EL ÁNGEL DEL COSMOS
vamos a contar mentiras.
Mentira cinco
Os contaré de como conocí a mi
extraño y rarísimo amigo. Le llamaron el Ángel del Cosmos, contaron unas
leyendas sobre él, que nada más lejos de
la verdad. Aquí el único que puede contar su historia soy yo. Voy a relataros
lo que realmente ocurrió.
Era un día tranquilo como
tantos otros, ¡de pronto! Se vio enturbiado por una nefasta noticia que todos
los medios de comunicación del mundo se apresuraron a informar. La noticia era
aterradora y verídica. Cientos de meteoritos se dirigían hacia la tierra. Si no
se podía desviar su trayectoria la tierra sufriría una hecatombe y hasta tal
vez se desintegraría. Si caían en tierra los terremotos serían de tal magnitud
que no habría sitio donde estar seguro, así mismo los volcanes entrarían en
erupción en cadena y pronto toda la tierra sería una gran hoguera donde nada ni
nadie podría subsistir debido a las altísimas temperaturas que se alcanzarían.
Si caían en el mar, los maremotos, tsunamis
ciclones y huracanes alcanzarían proporciones gigantescas, asolando todo
y siendo un vehículo de terror y destrucción. De todos los países del mundo
llegaban propuestas. Se montó un centro neurálgico desde el cual coordinarlo
cuanto llegara. Dicho centro estaba en Perú, concretamente en Cuzco. Si se
llegaba a encontrar una solución para desviar dichos meteoritos que viajaban
agrupados formando un gran racimo. Era este punto de la tierra el más idóneo.
Así todos los científicos del
mundo por una vez se pusieron de acuerdo creando una gran vela de una goma
elástica fabricada a toda velocidad para este gran suceso que como si fuese un
paraguas de proporciones gigantescas repelería a los meteoritos. Por consiguiente cuando
llegaran los racimos caerían sobre la gran vela y debido a su elasticidad
saldrían disparados hacia el espacio de nuevo.
Esto era una buena teoría pero
no daba tiempo para probarla, y a su vez había un gran problema, hasta ahora los meteoritos
seguían el mismo rumbo. Desde que uno de los satélites los descubrió siempre
han ido en la misma dirección hacia el Cuzco, pero ahora se habían desviado,
con gran facilidad cambiaba de punto, es como si quisieran jugar con los
habitantes de la tierra, y no había tiempo de tejer más velas elásticas y menos
una que cubriese todo el perímetro terráqueo eso era imposible.
Los científicos de todo el
mundo unieron sus inteligencias sabidurías para tratar de hacerlos seguir
siempre el mismo rumbo y para ello se pusieron a disposición del gran Maese del
Cuzco. Este dijo que había que encontrar al Ángel del Cosmos. Todos se quedaron
asombrados y sin saber qué hacer, jamás habían oído hablar de tal personaje, ¿de
donde era? ¿Dónde se encontraba?, ¿cómo se le podía llamar? El gran Maese fue
bombardeado con estas y muchas más preguntas entre otras cosas es porque
quedaba poco tiempo para que el gran racimo de meteoritos impactara con la
tierra pulverizándola, pues a medida que se iba acercando habían comprobado con
horror que se hacía más y más potente,
Pero mientras los científicos
y militares de toda la tierra estudiaban y buscaban al ángel del cosmos, que el gran maese no sabía cómo
comunicarse con él. Estaba al corriente de su existencia, que era el guardián
del espacio porqué sus ancestros así se lo habían hecho saber, y de esta forma
la leyenda o no había llegado hasta nuestros días. Mientras dilucidaban como ponerse en contacto con el Ángel, las gentes de todo el mundo
habían ido construyendo tres grandes velas,
que cubrían la mitad del globo terrestre pero quedaba la otra mitad. Los
científicos y militares fueron informados de este hecho y pidieron que se
construyera una cuarta, pues no daba tiempo para más, y así la tierra quedaría
al descubierto en una cuarta parte. Claro que si caía ahí justamente todo
quedaría arrasado, pero se la tenían que jugar. Todo estaba dispuesto en los lugares del mundo se seguía con temor el desarrollo de estos meteoritos, cuando llegara el momento se vería si las grandes velas funcionaban o no,
pero hasta que no llegasen a la tierra todo eran hipótesis.
Me encontraba en una parte de
la montaña Sagrada en el cono Sur de América, no había nadie. Si todo acababa
prefería estar solo para no ver el dolor de los que me rodeasen, no quería ese
sufrimiento, estaba asustado, pero lo afrontaba y estaba preparado.
