Yo no lo he visto, hija mía, ni quiero verlo, pues no quiero asustarme.
Dicen que, en el viaje, empezó hablar desde que salió de la Habana, que no podían, ni mal ni bien, callarle. Ya todos mareados, le metieron, quieras que no, con jaula y todo, en el escusao, y allí encerrado se quedo sin compasión hasta que llegaron al muelle, y el pobre debió de escarmentar y salió desplumao y sin hablar ni una palabra, y con los ojos fijos en don Damián el maestro, y ya luego, a fuerza de porfiarle (pues pensaron que había perdido la palabra), dijo:
-" Qué nochecita de truenos he tenido, mierda; dejame tranquilo que no estoy para relatos"
¡hay que jeringarse! -expresión que se usaba en los pueblos que significa fastidiar,
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