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lunes, 26 de marzo de 2012

VADA VEGA DE LIEBANA CANTABRIA ESPAÑA

Vada (Vega de Liébana) De Wikipedia, la enciclopedia libre


País España

• Com. autónoma Cantabria

• Provincia Cantabria

• Municipio Vega de Liébana

Ubicación 43°5′23″N 4°40′33″O / 43.08972, -4.67583Coordenadas: 43°5′23″N 4°40′33″O / 43.08972, -4.67583

• Altitud 550 msnm

• Distancias 126 km a Santander

2 km a La Vega



Población 13 hab. (INE 2008)

• Densidad n/d hab./km²

Código postal 39577





Vada es una localidad perteneciente al municipio de Vega de Liébana (Cantabria, España). Está situado a 550 metros de altitud, en el centro de un valle donde confluyen tres arroyos. Dista dos kilómetros de la capital municipal, La Vega. En 2008 tenía una población de 13 habitantes (INE). En el siglo XIX aparecía escrito como Bada. La iglesia parroquial, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Piedad, es un templo de una nave y espadaña de la mampostería románica, del siglo XIII. Hay aquí unos molinos que represan el agua. En algunas casas de esta localidad están los escudos de armas de Bustamante, De la Lama y Cossío.
PEQUEÑO RECORRIDO POR TODA LA ZONA

El actual ayuntamiento de Vega de Liébana está formado por las entidades de población siguientes: Valmeo, Tudes, Tollo, Vega de Liébana, Toranzo, Campollo, Bárago, Dobres, Vada, Pollayo, Villaverde, Ledantes, Barrio, Bores, Enterrías, Dobarganes y Vejo, con sus respectivos barrios.




Iniciando la ruta hacía el municipio y, después de salir de Potes, el primer pueblo que encontramos es Valmeo.



Valmeo comienza a formar parte de la historia de la comarca lebaniega, cuando, en el año 951, Vistrilli dona varias heredades al Monasterio de Santo Toribio, citando a Baldomedio, que era el nombre como se conocía antiguamente a la población.



La iglesia parroquial está situada en el barrio de La Iglesia, en un altozano que domina al pueblo. La puerta de entrada presenta un arco de medio punto y alfiz de bolas y la espadaña se encuentra a los pies, con dos cuerpos y tres vanos. En el barrio de san Andrés existen las edificaciones de dos fraguas y el solar derruido de otra; en ésta última, parece que existió una fábrica de reparación de cañones en el año 1810, durante la Guerra de la Independencia. En este barrio también se encuentra la ermita de San Andrés. Desde Valmeo se iba por un camino de carro, denominado La Vega, hasta el pueblo de Campollo.



Continuamos recorriendo el valle y junto a la carretera, está el caserío de Naroba, barrio del pueblo de Tollo, a orillas del río Quiviesa. En el año 818 hay un pacto monástico formando un monasterio dúplice denominado San Pedro y San Pablo, que debió de tener vida efímera. Desde una carretera a la izquierda de Naroba, y contemplando varios olivos, ascendemos hacia los pueblos de Tollo y de Tudes. Tollo es topónimo preindoeuropeo y la primera noticia la encontramos en el año 1052. En la Edad Media era solar de Pero González Orejón.



A Tudes se llega contemplando una magnífica panorámica del macizo Oriental de Picos de Europa. Su población sufrió una importante emigración, principalmente a Guatemala, durante los años 60. La iglesia parroquial se encuentra a la entrada del pueblo. La capilla mayor tiene bóveda de crucería y el arco triunfal y el de la nave son de medio punto. La espadaña es popular. Parece que el edificio es del siglo XVI y la talla más antigua es una de San Sebastián de dicho siglo. Hay una pequeña talla de Santiago peregrino. Después de recorrer el tipismo que se conserva en sus calles continuamos camino hasta el barrio de Porcieda, ya sin población, con su ermita de la Virgen de las Nieves. En el camino que conduce a Potes se ven las impresionantes ruinas del convento de Tresantiago, cerca de una campera y dominando el barrio y el valle donde se asienta el pueblo de Valmeo.