Allí en aquella inmensa mole
de piedra y vegetación el silencio era absoluto, tanto que calaba hasta el
alma, pero pensé, estoy rodeado de tal belleza que no me importará irme, lo
último que mis retinas conserven será la majestuosidad de tanta magnificencia y
perfección y mi último aliento será para aspirar el aire puro que mana de la gran selva y cumbres que se pierden entra las nubes.
Estaba entretenido con estos
pensamientos cuando oí una voz metálica poderosa y clara, me resultó extraña,
y parecía venir del fondo de uno de los barrancos que se encontraban a mis pies
pero... ¿de cuál? Volví a oírla “Ayúdame y
la tierra seguirá siendo el hogar de las próximas generaciones”. ¡Eh! ¿Quién
anda ahí? ¿Dónde Estás? ¿Quién eres? ¿Qué te pasa? ¿En qué puedo ayudarte? Vale
hombre más despacio pareces una metralletas disparando preguntas. Soy el Ángel
del Cosmos vengo del universo del que soy su guardián, donde estoy, aquí abajo a
tres mil doscientos metros por debajo de ti. ¡Que me ha pasado? Una de mis alas se ha quedado en una de las
grietas y tú tienes que ayudarme liberándola pues en esa ala es donde radica
todo mi poder, por eso estoy atrapado. ¡Yo! pero como voy a bajar hasta ahí,
tardaría una eternidad y para entonces la tierra habrá sucumbido y nosotros con
ella, calla y escucha con atención – Te enviaré un rayo plateado, cuando llegue
túmbate sobre él y te deslizará hasta donde me encuentro y esto será en pocos
segundos ¿de acuerdo? Ahora cuando me alcances
te daré instrucciones con las siguientes acciones que tendrás que realizar!
vamos! Ves ya estás aquí, Me quedé
alucinado, sin habla, se me cortó la respiración, ante aquella cosa enorme, era
algo de un material y forma indescriptible, desde luego no era de este planeta,
lo único real a la vista eran sus dos gigantescas alas además tenía como dos
grandes aspas un tanto raras se abrían y parecían estar hechas como de una cosa
gelatinosa, su cuerpo era alargado pero al llegar arriba formaba una gran
esfera de donde salían miles de luminarias que se encogían y estiraban y a su
vez giraban a una velocidad endiablada despidiendo ráfagas de infinitos
colores. En la parte de abajo también tenía otra esfera pero esta era mucho más
pequeña estaba compuesta por millones de filamentos de incandescentes colores
que se apagaban y encendían a ráfagas soltando un líquido que al contacto con el aire iban formando como
estalactitas que flotaban en todas direcciones.
Observe que la punta de una de
sus alas, estaba encajada en una grieta del gran barranco, inmovilizando
totalmente aquel gran ser o lo que fuere. Le pregunté ¿Cómo te ha ocurrido esto
teniendo tanto poder? Uno de vuestros satélites me rozó justo cuando un viento
interestelar azotaba la zona por donde yo navegaba, tenía prácticamente todos
los circuitos en descanso y no me dio tiempo a accionarlos así que caí en
picado, y justo cuando me iba a estrellar recuperé mis instrumentos, pero no me
dio tiempo a retomar el rumbo hacia arriba plegando mis alas y por ello la
punta de mi ala se encajó en la grieta.
Como ya te he dicho mi
circuito principal está en esa punta ahora atrapada. Ahora tú me vas ayudar
tira de esa especie de burbuja hacia arriba, como comprobarás no tienes que
hacer fuerza, ¡de pronto! Me vi en el interior de aquella cosa todo era de un
material inusual para mí, no lo podría valorar ni describir, la panorámica desde
este interior era de ciento ochenta grados, todo cuanto me rodeaba lo tenía al
alcance de la mano era una sensación única.
El gran barranco era una
pasada, nadie jamás lo había visto como yo lo veía ahora, era un cúmulo de
belleza, donde los claros oscuros se sucedían en cadena jugando con la
vegetación que se escondía entre las oquedades, para aparecer con formas y
colores inimaginables, completándose esto con insectos mariposas, gusanos y un
sinfín de vida de extrañísimas formas y colores, toda esta visión que se
aparecía ante mi como una pantalla panorámica bien podría pertenecer a otro
planeta. El Ángel del Cosmos me dijo: Todo esta maravilla forma parte de la
madre tierra pero son tesoros que los quiere para ella sola, entonces me
fijé más determinadamente, pude ver el
gran filón de oro en forma de una gigantesca veta que bajaba hasta el fondo del
barranco, pero además también había minerales como el ámbar ónice ágata carbono
cristalizado del más puro cristal, formando unas piezas enormes siendo los
diamantes más grandes que jamás el hombre pudiera ver en su estado natural. Había como
para acabar con el hambre en todo el planeta, sin embargo eso siempre
permanecería allí .
