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lunes, 24 de octubre de 2011

Mis amigos los mayores que no viejos capitulo 8

Por fin el quince de septiembre, día de la patrona de Cantabria, La Bien Aparecida, celebramos la despedida de Pepin el Pinto, fuimos todos a su pueblo, de aquí eramos veinte, los del pueblo unos ochenta, entre niños mayores y mas mayores, pero todo el mundo estaba muy animado, pues esperaban a su amigo, otro que retorna, eran los comentarios. Su hermana Luisa feliz, a pesar de haber perdido a su marido hace poco tiempo, pero sabe que con la llegada de su hermano, ella no se movera del pueblo, si el no hubiese querido ir, la habían propuesto irse a una residencia, ella no quería ni oír hablar de eso, pues me comento, que siempre había hecho lo que le daba la gana y que a sus noventa años, no iba a entrar por un horario, ni vivir en una habitación, ¡mira mi casa!, tú crees que con todo el espacio que tengo aquí, me voy a habituar a un cuartucho de na.
Las mesas con las viandas estaban colocadas en una pradería, habían colaborado todos, en los hornos de leñas de distintas casas estaban los cabritos, los lechones y un ternero, también estaban cocinado unas estupendas merluzas, que Josete, Valentin y el Cholo, habían ido a primeras horas de la mañana a la lonja a buscarlas. Cuando llegamos olia el pueblo a asado que daba gusto pasear, la Luisa, señora mayor, mayor estaba terminando de cocer el arroz con leche de las vacas del junco, Manuela y Lola estaban haciendo los flanes con huevos de las vecinas.
A las doce fue la misa, todos todas dejaron los quiaceres, a la salida, tomamos un aperitivo y a las dos comimos, luego un sueñecito y a las cinco llegaron los de la rondalla y amenizaron el baile, allí bailaron hasta los gatos. Pepin con todas no se dejó a nadie, estaba henchido de felicidad, por volver, y por el recibimiento, ver a todos sus amigos de infancia, con los que correteo por la brañas, con los que compartió penurias y alegrías, bien es verdad que faltaban algunos, para esos también tuvo un recuerdo durante la misa, luego todo fue alegría,
A las nueve las mesas estaban preparadas para la cena, pues había sobrado bastante y nos convencieron para que nos quedáramos, así lo hicimos, los de la rondalla se fueron, pero ya quedaron allí los coros de la gente, cantando montañesas. y así nos dieron las tres, pues allí no se movían nadie - Por fin rompieron filas, pues algunos tenían que levantarse a las seis, para ordeñar, limpiar la cuadra, y llevar el ganado a los pastos.
Me contaron cosas de sus vivencias siempre en el pueblo, poco a poco iré relatando sus cosas.
Quedamos para en primavera hacer una comida, pero mas sencilla, esta había sido como la del hijo pródigo, dejamos a el Pinto y a su hermana en casa, felices los dos, los hijos del pinto retornaron con nosotros, fue un día feliz. Todos guardaremos en nuestra memoria ese acontecimiento.

Fin

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