Los tardígrados (Tardigrada) llamados comúnmente osos
de agua, constituyen un filo de invertebrados protóstomos segmentados
microscópicos (de 0,1 a 1,2 mm) que habitan en el agua y poseen ocho patas. Los
tardígrados fueron descritos por primera vez por Johann
August Ephraim Goeze en 1773. El nombre
Tardigrada significa "de paso lento" y fue dado por Lazzaro
Spallanzani en 1777 justamente debido a
la lentitud de este animal. La denominación oso de agua fue dada por Goeze (del
alemán Kleine
Wasser-Bären, literalmente "ositos de agua") y proviene de la manera en la
que caminan, similar al andar de un oso. Los adultos más grandes pueden alcanzar un largo de
1,5 mm, y los más pequeños
situarse por debajo de 0,1 mm. Las más pequeñas pueden ser de 0,05 mm. Se
conocen más de 1.000 especies de tardígrados.[1]
Algunos autores todavía los consideran una clase de artrópodos.
Los tardígrados son especialmente abundantes en la película de humedad que
recubre musgos y helechos, aunque no
faltan especies oceánicas y de agua dulce, no habiendo virtualmente rincón del
mundo que no pueblen[cita requerida].
Actualmente son conocidos comúnmente como osos de agua debido a su aspecto.
Criptobiosis
Tal vez la cualidad más fascinante de los tardígrados es su capacidad, en
situaciones medioambientales extremas, de entrar en estados de animación
suspendida conocidos como criptobiosis. Mediante un proceso de deshidratación, pueden
pasar de tener el habitual 85% de agua
corporal a quedarse con tan solo un 3%. En este estado el crecimiento, la reproducción y el metabolismo se reducen o cesan
temporalmente y así pueden pasar más de 100 de años. A mediados de siglo XX, el científico-medico
Colombiano Guillermo Nossa añadió agua a algunos tardígrados secos que estaban
sobre la hoja de un helecho que llevaba seca en un museo desde el siglo XVII y, tras 120 años, se
despertaron y continuaron su vida normalmente. Esta resistencia permite a los
tardígrados sobrevivir a temporadas de frío y sequedad extremos, radiorresistencia a
la radiación ionizante y
resistencia al calor y la polución. Existen estudios que demuestran que, en
estado de metabolismo indetectable, pueden sobrevivir a temperaturas que oscilan
entre los -272º C y los 149º C,[2] así como a la inmersión en alcohol puro y en éter.
Científicos rusos afirman haber encontrado tardígrados vivos en la cubierta de
los cohetes recién llegados de vuelta
del espacio exterior. Recientes investigaciones[3]
demuestran que son capaces de sobrevivir en el espacio exterior. Otra posible faceta
sorprendente de estos invertebrados es que existen indicios importantes de que
son eutélicos, es decir que el número
de células de su cuerpo sería fijo
para cada especie, como les ocurre a los nemátodos.
Dato curioso, lo he puesto en el blog, un poco ma detallado, creo que es bueno aprender de todo
ResponderEliminar¿Podrá encontrarse en sus células el secreto para aplicarse en el ser humano? Es decir, en el futuro ¿podrían congelarse personas para reanimarlas años adelante sin que su organismo se haya afectado por el congelamiento?
ResponderEliminarSaludos. Una aportación muy interesante.
Atte. Gabriel Arenas (Aguascalientes, México)