Antes de llegar a Vega de Liébana, capitalidad del municipio, una carretera a la derecha nos conducirá a los pueblos de Campollo, con su barrio de Maredes, y a Toranzo. Campollo está documentado desde el año 961 y en el siglo XIV es de don Tello, señor de Liébana. Conserva una iglesia reconstruida e inaugurada en 1900, que se encuentra en la salida del pueblo en dirección a Maredes. Contiene imágenes en su interior de los siglos XVI y XVII. En las cercanías está la ermita de Santa Justa, dominado el pueblo. Es edificación del siglo XV, con retablo del XVII. Todos los años los vecinos acuden a venerar a la Santa el día de su advocación. A través de una pista podemos acceder a la Majada Nueva (1.102 metros), Palmedián (1.308 metros) y Los Corros (1.368 metros), con magníficos restos megalíticos de los pueblos pastoriles que vivieron en estas alturas.



Antes de llegar al barrio de Maredes, encontramos la ermita de la Magdalena. Desde Maredes se llega muy cómodamente al monte de la Viorna, maravilloso mirador de Liébana y Picos de Europa.



El pueblo de Toranzo, en la otra vertiente del valle, se cita desde el año 961. La iglesia parroquial tiene en su interior una antiquísima pila bautismal e imágenes de los siglos XVII y XVII. En el pueblo hubo molino y fragua y en una vivienda del barrio más alto se contemplan sobre la fachada de una casa escudos de armas de Estrada y Toranzo



Regresamos al valle y continuando por la carretera general que conduce al puerto de San Glorio llegamos a Vega de Liébana, capitalidad del municipio, donde además del Ayuntamiento hay una completa variedad de servicios y amplia oferta hostelera, pista polideportiva y bolera.



Antiguamente, la población se denominó San Vicente de Pujayo y la iglesia parroquial se encontraba en las cercanías del actual cementerio parroquial. Su barrio de Pujayo, a la entrada de la población, dio origen al nombre del concejo; además, tenía cerca de éste el barrio de Prado, ya desaparecido.



Desde Vega de Liébana cogemos la carretera que acaba en el pueblo de Dobres. Debajo del actual cementerio una pareja de la guardia civil abatió a tiros a Juanín, uno de los más famosos emboscados de la postguerra española, en el año 1957.



Pasamos junto al puente que conduce a Señas y Valcayo, poblaciones que forman parte del concejo de Vega de Liébana. En Valcayo se conserva la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, con retablo fechado en el año 1750. Continuamos hacia Dobres y pasamos junto al desaparecido barrio de La Lama, a la izquierda de la carretera, donde aún se ven los restos de la casa solariega de García González Orejón de la Lama.



Llegamos a Soberado que forma parte del concejo de Bárago, teniendo noticias de la población desde el año 929. Hay una tradición sobre la aparición de una Virgen en el lugar de Valdarria, por encima del pueblo, donde hubo una iglesia. Lo cierto es que la imagen central del retablo de la iglesia es de Nuestra Señora de Arria, del siglo XVI. Desde estos pueblos se transportaban en carros las manzanas para venderlas en los pueblos palentinos de Lores, Vidrieros y Triollo.



Desde Soberado nos acercamos a Bárago, población muy repartida y diseminada, que cuenta con iglesia parroquial reedificada en el año 1899, con magníficas tallas populares. En el barrio del medio está situada la ermita de san Roque, recientemente restaurada.



Una espectacular carretera que discurre a través de sinuosas curvas nos lleva hasta el pueblo de Dobres, donde el viajero deberá atravesar dos túneles perforados en la roca y que se concluyeron el año 1949, en un paraje donde el contraste entre la caliza, los verdes prados y los puertos de alta montaña, ponen al turista en contacto directo con la naturaleza. Las edificaciones aún conservan el tradicional tipísmo. Dobres y su barrio de Cucayo están declarados bien de interés cultural con categoría de conjunto histórico.



Regresamos de nuevo a Vega de Liébana y continuando la ruta hacia San Glorio nos adentramos en Vada, donde en su iglesia parroquial se venera la Virgen de la Piedad, de gran devoción entre los vecinos de todo el valle. En Vada podemos contemplar el antiguo molino, rincón de pintores; los edificios tradicionales y viejos aperos de labranza que dan a la población un encanto peculiar. Desde Vada una carretera nos lleva a Pollayo. Antes de llegar al pueblo aún se contemplan restos de sepulturas medievales descubiertas al abrir la carretera. Sobre la puerta de la entrada a la iglesia hay un magnífico escudo con las armas de Mendoza, de la Vega y Luna, estirpe de la cual procedía el Duque del Infantado.



