EL DESIERTO
Un rayo de sol se
coló por la abertura de la tienda, estaba amaneciendo, el cansancio del día y
parte de la noche se volvió a apodera de mí, intenté en vano desperezarme, y
volví a entrar en un sopor.
Cuando me desperté
de nuevo, miré a mí alrededor, todos seguían durmiendo. El día anterior había sido duro, y ya entrada la noche
seguíamos circulando sin ver nada a nuestro alrededor. Llegados a este punto
los guías nos bajaron y con premura levantaron las tiendas, éramos doce
personas, dispuestas a pasar unas vacaciones nada normales, nuestros espíritus
viajeros y llenos de emociones nos habían llevado a hacer un recorrido por
territorios poco inusuales para turistas.
Me levanté sin hacer ruido, no teníamos prisa,
pues íbamos sin horarios ni rutas fijas, marchábamos a la pura y dura aventura.
Salí de la tienda que compartía con tres de mis mejores amigos, miré a mi
alrededor, y de pronto me di cuenta que estábamos en mitad de ningún sitio,
solo se veía una llanura casi desértica, el calor empezaba a ser un poco
agobiante y eso que solo eran las siete de la mañana. La pequeña hoguera que
hiciéramos la noche anterior aún humeaba, eché un vistazo a mi alrededor, ¡qué
raro! Los todo terrenos que no habían llevado hasta allí no estaban, tampoco se
veía ni rastro de los guías, las mochilas estaban abiertas y su contenido
amontonado, no entendía nada, de pronto me dio como una furia interior, y corrí
hacia ellas, con asombro comprobé que faltaban todos los móviles el GPS y el
pequeño ordenador, solo quedaba la vieja brújula de Antón, durante unos
instantes mi cerebro no quería admitir la realidad, nos habían robado,
dejándonos en aquel paraje, recorrí el resto del campamento, los odres de agua
como la comida estaban intactos, nuestra ropa también, pero el dinero de
nuestras carteras, así como nuestros pasaportes habían desaparecido.
Lloré durante un
rato, luego me armé de valor para despertar al resto y que vieran lo que había
pasado, nunca debimos de confiar en aquella agencia tan cutre, y con aquellos
personajes de aspecto tan siniestros, aunque se mostraran tan simpáticos
garantizándonos unas vacaciones distintas, ¡y tanto que distintas!
Corrí hacia las
tiendas, todos se despertaron sobresaltados, les comuniqué mis temores, al cabo
de dos minutos todos estaban fuera, comprobando que era una realidad. Nos
habían dejado solos en el culo del mundo. Fernando hombre tranquilo y practico,
quiso calmarnos diciendo que los guías habrían ido por más comida, ¿pero por
qué? allí teníamos para una semana, esto no se lo habían llevado. Reavivamos la
hoguera y nos dispusimos a desayunar, mientras esperaríamos.
Las horas fueron
pasando, y allí no aparecía nadie, el calor era cada vez más insoportable,
todos nos refugiamos en las tiendas y aunque estábamos debajo del único árbol que
había en no sé cuántos kilómetros a la redonda no había quién parase.
Mal comimos, pues
no nos entraba nada, Fernando de nuevo habló, esto es una realidad, nos han
abandonado. Beltrán gran aventurero, nos expuso lo que había que hacer para
sobrevivir, por lo menos teníamos la brújula, ahora hacía falta saber dónde
estábamos y a qué punto cardinal orientarnos, había que estudiar de donde
salimos, las horas de viaje y hacia donde debíamos ir, teníamos que racionar el
agua y comida, ya que probablemente estaríamos más de una semana vagando por
este semi desierto. Antón de pronto se acordó que en uno de los bolsillos de su
mochila tenía un mapa, lo cogió en la primera agencia que estuvimos.
