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sábado, 15 de octubre de 2011

Saja Nansa Cantabria

Lo que hay que ver en... LAS COMARCAS DEL NANSA, SAJA Y BESAYA

Verdadero museo de la naturaleza en Cantabria, que ha permanecido casi intacto, al igual que muchos de sus pueblos y tradiciones. La comarca está formada por las cuencas de los ríos Nansa, Saja y Besaya y acoge importantes parques y reservas naturales como la del Saja, la más grande de España. Tudanca ( en el municipio del mismo nombre ), Carmona ( en Cabuérniga ) y Bárcena Mayor (en Los Tojos ), han sido declarados conjuntos históricos rurales. Son tres de los pueblos que mejor ha sabido conservar el sabor montañés y merece la pena pasear por sus calles donde parece que el tiempo se detuvo hace muchos años, con el aliciente de visitar la casona de Tudanca ( excelente biblioteca de Cossío ) o la venta de Carmona.

Casona de Tudanca  Venta de Carmona  Bárcena Mayor, Los Tojos

Polaciones es lugar de ricas tradiciones y etnografía, encerrado entre las agrestes sierras de Peña Labra y Peña Sagra. Interesantes son los menhires de Sejos o las casas de los coroneles. En Rionansa podemos visitar lugares como San Sebastián de Garabandal o Celis, de gran sabor popular, Cosío, pueblo noble con sus casonas y escudos, la torre medieval de Obeso o las cuevas prehistóricas de Riclones. En Ruente está la llamada "Fuentona" surgencia natural en torno a la que se ha creado un bellísimo parque y un peculiar puente de ochos ojos de pequeño tamaño. En este mismo municipio están Barcenilla otro de esos pueblos serranos tan hermosos y La Miña en cuya ermita se conservan vestigios del siglo IX, muy escasos en Cantabria.

Una de las casas de los Coroneles, Polaciones Torre de Obeso, Rionansa
Puente de la Fuentona, Ruente

Cabezón de la Sal es uno de los núcleos destacados de la comarca, con importante infraestructura de servicios y numerosos atractivos, como el Museo de la Naturaleza o los hermosos pueblos de Carrejo y Santibáñez. El segundo domingo de Agosto celebra el día de Cantabria. También conviene visitar Mazcuerras con numerosos pueblos muy bellos como Cos, Villanueva de la Peña o Herrera de Ibio, en los que vemos casonas escudadas, montañesas, torres... Naturaleza y tranquilidad es lo que nos ofrece el verde valle de Cieza, un pequeño y apacible enclave con tres pequeños pueblos.

Museo de la Naturaleza, Cabezón de la Sal Santuario de la Virgen de la Peña, Mazcuerras Valle de Cieza

Cartes es un interesante municipio que conserva la iglesia de románica de Yermo y dos conjuntos históricos monumentales, el de Cartes, con sus famosos torreones ( hoy sede de exposiciones culturales ) y Riocorvo, a orillas del Besaya. Fiesta de interés turístico es San Cipriano, en Cohicillos, el 16 de Septiembre. Los Corrales de Buelna es otro de los núcleos más importantes de la comarca, destacando el Santuario de las Caldas del Besaya ( de gran devoción ), las estelas de Barros ( al pie de la misma carretera ) o la iglesia de San Vicente y las casonas y palacios de los Corrales. En San Felices de Buelna debemos detenernos si queremos ver la torre de Pero Niño y algunas casonas interesantes dispersas por el municipio.

Torreones de Cartes  Estela de Barros, Los Corrales de Buelna 
Torre de Pero Niño, San Felices de Buelna

Torrelavega es la segunda ciudad más importante de Cantabria, llamada la capital del Besaya. Aunque es principalmente industrial, puede ser un excelente punto de partida para visitar Cantabria, dadas las buenas comunicaciones que posee ( a 15 minutos de Santander ). Es un importante centro cultural, cuenta con dos interesantes iglesias modernistas, además del edificio en que está situado el ayuntamiento, el palacio de Demetrio Herrero. Muy importante y concurrido es su tradicional Mercado de Ganado y la fiesta de la Gala Floral la segunda quincena de Agosto. Anievas es otro pequeño y hermoso valle en el que destacan la iglesia románica de San Andrés de Cotillo y las casas típicas. Bárcena de Pie de Concha es un núcleo interesante con bellas casas, iglesia románica y el mejor tramo conservado en Cantabria de calzada romana.

