron por concluidas y Roma se hizo con el poder de los últimos reductos de los pueblos celtibéricos del norte de Hispania. Roma envió legiones de la zona de Aquitania (Galia) que desembarcaron en el Puerto Victoriae y se adentraron por la parte norte de la comarca- Los encuentros fueron crueles y sangrientos, sin piedad por ambos lados. Al frente de los romanos estaba el nuevo cónsul vitalicio, Octavio Augusto, el heredero de Augusto y el famoso general Marcus Vipsanius Agrippa. Siguen las sublevaciones cántabras al legado romano tarraconense, Publio Silio Nerva. Octavio y Agripa se apoderan de los últimos castros y reductos cántabros.
Este pueblo fue el último de Hispania en caer bajo la dominación romana y por ello, Roma envió a 70.000 soldados distribuidos en 7 legiones
16 a .C . - Un último intento de sublevación por parte de los pueblo cántabros.
14 a .C.- Octavio nombra Asturias como Astúrica Augusta y quiere establecer un nuevo plan político romano en el territorio
Augusto volvería a Roma, enfermo y según los cronistas de la época, su estancia en el norte no le fue afortunado puesto que regresó muy cansado, enfermo y casi muere allí por la caída de un rayo.
El más famoso investigador histórico que ha trabajado en las Guerras Cantábricas, Adolf Schulten decia en su obra: “La guerra cantabroastur de los años 29 al 19 aC tiene una importancia particular, por ser la última fase de la resistencia heroica de las tribus iberas. De igual modo que militarmente la victoria de Augusto sobre estas tribus salvajes del Norte fue un éxito grande y constituyó un triunfo difinitivo (...) ”.
EL PUEBLO CÁNTABRO :
Antes de que las guerras cántabras comenzaran su andadura, los cántabros ya era un pueblo muy conocido por su fortaleza. En el año 137 aC los vacceos y los cántabros se unieron para ayudar a liberar Numancia- la famosa ciudad celtibérica. El cónsul romano Mancino decía de ellos: “Los cántabros, ya vencían con solo su fama”.
Mucho tiempo antes, el romano M. Porcio Catón en el año 195 aC nombraba por primera vez a este pueblo en sus crónicas y destacando su unión con el río Ebro que nacía “ Entre los cántabros, grande y hermoso, con abundantes peces ”.
Este pueblo se dividía en tribus y se asemeja a las otras tribus celtas del norte de Europa, como la irlandesa, la galesa o la bretona. Cada tribu era un clan, una gran familia y solo se unían en matrimonio entre ellos. No tenia una unidad política propia, sino que se movían según las necesidades siguiendo la norma de reuniones de jefes de clanes que decidían por de su propia familia.
Una de estas tribus cántabras era los Vadinienses de la zona ortiental del actual territorio asturiano. Todas las tribus cántabras y asturas ayudaron a sus hermanos celtas, dentro y fuera de Hispania. Algunas fechas así nos lo recuerda:
137 aC – Los bacheos y los cántabros se unían a la guerra de Numancia.
56 aC - Los cántabros se suman a los aquitanos (Costa sur occidental de Galia) en las guerra contra Publio Craso en las guerras de la Galia (actual Francia).
49 aC – Julio César se enfrenta a éste pueblo durante la guerra civil con los pompeyanos en la Campaña de Lérida.
LOS CANTABROS EN EL MEDIEVO ALTO:
Poco antes de la caída del Imperio , el norte de España, especialmente las tres comunidades históricamente más unidas al pueblo celta europeo, Galicia, Asturias y Cantábria, serían invadidas por celtas del norte del continente y por los vikingos. Galicia será la que menos guarde las raíces físicas de aquellos pueblos y es más marcado el aspecto celta en las zonas de Asturias, Cantabria, Palencia y Burgos. Galicia tuvo una gran repoblación de gentes venidas del norte de Portugal en el medievo en busca de una vida mejor, por lo que podemos ver una apariencia más parecida entre lusitanos y gallegos; así como los vascos tienen mucho del físico de los gascones y aquitanos, por los cuales hubo siempre mucha unión entre ambos pueblos desde siempre. Todos los cántabros y asturianos sabemos que grácias a nuestros pueblos, se llegó nuevamente a la independencia que siempre persistieron en proteger ante el Imperio Romano. Los cántabros pusieron “entre las cuerdas” al pueblo visigodo y ayudamos a los asturianos en el inicio de la Reconquista de Don Pelayo en el siglo VIII- y destacamos en las guerras contra la invasión sarracena y ayudamos a fundar las primeras dinastías cristianas de la península, tanto la castellana, la leonesa o la aragonesa.

PERSONAJES QUE HABLARON SOBRE LAS CRÓNICAS ROMANAS SOBRE ESTE PUEBLO INDÓMITO:
Julio Cesar, Estrabón, Silio Itálico, Horacio, Flavio Josefo, Lucano, Floro, Alejandrino Apiano, Plutarco, Dion Casio, Ptolomeo, Plinio el viejo, etc.