Buscamos pero todo
fue inútil, el mapa había volado con el resto de las cosas que nos podían
servir para orientarnos, desanimados nos pusimos a caminar siguiendo las
instrucciones de Beltrán, dijo que por la posición del sol teníamos que caminar
hacia el norte, pero que más daba si no sabíamos en qué lugar estábamos, y si había
civilización hacia aquí o hacia allá. Al cabo de diez minutos tuvimos que
parar, el sol era implacable, el sudor corría por nuestros cuerpos como si
fuera un río, volvimos para atrás pues estábamos mejor debajo de aquel viejo
árbol, nos tumbamos, y entonces Beltrán dijo: -dentro de un par de hora bajaran
las temperaturas, como todavía habrá luz, nos pondremos en marcha hasta donde
lleguemos, mañana saldremos a eso de las cinco más o menos y tendremos tres o
cuatro horas hasta que apriete el calor.
Del calor intenso
de día pasamos a estar helados, el cielo estaba despejado y cuajado de
estrellas, nunca vimos una noche tan maravillosa, nos acurrucamos de seis en
seis, así nos daríamos calor, en la otra tienda pusimos todas nuestras cosas,
estábamos rotos por el cansancio y el temor a no saber que nos depararía
aquella tierra desértica.
Dormimos poco,
pero a las cinco ya estamos en pie, tomamos café y unas frutas desecadas,
estaban buenas, hacía frío, recogimos y nos pusimos en marcha, al poco de
caminar fuimos entrando en calor, iba repasando todo el viaje, por ver si
encontrábamos entre todos algo que nos pudiera servir para saber dónde
estábamos, a veces guardas en tu memoria un hecho sin darte cuenta, pero por
más que lo intentamos nada, seguimos andando y por más que mirábamos no
hallábamos nada, todo era arena rocas, los pies empezaban a recalentarse,
nuestra piel se estaba ajando, no teníamos protector, y aunque procuramos
taparla, el sol empezaba a penetrar en ella, después de dos largas horas, hicimos
un alto para comer unas barritas de no sé qué, pues no tenían ni nombre,
paramos treinta minutos, y de nuevos hacia ninguna parte. De pronto nuestros
ojos se abrieron de par en par no nos lo podíamos creer, a poca distancia había
una especie de choza con dos árboles, corrimos a pesar del cansancio, pensamos
que podría estar habitada, y nos podrían ayudar, pero de la alegría pasamos a
la desolación allí no había nadie, Marta , Pepe y que eran muy optimistas dijeron –mirarlo por
el lado bueno-, -aquí podremos pasar la noche y estaremos más calentitos, hay
madera de los árboles y podremos hacer fuego, quizá nos vea alguien-, ¡qué
iluso allí en el culo del mundo! Hasta dentro de ocho o diez días no nos esperan,
para entonces a lo mejor somos pasto del desierto.
Al entrar nos
dimos cuenta que hacía tiempo que nadie había pasado por allí, pero con asombro
descubrimos una mochila, la abrimos con rapidez, nuestro gozo en un pozo, solo
tenía unas linternas, un saco de dormir, comida como la que llevábamos nosotros
dos gorras y dos camisolas, un cuchillo de monte, y un hacha pequeño. La noche
se echaba encima, así que decidimos colocar todo, cerrar con paja aquel
ventanuco, y asegurar la puerta con palos y ramas, pues no sabíamos si habría
animales peligrosos, hasta ahora no habíamos reparado en ello, nos pareció raro
lo del hacha y el cuchillo.
