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sábado, 15 de octubre de 2011

Albarca de Cantabria (calzado)

Se ignora el comienzo del uso de este calzado en las regiones del norte español (sobre todo en la cántabra) pero ya se citan en un documento de 1657, en el que el rey Felipe IV solicita al Papa la creación de la Diócesis de Santander. En el Catastro del marqués de La Ensenada, año 1752, consta el oficio del albarquero en varios pueblos de la zona occidental de Cantabria.


Dada la humedad del clima de la región, es un calzado muy apropiado para preservar los pies del agua y de la suciedad del suelo de determinadas faenas que se realizan en el establo, en los prados y en las tierras de labranza. Es práctico para caminar por terrenos escabrosos, barrizales, y también por la nieve, debido a que los tarugos dan elevación al pie y prestan agilidad al andar.[4]
Hoy, esta artesanía tan tradicional ha quedado en pocos albarqueros, que solamente hacen albarcas por encargo, destinadas una vez para usarlas y otras como recuerdo típico de la región cántabra, lo mismo en tamaño natural que en pequeño formato.


Si bien el uso de las albarcas como calzado se ha visto casi extinto, ello no ha impedido que se considere a este calzado típico del norte, como un recurso cultural y por tanto turístico. Así hace mella el papel de la albarca en el Ecomuseo Saja-Nansa, siendo este calzado típico de esta comarca siglos atrás. El Ecomuseo Saja-Nansa trata de cuidar y mantener estas costumbres, así como conservar y presentar a las nuevas generaciones este conjunto de elementos patrimoniales que tienen por objeto producir y comunicar un cierto conocimiento.[5] [6]

Archivo:Albarcas con escarpines.jpg

Gente Subiendo por Cohicillos a el monte de san Cipriano, por supuesto en albarcas      


Albarca pulida

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