Otra carretera desde Vada nos lleva por la derecha a los pueblos de Villaverde y de Ledantes y, por la izquierda, al pueblo de Barrio. Villaverde tiene en el interior de su iglesia una inscripción romana con varias tallas, además de conservar pinturas populares, y Ledantes conserva la pisa o batán más antigua de España, que servía para enfurcir el tejido que llegaba de forma tosca desde los telares de la comarca. En el interior de la iglesia, aparecieron importantes pinturas renacentistas. En Ledantes y Barrio, los vecinos partían los prados de los puertos de Riofrío, donde llevan los ganados a pastar durante la época estival. El pueblo de Barrio se encuentra al otro lado de la Peña de Socastillo, que domina el centro del pequeño valle. Tiene tres barrios escalonados: Hondón, Otero y, Hazas. Antes de llegar al barrio de Hondón se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la O, de gran antigüedad. La iglesia está en el barrio de Otero, conservando tallas populares y una antiquísima pila bautismal. En el barrio de Hazas está la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, propiedad de la familia Campillo y mandada construir en el siglo XVIII. Desde éste barrio, comienza la ruta que conduce a los puertos de alta montaña de Pineda y de Riofrío.



Regresamos a Vada y pasamos junto al pueblo de Bores, citado desde el siglo IX y donde en un muro exterior de su iglesia aparecen los restos del fragmento de una estela. En el barrio de Campo hay dos torres medievales, símbolo de las luchas de la nobleza. El Marqués de Santillana inmortalizó en sus Serranillas a una joven de Bores de la cual quedó prendado por su belleza: "Moçuela de Bores, allá do la Lama, púsome en amores". La tradición oral aún recuerda las andanzas del Marqués por las calles del pueblo lebaniego.



Continuamos el camino hacia el puerto de San Glorio y pasamos junto al pueblo de Enterrías, donde desde el siglo XIII se cita el Monasterio de san Pedro de Montero. En la iglesia hay una ventana mozárabe que pudo ser de dicho monasterio. Cerca del pueblo, los vecinos cuentan con un embalse; el de la Tejera, con una capacidad de 30.000 m3 y que se utiliza para regar las praderías.



Desde Enterrías llegamos a Dobarganes, citada desde el siglo XII y que perteneció a la Duquesa del Infantado. Desde Llan de la Peña, encima del pueblo, hasta Pico Jano, mirador de los Picos de Europa, pasando por el embalse de la Tejera, calculado para regar 500 hectáreas de pradería, podemos observar restos de construcciones del importante pasado de la población, encontrándose desde objetos de silex del periodo mesolítico hasta restos megalíticos.



El último pueblo del municipio es Vejo, que se encuentra en una hondonada a la izquierda de la carretera. Hay cinco barrios: Ongayo, Valcayo, Dobares, La Vega y, el Arroyo. La iglesia parroquial se encuentra en el barrio de Ongayo y fue edificada en 1950 con ayuda de los indianos residentes en Cuba, naturales de dicho pueblo. En Dobares estuvo la ermita de San Clodio. Antiguamente hubo en el lugar de Manzanedo otra iglesia. La escuela se construyó en el año 1920 a expensas de los indianos y se encuentra en el barrio de Valcayo. En Vejo se mantiene la tradición de segar cada año los vecinos el prado comunal de San Glorio, sorteando las parcelas.



Antes de llegar a San Glorio podemos contemplar una magnífica panorámica de todo el valle de Cereceda desde el mirador del Corzo, junto a la carretera, donde hay una talla de uno de los animales más representativos de la fauna de la comarca. Llegamos a lo alto del puerto de San Glorio (1.609 metros) y una pista a la derecha nos lleva hasta el mirador de Llesba, junto a un monumento dedicado al oso, señor de los bosques lebaniegos. El recorrido por el valle concluye con una maravillosa panorámica que desde éste lugar se ofrece del Valle de Liébana y de los Picos de Europa.


 






 
 
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 25 de marzo de 2012

PUERTO DE PIEDRAS LUENGAS CANTABRIA ESPAÑA

El Puerto de Piedrasluengas (1 355 m.) es un paso de montaña entre la provincia de Palencia y Cantabria, que cruza la Cordillera Cantábrica, uniendo las localidades de Cervera de Pisuerga y Potes, que distan entre sí 56,2 km, alcanzando una altitud máxima de 1 390 msnm, a través de la carretera denominada CL-627 para Castilla y León y CA-184 para Cantabria.