El tiempo iba
transcurriendo, estábamos a gusto, y poco a poco fuimos desgranando parte de
nuestras vidas, y conociéndonos un poco, de ésta forma supimos que Susi una treinta
añera, lo había dejado con el novio una semana antes de la boda, y por eso
había puesto tierra de por medio, era malagueña, Maite su compañera y prima se
había prestado hacer el viaje con ella, era abogado y hacía dos años que había
terminado su carrera, tenía veintiséis, Raúl y Domingo eran amigos de toda la
vida, uno era arquitecto y el otro economista, también de Málaga, nosotros
cuatro que éramos de burgos y amigos de siempre, yo era la única chica, pero ya
había viajado más veces con ellos , mi nombre Raquel y trabajo en una empresa
en recursos humanos, Pepe mi amigo había trabajado en la misma empresa pero hacía
dos años que se había ido a otra, a Barcelona, Chiva era farmacéutico y estaba
con su padre en la farmacia, y Jaime, era un vividor, su madre viuda hacía años
tenía muchas fincas y Vivian de rentas, estudió un grado superior de minas,
pero a sus veinte ocho años, no había trabajado, ni pensaba hacerlo, luego
estaba Antón, aventurero de profesión, había estado en una ONG de coordinador,
él era marino y si, había navegado, pero poco, era de Salamanca. Cuando se iban
a presentar los cuatro restante, nada más le dio tiempo a decir que eran dos
hermanos casados con dos hermanas. Cuando ¡de pronto! oímos un ruido tremendo,
la cabaña se movía, y las ramas que pusimos sobre la ventana se nos echaron
encima, con premura corrimos todos a tapar el hueco, pues en un instante el
habitáculo se nos llenó de arena.
Era una tormenta, rugía
de una manera violenta, se oían como si chocaran cosas, pero ¿qué? si lo que
habíamos visto hasta ahora era todo semidesértico, nos asustamos, y nos
juntamos todos, pues creíamos que algo de aquello iba a chocar contra el caseto
y íbamos a fenecer aplastado. Esto más o menos duró una hora interminable,
luego llegó la calma, se había hecho de noche, y no podíamos ver nada, así que
permanecimos acurrucados unos contra otros.
El alba trajo la
luz del sol que se coló a través de las grietas de la choza, nos despertamos
sobresaltados, al ver que estábamos sobre un lecho de arena, miramos a través
del hueco de lo que pudo ser una ventana, y nos quedamos atónitos, corrimos a
la puerta, salimos al exterior, y no nos lo podíamos creer, todo el paisaje
estaba cambiado, la llanura infinita, era ahora montículos de arena de
dos metros de altura, estos estaban como a 40 metros de la choza, se había
formado un pasillo natural, fuimos siguiéndolo, subimos a un montículo de
piedras y nos quedamos maravillados de lo que había detrás de aquellos montones
de arena.
Ante nosotros se
presentaba una ciudad perfectamente edificada, blanca como la espuma, era algo etéreo,
sublime, nos frotamos los ojos, aquello no podía ser real, a través de las columnas
se veía parte del interior, el sol se colaba descaradamente, y todo el interior
estallaba con su luz, ¡aquello era oro!. No sabíamos que hacer estábamos como
petrificados, dudábamos si seguir, pero de pronto oímos un ruido ensordecedor,
venia de una de las altas dunas, envuelto en una nube de polvo, algo cayó a los
pies de Beltrán era una piedra negra perfectamente pulida, tenía forma hexagonal
este la cogió con premura y la metió en la mochila. Sin pensarlo corrimos hacía
la cabaña, cerramos todo como pudimos, nos juntamos unos a otros esperando lo
peor, aquello se acercaba de nuevo, tembló todo, pero al cabo de unos minutos
el más absoluto silencio, corrimos a la salida, y comprobamos que de nuevo el
paisaje había vuelto a cambiar, ya no quedaba ni rastro de la hermosa ciudad,
de nuevo llanura, piedras y soledad.
Decidimos coger
nuestros trastos e intentar salir de aquel infierno, Con diligencia partimos,
pero hacia dónde.
