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domingo, 10 de julio de 2016

Rindo homenaje a Mauro Muriedas, escultor cántabro trabajo del taller de caligrama










Yo rindo homenaje a Mauro Muriedas
Tuve la gran suerte de conocer personalmente a Mauro Muriedas, en la escuela de artes y oficios de esta ciudad, de la que fui alumna. Él me enseñó a modelar barro, me decía que el tesón y la paciencia eran la clave para poder sacar la obra adelante. Esculpía la madera como nadie, sus obras no necesitaban título, las expresiones de cada talla de la madera que el esculpía, te decía el título. Me enseñó a pasar los dedos con delicadeza por las tallas, para así sentirlas. Era un hombre amable, bondadoso, caballero del arte, nunca jamás le vimos enfadado, él tenía palabras amables para todo el mundo, y disculpaba, aquellos que en un tiempo no le trataron bien, diciendo: eran otros tiempos, se vivía de otra forma, había otros valores, sobre todo el del respeto. No tuvo una vida fácil, tuvo que salvar muchos escoyos, pero nunca maldijo aquellos tiempos. En la escuela de artes, su paciencia y su amor por enseñar eran infinitas, ¡disfrutaba tanto! Un grupo nos quedábamos hasta el final éramos ocho, nos comentaba las vicisitudes por las que pasó, pero sin amargura, la palabra perdón, no le costaba decirla, él que era un hombre honesto, justo, intachable. Su mujer para él fue el gran amor de su vida, cuando esta le faltó, nos comentó un día, siento un desgarro en el alma, una tristeza infinita, pero tengo que seguir adelante, cargando como un fardo, a la tristeza.
Hace unos años se fue a esculpir las nubes pues Dios tuvo envidia de su arte, y quiso llevárselo con él. Se fue casi de puntillas, como no queriendo molestar, Su vida fue sencilla y así la quiso acabar
A.R.G.