Luengo, del latín longus, que significa vasto o grande, por lo que se puede interpretar "de piedras grandes".

[editar] Localización

Bosque de hayas en las estribaciones del Puerto de Piedrasluengas
Mirador situado en el alto del puerto, y vista panorámica del Valle de Liébana.
De Sur a Norte, aunque la ascensión propiamente dicha no comienza hasta unos km. más adelante, se suele considerar que comienza en Cervera de Pisuerga (Palencia), a 1.005 msnm por la carretera CL-627, alcanzando su máxima altitud a 1390 msnm, exactamente en el punto 43°02′45″N 4°27′05″O, y finaliza pocos km. antes de la villa cántabra de Potes, a 291 msnm, tras recorrer 56,2 km.

[editar] Historia

Su recorrido coincide con el de la calzada romana del Burejo, que partía desde Pisoraca y atravesaba por este paso la Cordillera Cantábrica. El valle formado por el río Bullón sirve de paso natural para atravesar las montañas, y paralela a éste transcurre buena parte del recorrido. Algunos estudios1 sostienen que este paso fue el utilizado por una de las tres columnas del Imperio romano que llevaron a cabo la definitiva campaña contra los cántabros.

[editar] Descripción de la ruta

De los 40,8 km. de que consta el puerto propiamente dicho, 15,3 km. están en la parte palentina, y 25,5 en la cántabra. Comenzando, de S a N, en San Salvador de Cantamuda, a 1.100 msnm, atravesando las poblaciones palentinas de Areños, Camasobres y Piedrasluengas, y las cántabras de Valdeprado, Pesaguero, Puente Asnil, Cabezón de Liébana y Frama, para llegar a Ojedo, a 300 msnm. La parte palentina salva, pues, un desnivel de 290 m. y la cántabra, de 1090 m. La cima del puerto se encuentra en la provincia de Palencia, a unos km. del límite provincial.

[editar] Características

Panorámica de Liébana, con Picos de Europa y Peña Sagra al fondo, desde lo alto del puerto.

PUERTO DE LA BRAGUIA CANTABRIA ESPAÑA

Alto del Caracol-Picones de Sopeña-Puerto de la Braguía

(Cantabria)



La ruta parte del Alto del Caracol, a donde llegamos desde Selaya por la carretera comarcal que se dirige a San Roque de Riomiera o al Puerto de Lunada. Conviene prevenir que la ruta finaliza en un punto muy alejado para regresar a pie.
Este paso se conoce también como "el Monjón", que no es sino una derivación del término mojón, referencia utilizada antaño como límite entre distintos términos.
Ascendemos hacia el Sur por una pista que accede al alto de Coterotejo (1051 m.). Durante media hora caminaremos, siempre en ascenso, entre brañas o pastos de altura y algunas cabañas en buen estado que atestiguan su uso estacional. El Alto de Coterotejo, que alberga un repetidor de comunicaciones, constituye un excelente mirador sobre el valle, casi mil metros por encima de la plana aluvial. Desde aquí, y tras un breve descenso, ascendemos de nuevo hacia el Sureste por una canal herbosa de acusada pendiente. Caminamos, ya en la vertiente al Miera sobre el sustrato calcáreo que forma la culminación de estos relieves. Se trata de un amplio lapiaz en el que alternan formas irregulares de origen kárstico. Después atravesamos una sucesión de pequeñas cumbres y collados, siempre entre los 1000 y 1200 metros. Son Cerro Crespo, el Picón de la Bayorga Honda y el Pico del Haya, más conocidos como los Picones de Sopeña.
La única dificultad del recorrido surge en el momento de cambiar de rumbo hacia el Oeste. Se trata de descender desde el cordal entre el Picón de la Bayorga Honda y el Picón del Haya hasta la Llana de Perocapillo. Es fácil intuir el camino pues no hay otra posibilidad. Se salva un desnivel importante en pocos metros, atravesando una ladera con vegetación rala e irregular. Hay que descender por ella apoyándose con las manos para no perder el equilibrio. El resto del recorrido no presente dificultad alguna, caminaremos por el cordal divisorio entre el Pas y el Pisueña siguiendo el trazado de un antiguo cortafuegos.
La ruta finaliza en el Alto de la Braguía, a 720 metros de altitud, por donde circula la carretera comarcal que une Selaya con la Vega de Pas.

PUERTO DE LA BRAGUIA CANTABRIA ESPAÑA VEGA DE PAS

peazo vistas!!!
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y subiedo un poco mas arriba...