Beltrán cogió un
palo lo clavó en el suelo y por la sombra del palo nos dijo: son
aproximadamente las siete de la mañana , todos nos quedamos extrañado de la
manera de saber la hora pero nadie se lo discutió, la noche anterior había
hecho un agujero colocando una tapa de la ponchera, unas telas y no sé qué más,
la cosa es que allí había agua del roció de la noche, estaba depurada, y la
metimos en la cantimplora que encontramos en la cabaña, vimos una pequeña tapia
de piedra y decidimos protegernos del sol que ya apretaba. Llevábamos cuatros
horas de caminata o eso creíamos nos regíamos por el palito de Beltrán ya que
nuestros relojes dejaron de funcionar, por qué no teníamos ni idea, pero
tampoco estábamos dispuestos averiguarlo, había cosas más importantes en que
pensar Al llegar nos sobresaltamos había
dos esqueletos tumbados junto a un tronco de árbol caído, durante un instantes
nos quedamos sin palabras y sin saber qué hacer, allí estaban sus pertenecías,
con respeto abrimos aquellas mochilas raídas y viejas, ¡Dios! cuanto tiempo llevarían
allí y que les pasó. Pronto averiguamos que eran arqueólogos y que buscaban la
ciudad del oro tenían un diario donde estaba perfectamente indicado cada uno de
las rutas y hasta donde habían llegado.
Nos quedamos
asombrados ante lo escrito, aquello era horroroso por lo que habían pasado. Si,
vieron la ciudad como la vimos nosotros ellos caminaron entre sus calles
repletas de oro, de la que cogieron unas muestras en forma de objetos, no para
lucrarse si no para estudiarlo, así mismo vieron aquella especie de red con
todo el tesoro de la gran caravana incluidos caballos. Pasaba por los lugares
precedidos de una tormenta de arena, al final de aquella red había objeto
pequeños que se podían coger y así lo hicieron dos objetos llegaron a sus manos
y regresaban cuando en el punto en que se encuentran llegó la gran caravana a
buscar lo robado los espíritus de aquellas gentes, familias enteras perecieron
en ese gran viaje, y fueron muy violentos arrebatándoles los objetos y
dejándolos mal heridos, las últimas palabras escritas decían al que encuentre
esto salid lo antes posible de aquí esto está malditos y esos espectros son
reales, son los guardianes de esta tierra inhóspita, y dejaron dibujado
en un viejo papel una posible ruta de salida, pero el tiempo lo había borrado y
no nos sirvió para nada.
La angustia se volvió
a ponderar de nosotros. Nos quedamos abatidos tristes, hundidos, así permanecimos
un par de horas, el palito nos iba marcando el tiempo, luego llegó la noche y
ahí la noción del tiempo se perdía bajo el manto estrellado o encapotado de la
incertidumbre oscuridad.
Aún era de noche y
pensábamos como saldríamos de allí aunque en la lejanía salían los primeros
rayos de sol, ahora era tenue, tímido, pero en poco tiempo se mostraría
implacable. Cada vez teníamos menos comida, y mucho horizonte por andar.
Caminábamos sin hablar .en nuestros cuerpos se notaba el cansancio y el
deterioro era patente. ¡De pronto! De la nada salió un personaje un tanto extraño, corrigió nuestro camino indicando el lugar opuesto, y nos entregó una lanza
rarísima como muy primitiva. Y sin darnos cuenta desapreció, no nos preguntamos
nada, ya pasábamos de todo. Aquella lanza tenía como un imán era ella la que
marcaba el ritmo y el camino, Beltrán nos lo comunicó y todos la fuimos
probando, pudiendo comprobar sus propiedades.
A lo lejos creímos ver rocas y hasta arbolado,
caminamos apresurando el paso y en dos largas horas estamos ante un paisaje
completamente distinto. No nos lo podíamos creer, la naturaleza nos brindaba
refugio del implacable sol, atrás quedaba aquel horroroso terreno árido y seco,
estéril como la misma muerte.
Nos encontrábamos ante
una inmensa selva, ahora tocaba dilucidar cómo y por donde tendríamos que ir,
no se veía el horizonte, tampoco sabíamos con qué tipo de animales o tribus nos
encontraríamos.
Descubrimos un
riachuelo que bajaba por las rocas formando una poza a los pies dela gran piedra,
Entramos con cuidado por si hubiere algún animal, la verdad el agua era
trasparente pero estaba helada, cosa que agradecimos, después de disfrutar de aquellas aguas
cristalina y de lavar nuestras ropas llenas de arenas del desierto, tuvimos que
salir de nuevo al sol para secarnos y también la ropa.