Mercado de Ganado, Torrelavega Detalle de la iglesia de San Andrés de Cotillo, Anievas Calzada romana en Bárcena de Pie de Concha

Arenas de Iguña posee numerosos atractivos como la ermita mozárabe de San Román de Moroso, ubicada en un idílico paisaje, las iglesias románicas de San Juan de Raicedo y La Serna, numerosas casonas repartidas por todo el municipio y obras modernas como la iglesia de San Jorge, construida a modo de templo romano o el Palacio de Hornillo, en Las Fraguas. Para concluir, Molledo, que conserva alguno de esos vestigios mozárabes tan raros en Cantabria, en la iglesia de Santa Leocadia o monumentos tan reseñables como la torre de los Quevedo, las iglesias románicas de Silió y San Martín de Quevedo, las numerosas labras e inscripciones de Santa Cruz de Iguña, buenas casonas... Muy popular es la fiesta de la Vijanera, el primer domingo de cada año.

Iglesia de San Román de Moroso, Arenas de Iguña Iglesia románica de Silió, Molledo Fiesta de La Vijanera en Silió, Molledo
Fiestas de Silio, con los trajes títpicos se celebran la Abejanera, van llenos de campanos y cubiertos de pieles, simboliza la lucha del hombre contra el oso. Que en tiempos remotos había muchos, otro de los personajes el el Zurramaco
Hayas y cajigas, paisajes para respirar, para soñar, para perderte po ellos
mapa saja-nansariega

Albarca de Cantabria (calzado)

Se ignora el comienzo del uso de este calzado en las regiones del norte español (sobre todo en la cántabra) pero ya se citan en un documento de 1657, en el que el rey Felipe IV solicita al Papa la creación de la Diócesis de Santander. En el Catastro del marqués de La Ensenada, año 1752, consta el oficio del albarquero en varios pueblos de la zona occidental de Cantabria.


Dada la humedad del clima de la región, es un calzado muy apropiado para preservar los pies del agua y de la suciedad del suelo de determinadas faenas que se realizan en el establo, en los prados y en las tierras de labranza. Es práctico para caminar por terrenos escabrosos, barrizales, y también por la nieve, debido a que los tarugos dan elevación al pie y prestan agilidad al andar.[4]
Hoy, esta artesanía tan tradicional ha quedado en pocos albarqueros, que solamente hacen albarcas por encargo, destinadas una vez para usarlas y otras como recuerdo típico de la región cántabra, lo mismo en tamaño natural que en pequeño formato.


Si bien el uso de las albarcas como calzado se ha visto casi extinto, ello no ha impedido que se considere a este calzado típico del norte, como un recurso cultural y por tanto turístico. Así hace mella el papel de la albarca en el Ecomuseo Saja-Nansa, siendo este calzado típico de esta comarca siglos atrás. El Ecomuseo Saja-Nansa trata de cuidar y mantener estas costumbres, así como conservar y presentar a las nuevas generaciones este conjunto de elementos patrimoniales que tienen por objeto producir y comunicar un cierto conocimiento.[5] [6]

Archivo:Albarcas con escarpines.jpg

Gente Subiendo por Cohicillos a el monte de san Cipriano, por supuesto en albarcas      


Albarca pulida

Pedro Buenaga Artesano Campanero Cantabria





Pedro Buenaga Pernía.                                                                                            

Artesano campanero. (Pedredo, 1917–¿?, 2001). Conocido popularmente como ‘El Campanero’ de joven comenzó a ganarse la vida fabricando albarcas durante unos años. En la fábrica de Nueva Montaña Quijano se inició en su afición por los campanos. En esta factoría, como soldador, y en los ratos libres como fundidor, empezó a bañar con los primeros caldos los campanos que salieron con su marco.
En los años sesenta comenzó a construir todo tipo de campanos para el ganado, desde los más pequeños, los «supucos», hasta los grandes de «feria». Sus colecciones de campanos suenan por todos los montes de Cantabria, Asturias, País Vasco y Galicia; y por encargos especiales, en México, Arizona, Colorado, Guatemala y Nicaragua. A lo largo de su vida hizo miles de campanos de distintos tamaños y sonidos.
(Fuente: Gran Enciclopedia de Cantabria)