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despues de comer los bocatas, sesion de fotos!!!

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PUERTO DE PALOMBERA CANTABRIA ESPAÑA

Puerto de Palombera

Nos despedimos de Campoo para subir y bajar este precioso puerto de Palombera, que por sí solo compensa un tránsito por estas tierras. Es una delicia en sí mismo: sus paisajes, sus praderas, sus hayedos, su carteles, sus quitamiedos de madera...

Es necesario recorrerlo sin prisa, con un poco de suerte podréis parar en el mirador de La Cardosa.
E intuir el fragor del Pozo del Amo, punto en el que el incipiente rio Saja Se encuentra con la carretera.

ESTACAS DE TRUEBA CANTABRIA ESPAÑA

Puerto de Las estacas de Trueba

Una opción para continuar ruta desde Lunada es bajar hasta Las Machorras y retroceder por el Puerto de Estacas de Trueba.

Al pasar la cumbre podemos ver la pirámide de Castro Valnera.

En este punto se abra un nuevo paisaje espectacular, similar al de la Lunada en cuanto a paisaje o vegetación, pero formando un valle mucho más cerrado.


En la parte baja la vegetación arbolada va siendo mayor. Vemos la estación de Yera, del malogrado Santander-Mediterráneo, en un precioso bosquete. Esta estación no se llegó a usar nunca.

Desde aquí, podemos remontar a pie los aproximadamente 3 kilómetros que llevan hasta la boca norte del túnel de La Engaña, siguiendo un valle anexo que aparece en la siguiente imagen.
Otra imagen más de la parte baja, ya cerca de Vega de Pas.

SARASATE VIOLINISTA ESPAÑOL

Pablo de Sarasate




(Martín Melitón Sarasate; Pamplona, 1844 - Biarritz, 1908) Compositor y violinista español. Dio su primer recital de violín a los 7 años y, posteriormente, estudió con Rodríguez Sáez en Madrid, donde fue presentado a la familia real. Bajo la protección de Isabel II en 1856, inició sus estudios en París con Alard y al año siguiente ganó el Primer Premio de Violín. Emprendió su carrera internacional en 1859, consiguió grandes éxitos y fue objeto de dedicatorias por parte de grandes músicos de la época, como Bruch (Concierto nº 2 y Fantasía escocesa), Saint-Saëns (Introducción y rondó caprichoso y Primer y Tercer Concierto), y Dvorák (Mazurek).



En su repertorio, además de las obras escritas para él por grandes compositores, incluía conciertos de Beethoven, Mendelssohnn y Mozart, así como sonatas, en una época en que los violinistas preferían las piezas virtuosas de salón. Pero rechazaba interpretar el Concierto de Brahms por ser obra del repertorio de su rival Joachim. Pese a ser un virtuoso, también tocaba música de cámara en cuartetos, quintetos y sextetos. En 1860 formó un cuarteto con Turban, Wesfelghem y Delsart, que tocaba especialmente música de Brahms en una época en la que era rechazada en los países latinos.



Además de por su gran técnica, destacó por la pureza y dulzura del sonido, inaugurando un nuevo tipo de violinista frente a la escuela de Joachim. Como compositor se basó a menudo en aires populares españoles, y puede considerársele un antecedente de la escuela nacionalista española. En su obra se incluyen títulos como Aires gitanos (1878); Serenata andaluza (1883); Introducción y capricho-jota (1899), Melodía rumana (1902) y Becas música profesional www.fundacionmusicacreativa.com


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Madrid 25 marzo 2012. Entrada libre Coral Cristóbal de MoralesBarcarola veneciana (1902).

QUEVEDO ESCRITOR DEL S.DE ORO MADRID ESPAÑA

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, conocido como Francisco de Quevedo (Madrid, 14 de septiembre de 15801Villanueva de los Infantes, 8 de septiembre de 1645), fue un escritor español del Siglo de Oro. Se trata de uno de los autores más destacados de la historia de la literatura española y es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras narrativas y obras dramáticas.
Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago.