Ahora lo veíamos
todo más claro, nuestros ánimos se subieron al máximo, sentíamos la certeza de
que volveríamos a casa.
Buscamos donde
cobijarnos para pasar la noche, y pronto lo encontramos, una oquedad perfecta
para pernoctar y estar protegido si hubiese animales salvajes, que seguro que
los habrá, conservábamos el machete el cuchillo y el hacha, hasta ahora nos
sirvió de nada, pero en estos instantes estábamos haciéndonos lanzas y cortando
arbolitos para protegernos haciendo de puerta, así mismo encendimos una gran
hoguera dentro de la cueva.
La lanza se clavó
sola delante de la caverna, pasamos una noche estupenda, dormimos a pierna
suelta, pues estábamos calientes y aseados, cenamos lo último que no quedaba, a
partir de ahora, la selva nos proporcionaría el alimento.
Amaneció el sol de
nuevo nos trajo la vida, pero ahora era soportable es más hasta hacía frío,
nuestro asombro fue mayúsculo al encontrarnos al pie de la cueva una especie de
jabalí atravesado por la lanza.
Pronto fue
desollado, pelado, fue el mejor desayuno desde que salimos aquel nefasto día en
busca de aventuras, Vivirlas las estamos viviendo y de qué manera. Nos quedamos
tres días, repusimos fuerzas y llenamos nuestras cantimploras de agua, ya que
los odres los tuvimos que dejar en el camino eran muy pesados.
Al cuarto día
emprendimos la marcha, ahora teníamos fuerzas, agua en abundancia y también
comida, y nuestra guía, que seguía haciendo sus funciones, Beltrán estaba
seguro que si nos atacaba algún animal ella nos defendería, todos asentimos
Después de doce
largos días desde una loma vimos un poblado íbamos con precaución pues eran muy
primitivos, estábamos pensando en rodearlo pero la lanza se puso tozuda y nos
llevó directamente hacia ellos.
Un grupo de
guerreros nos rodearon, tenían cara de pocos amigos, nos zarandearon tocaron
nuestras ropas y todo lo que llevábamos, ¡de pronto! Se percataron de la lanza, y su actitud
cambió totalmente. Nos llevaron en volandas al centro del poblando donde estaba
el jefe rodeado de más guerrero, uno de ellos mostró la lanza y todos
retrocedieron.
Estábamos
atemorizados, Beltrán nos tranquilizó, mirad a vuestra derecha ese tótem. Dios
en el centro hay un hueco del tamaño de la piedra negra. Beltrán se arrodilló
ante el gran jefe y sacando la piedra de la bolsa se la entregó. Todo el pueblo
estalló en jubilo, nos mantearon y al poco nos presentaron todo tipo de comida
y de frutas jamás vistas por nosotros, fue un agasajo que ni en el mejor hotel,
nos lavaron, peinaron y nos entregaron una especie de togas, estuvimos comiendo
hasta altas horas de la noche, luego nos ofrecieron la mejor cabaña para
dormir.
Al día siguiente
todo era una fiesta, nos veneraban. Entonces el gran jefe nos dio una tablilla
con las instrucciones necesarias para salir de allí. Nos entendíamos por señas,
no era un pueblo primitivo como pensamos al principio, nos llevaron a la parte
de atrás del tótem donde había una ciudad perfectamente edificada, con templos Mayas,
entendimos que este pueblo era una rama de ellos, cultos inteligentes y lo que
allí vimos era muy sofisticado , está claro que estaban muy avanzados, volvimos
al frente de tótem Todo el pueblo estaba colocado como para partir, y así era. Llevaban siglos esperando a que alguien les trajera la llave para partir al
mundo del que habían venido. La lanza escribía en el suelo cada una de sus
palabras, y así supimos que la piedra fue robada y extraviada, Durante toda su
existencia en este lugar cientos o miles de guerreros habían salido en su
busca, pero todo había sido en vano. Se quedaron estupefactos al ver que
nosotros que en principio nos tomaron por invasores teníamos la piedra negra o
llave de aquel inmenso tótem.
