
Los reyes llegan el cinco de Enero
Cuenta la leyenda que hace dos mil años, unos magos de
distintos continentes recibieron una visita cuando la tarde estaba `punto de
sucumbir. Apareció un ser alado puro y blanco que les dijo:
Debéis de poneros en camino, tendréis que llegar a Belén de
Judea la noche del veinticuatro de diciembre, Adorareis a un niño que es el
hijo de Dios, Os reuniréis los tres en el punto Mancor que está en el cruce de
caminos de los tres continentes y a partir de ahí seguiréis la ruta de una
estrella que aparecerá el en cielo, su color es muy brillante y no la perderéis
nunca de vista, Cada uno de vosotros le llevará un presente. Tu Melchor le
ofrecerás Oro como Rey tu Gaspar Incienso como Dios y tu Baltasar Mirra como Hombre,
una vez cumplida esta premisa, haréis uso de vuestra magia, y en esa noche
repartiréis obsequios a todos los niños de la tierra.
Os encontrareis con contratiempos, como reyes que quieren
hacerse amigos vuestros para saber dónde ha nacido el niño Dios. Pues tienen
miedo de un que un nuevo rey aparezca y les quite sus tronos. Iréis salvando
todos los escoyos con sabiduría y vuestra magia-
Ellos, así lo hicieron y se reunieron en el punto indicado, y
la estrella apareció y durante muchas jornadas y leguas la fueron siguiendo, ¡pero
de pronto! una noche clara, cuajada de estrellas. Su guía se paró, quedó
suspendida, ellos se sobrecogieron estaban confundidos, se preguntaban ¿Qué
pasa? ¿Por qué nuestra estrella se ha parado? Entonces hicieron uso de su magia
y convocaron a los vientos de la tierra. Estos se presentaron y les consultaron,
¿sabéis porque nuestra estrella guía se ha quedado parada? Ellos dijeron:
nosotros no sabemos nada, pero le interpelaremos a la luna, ella desde su
atalaya ve toda la tierra y parte del universo.
Así lo hicieron los vientos y pronto regresaron con la
respuesta, la luna tampoco sabía nada, porque la estrella estaba justo en su
lado oscuro, podía ver el resplandor pero no sabía que la retenía, ella les dijo a los vientos de la tierra que
hablaría con el viento interestelar.
Este regresó con la noticia, dos grandes meteoritos tenían
presa a la estrella, los magos desde la tierra no tenían ningún poder. Así que
pidieron a la luna que hablase con todos los elementos posibles y así todos
juntos aunando fuerza empujaran a los
meteoritos para liberar a su guía.
La luna reunió al aviento interestelar al viento
intergaláctico que fueron los que mayor fuerza pusieron, llegaron estrellas
fugaces que empujaron a otros meteoritos y poco a poco aquella grandes moles se
fueron separando, al final la gran estrella quedo liberada. Los magos dieron
las gracias a la luna. Pero habían perdido mucho tiempo y a pesar de su magia,
era imposible llegar el veinticuatro de diciembre.
Siguieron su camino y encontraron el portal donde había
nacido el Rey hijo de Dios, cuyo reino no era de este mundo. Corría ya el mes
de enero, concretamente era día cinco, y llegaron de noche adoraron al niño, y
se fueron a cumplir su cometido. Empleando toda su magia, recorrieron los
confines de la tierra dejando un obsequio en toda aquella casa donde había
niños.
Y así el cinco de enero de hace dos mil años, se instituyó
una tradición que ha perdurado hasta nuestros días, llevando felicidad a todos
los hogares donde hay niños, y así seguirá siendo hasta la noche de los
tiempos.
A.R.G
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