Paisaje por donde tuvo sus andanzas de niño. Nunca abandonó su tierra a la que amaba y llevaba muy adentro.

foto de Arenas de Iguña Cantabria
Foto de Las Fraguas (Arenas de Iguña, Cantabria)

Elaboración de un campano paso 1º:
Lamasón, último vestigio artesanal de los campanos2Lamasón, último vestigio artesanal de los campanos 

3Lamasón, último vestigio artesanal de los campanos

Las albarca que comenzó hacer Pedro Buenaga, antes de dedicarse hacer los campanos:

Calzado usado en todas las zonas rurales, tanto en invierno como en verano, Los tarugos que así se llaman a lo que posa, pueden ser de distintos tamaños, altos, medianos o bajos, siempre se llevan con escarpines. Aislan totalmente de la humedad del suelo, y van rematados con una goma, para no resbalar. Hoy en algunos valles se siguen usando, aunque han sido relegado por la bota de goma.

Esto es un monumento a las Albarcas en Carmona:



 FIN



Mª Blanchard Pintora Cantabra

María Blanchard

De Wikipedia, la enciclopedia libre             Obra titulada niña con pulsera
                  
María Blanchard impartiendo clases de pintura.
Composición cubista (1919).
Maternidad (1925).
María Gutiérrez Blanchard, pintora española, nacida en Santander (Cantabria) el 6 de marzo de 1881 y fallecida en París, 5 de abril de 1932.

Biografía

María Blanchard nace el 6 de marzo de 1881 en el seno de una familia de la nueva burguesía montañesa, hija de Enrique Gutiérrez-Cueto, natural de Cabezón de la Sal (Cantabria) y de Concepción Blanchard y Santiesteban, natural de Biarritz. La familia Gutiérrez-Cueto Blanchard, tenía ya dos hijas cuando nació María, Aurelia, y Carmen; años más tarde nacería su otra hija Ana.
De posición acomodada, se movía en un medio muy culto; no en vano su abuelo, Castor Gutiérrez de la Torre, fue el fundador de La Abeja montañesa y su padre de El Atlántico, prestigioso diario liberal que dirigió durante diez años pese a trabajar en la Junta de Obras del Puerto.
María viene al mundo marcada físicamente como consecuencia de la caída que sufre su madre embarazada al bajarse de un coche de caballos. Esta deformidad resultante de una cifoscoliosis con doble desviación de columna, condicionará desde su nacimiento su destino y la devoción por su trabajo.
Su enfermedad, hace que rehuyera obsesivamente, por lo que apenas existen fotografías de la artista. "Tan amante de la belleza, sufría con su deformidad hasta un grado impresionante", escribe su prima Josefina de la Serna. La pluma de Ramón Gómez de la Serna, nos deja su mejor descripción: "Menudita, con su pelo castaño despeinado en flotantes Abuelos, con su mirada de niña, mirada susurrante de pájaro con triste alegría". Algunas de sus palabras: "no tengo talento, lo que hago lo hago sólo con mucho trabajo" o "cambiaría toda mi obra... por un poco de belleza", reflejan su propia opinión sobre su físico y su obra.
El ambiente familiar, culto y refinado, habrá de influir decisivamente en su formación. Su padre le inculca el amor y el conocimiento del arte, cultivando desde su más temprana edad sus dotes para el dibujo y su extraordinaria sensibilidad.
Animada por los suyos emprende decididamente el camino del arte trasladándose en el año 1903 a Madrid donde comienza el desarrollo de su verdadera vocación. Sus primeros pasos vacilantes se dirigen al estudio de Emilio Sala, cuya precisión en el dibujo y exuberancia en el color influirán en sus primeras composiciones. En Madrid siente el rechazo de una sociedad cerrada.
Al año siguiente muere su padre, por lo que toda la familia decide trasladarse a Madrid, fijando su residencia en la calle Castelló nº7.
Estudió en el año 1906 con Álvarez de Sotomayor y empieza a exponer en Bellas Artes. Dos años más tarde concurre de nuevo, consiguiendo tercera medalla de pintura con la obra Los primeros pasos. Ese año entra en el taller de Manuel Benedito. La diputación de Santander y el Ayuntamiento de dicha ciudad la conceden unas becas que utilizaría para prosegir sus estudios en París y convertirse en la pintora que todos conocemos.

En París