El gran jefe nos
comunicó que iban a partir y que seriamos los únicos humanos en toda la
creación que los pudieran ver como se iban , y que tras de ellos desaparecería la gran
ciudad y el tótem. Solo quedarían aquellas cabañas que nada tenían que ver con
su modo de vivir. Nos agradecían haberles entregado la gran llave, ellos
correspondían dándonos unas monedas y unos utensilios únicos, y mostrándonos el
camino para volver a la civilización. Nos deseaban un buen y venturoso viaje,
vaticinándonos que entres día más estaríamos en un lugar seguro y en otros tres
con nuestras familias-
El gran momento
llegó: el jefe tomó la piedra y dirigiéndose al tótem con toda solemnidad la
colocó y giró, lo que pudimos ver era impresiónate, allí había toda una
civilización esperándoles, era indescriptible el lugar lleno de oro cubriendo
todos los monumentos vimos cientos y cientos, y todas las mujeres ricamente
ataviadas con ropajes bordados en oro, así como sus tocados, lo mismo los
hombres y jóvenes, el oro lo cubría todo, era impresionante, antes de partir el
gran jefe nos obsequió con unas piezas de oro para cada uno.
Solemnemente
fueron entrando primeros niños y jóvenes después las mujeres a continuación los
ancianos después todos los guerreros menos uno que se quedó junto al gran jefe,
y por fin entraron los dos.
Acto seguido una luz
nos cegó, la tierra tembló y todo al instante desapareció. Recogimos nuestras
cosas y nos pusimos de nuevo en marcha. Caminamos tres largos días, pero como
predijo el jefe llegamos a un lugar civilizado,
Se quedaron
sorprendidos al vernos, no enseñaron unos periódicos en los que la noticia
principal éramos nosotros, nos daban por muertos Nos inflaron a preguntas, nos
disculpamos diciendo que estábamos agotados, no llevaron al albergue, nos
duchamos y quedamos profundamente dormidos, estuvimos día y medio durmiendo, al
despertarnos nos quedamos alucinados, había periodistas y televisiones de todo
el planeta, no entendíamos nada, no éramos gente importante, si es verdad que
estuvimos perdidos, pero nos parecía que no era para tanto.
Pronto averiguamos
que la agencia que nos propuso aquella aventura, era una mentira, al parecer
una de las cadenas más importantes del mundo había ideado un concurso de
supervivencia, sin que los concursantes lo supieran. Al principio nos tenían ubicados,
pero nos salimos de la ruta, y nos perdieron, llevaban un mes y pico buscándonos,
tenían el temor de que nos hubiéramos encaminado hacia la tierra inerte, y de allí
no salía nadie, el premio era un millón de dólares para cada uno.
Decidimos que escribiríamos
un libro detallando cada una de las vivencias, y de todo lo que vivimos, tal vez
omitiríamos lo de la civilización tardía
de los Mayas, teníamos que pensar muy bien que podíamos contar y que no.
Ha pasado un largo
año seguimos todos juntos, damos conferencias y contamos nuestra experiencia en
aquella tierra hostil, por supuesto que no contamos lo del guerrero y su lanza,
hablamos del poblado pero que estaba abandonado aunque a nosotros nos sirvió de
refugio. Todo lo demás sí lo contamos. Lo que más impresionaba es lo de la
ciudad blanca como la nieve pero que en su interior estaba forrada de oro, y lo
de la gran caravana. Esto teníamos que repetirlo una y otra vez, también os
diré que Susi se ha casado con Antón y Beltrán con Marta. A mí no me preguntéis,
sigo soltera, pues mi alma es libre y no quiere atarse a nadie, sigo haciendo
viajes con mis amigos, y hasta aquí, os he relatado todo cuanto nos aconteció,
espero que sea de vuestro agrado y que seáis capaces de pasar un buen rato.
A.R.G