El Ángel me sacó de mi
éxtasis, ya has mirado bastante toda esta belleza, pero el tiempo nos acucia
recuerda que el futuro de la tierra está en tus manos. Vamos coge esos mandos
del lado del haz de luz naranja, ahora gira el rombo, apunta por donde marca el
circulo negro y aprieta. Así lo hice y la hendidura donde estaba atrapada la
punta del ala se derritió como mantequilla.
¡De pronto! una explosión de
luz multicolor iluminó todo el barranco así como el cielo. Quedo todo a merced
de aquella potente fosforescencia, saliendo a gran velocidad de aquella gran masa de
naturaleza. Yo iba en la gran bola, la velocidad se fue aminorando hasta
quedarse parado suspendido en el aire. De debajo de la esfera inferior salieron
millones de espirales doradas a gran velocidad, junto a unos círculos
impetuosisimos de color de plata que se fusionaron en un baile de aceleraciones de vértigo, formando una gran
bola. Me estaba mareando, la vista se me nublaba todo funcionaba tan rápido que
mi cuerpo no estaba preparado para estos cambio tan bruscos y fulminantes.
Estaba a punto de desmayarme, cuando apareció mi amigo y con voz suave me habló
de tal forma que el mareo desapareció. Me quedé asombrado. salió por un lateral
de una de las alas, se deslizó hacia el centro de la gran bola y se colocó a mi
altura, mediría un metro o, así, su cabeza era oval, su cuerpo tenía forma de
tuvo pero era gelatinoso, de donde salían unos apéndices en forma de estrella,
me asusté, se rió de mí y me dijo: ¡mira! Miré fuera de la nave y vi ascender
millones de canicas de cristal que se iban haciendo más y más grandes colocándose
sobre una materia verde viscosa, formando una malla, con un volumen inusual,
esto cubrió toda la estratosfera, de pronto una gran sacudida movió aquella
gran masa viscosa llena de canicas que salieron como obuses hacia el racimo de
meteoritos que estaban ya muy cerca de la tierra. El Ángel a su vez con su
potente artefacto apuntó hacia los meteoritos , y a velocidad supersónica nos dirigimos
hacia ellos. Las canicas ya los habían fraccionado bastante, pero aún eran un
peligro para la tierra, así que sacando un gran chorro de alguna parte de la
nave y no sé de qué estaba compuesto lo único que yo vi es que trituró a la
gran masa, los trozos que cayeron a la tierra fueron rebotados por las grandes
velas colocadas estratégicamente, pero que sin la ayuda del Ángel del
Cosmos, hubiera sido un fracaso, ya que
no hubiesen soportado el calor ni la velocidad. Él había enfriado los meteoritos y a su
vez había reducido su velocidad, para que las grandes velas cumplieran su
cometido.
En pocos minutos todo había
desaparecido, el firmamento habían vuelto a su estado natural y la tierra
quedaba libre de toda hecatombe.
Todos los dirigentes del mundo
así como los científicos y personalidades de todo el planeta vieron al gran
Ángel del Cosmos y como no podían decir lo que habían visto inventaron historias, para dar una explicación coherente. Pues al
principio creyeron que era un extraterrestre venido de algún planeta lejano, y
que lo que quería era invadirnos con su gran máquina en forma de alas
parecidas a las que se le pintan a los ángeles del cielo.
Se quedaron anonadados cuando
descubrieron su poder, comprobando que no fue usado para atacar a la tierra
sino para defenderla, para que siguiese su rotación con su luna y ese astro rey
llamado sol que alimente al planeta azul.
Entonces el Maese del Cuzco llamado
Fardú dijo: hace muchos siglos mi ancestros hablaron y escribieron sobre un ser
especial venido del espacio que libró a la tierra de volver a quedar destruida
como en la era de los dinosaurios, y ahora este ser ha vuelto; es el Guardián
del Cosmos, llamado también el Ángel del Cosmos.
Yo tengo que deciros que
intimé con el él, me llevó por la Vía láctea
en un paseo de pocos segundos, pero está será otra historia.
Regresé al pie de la montaña, cogí mis bártulos y volví a mi casa que ahora es la luna, aunque en la tierra tengo mi pisito. La
luna después de cada aventura siempre me espera impaciente para que la cuente
los detalles, estaba cansado y ya había visto y vivido bastantes aventuras. Mi
nuevo amigo no tenía nombre así que se lo puse yo, le hizo mucha gracia, le
llamé Cancor, este me dio un nuevo artilugio con el que me podía transportar
sin necesidad de mi sidecar, aunque este no lo iba a dejar, me gustaba la sensación
de ir por el espacio en él.
La luna y yo contemplamos la
hermosura del planeta azul, a pesar de lo poco que le cuidamos es una auténtica
maravilla, y encierra secretos que solo nosotros conocemos, y no revelaremos.
Fin
A.R.G.