Biografía

Quevedo, extraído de Lutero: asunto tomado de un sueño del infierno de Quevedo, del pintor catalán Francisco Sans Cabot.
Quevedo nació en Madrid en el seno de una familia de hidalgos provenientes de la aldea de Vejorís (Santiurde de Toranzo), en la montaña de Cantabria.2 3 Fue bautizado en la parroquia de San Ginés el 26 de septiembre de 1580. Su infancia transcurrió en la Villa y Corte, rodeado de nobles y potentados, ya que sus padres desempeñaban altos cargos en Palacio. Su madre era dama de la reina, y su padre era el secretario de la hermana del rey Felipe II, María de Austria. Huérfano a los seis años, pasó a estudiar en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, en lo que hoy es el Instituto de San Isidro de Madrid.4 Estudió Teología en Alcalá, sin llegar a ordenarse, y lenguas antiguas y modernas. Durante la estancia de la Corte en Valladolid parece ser que circularon los primeros poemas de Quevedo, que imitaban o parodiaban los de Luis de Góngora bajo seudónimo (Miguel de Musa) o no, y el poeta cordobés detectó con rapidez al joven que minaba su reputación y ganaba fama a su costa, de forma que decidió atacarlo con una serie de poemas; Quevedo le contestó y ese fue el comienzo de una enemistad que no terminó hasta la muerte del cisne cordobés, quien dejó en estos versos constancia de la deuda que Quevedo le tenía contraída:5
Musa que sopla y no inspira
y sabe que es lo traidor
poner los dedos mejor
en mi bolsa que en su lira,
no es de Apolo, que es mentira.
Quevedo también se aproximó a la prosa escribiendo como juego cortesano, en el que lo más importante era exhibir ingenio, la primera versión manuscrita de una novela picaresca, La vida del Buscón, y un cierto número de cortos opúsculos burlescos que le ganaron cierta celebridad entre los estudiantes y de los que habría de renegar en su edad madura como travesuras de juventud; igualmente por esas fechas sostiene un muy erudito intercambio epistolar con el humanista Justo Lipsio, deplorando las guerras que estremecen Europa, según puede verse en el Epistolario reunido por Luis Astrana Marín. Hacia 1604 intenta explorar nuevos caminos métricos creando un libro de silvas que no terminó, a imitación de las de Publio Papinio Estacio, combinando versos de siete y once sílabas libremente.
Vuelta la Corte a Madrid, arriba a ella Quevedo en 1606 y reside allí hasta 1611 entregado a las letras; escribe cuatro de sus Sueños y diversas sátiras breves en prosa; obras de erudición bíblica como su comentario Lágrimas de Jeremías castellanas; una defensa de los estudios humanísticos en España, la España defendida; y una obra política, el Discurso de las privanzas, así como lírica amorosa y satírica. Se gana la amistad de Félix Lope de Vega (hay numerosos elogios a Quevedo en los libros de Rimas del Fénix y Quevedo aprobó las Rimas humanas y divinas, de Tomé Burguillos, heterónimo del Fénix), así como de Miguel de Cervantes (se le alaba en el Viaje del Parnaso del alcalaíno y Quevedo corresponde en la Perinola), con quienes estaba en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento; por el contrario, atacó sin piedad a los dramaturgos Juan Ruiz de Alarcón, cuyos defectos físicos le hacían gracia (era pelirrojo y jorobado), siendo él mismo deforme, así como Juan Pérez de Montalbán, hijo de un librero con el que Quevedo tuvo ciertas disputas. Contra este último escribió La Perinola, cruel sátira de su libro misceláneo Para todos. Sin embargo, el más atacado sin duda fue Luis de Góngora, al que dirigió una serie de terribles sátiras acusándole de ser un sacerdote indigno, homosexual, escritor sucio y oscuro, entregado a la baraja e indecente. Quevedo, descaradamente, violentaba la relación metiéndose hasta con su aspecto (como en su sátira A una nariz, en la que se ensaña con el apéndice nasal de Góngora, pues en la época se creía que el rasgo físico más acusado de los judíos era ser narigudos). En su descargo, cabe decir que Góngora le correspondió casi con la misma violencia. Por entonces estrecha una gran amistad con el grande Pedro Téllez-Girón, el Gran Duque de Osuna, al que acompañará como secretario a Italia en 1613, desempeñando diversas comisiones para él que le llevaron a Niza, Venecia y finalmente de vuelta a Madrid, donde se integrará en el entorno del Duque de Lerma, siempre con el propósito de conseguir a su amigo el Duque de Osuna el nombramiento de virrey de Nápoles, lo que al fin logrará en 1616.
Vuelto a Italia de nuevo con el Duque, éste le encargó dirigir y organizar la Hacienda del Virreinato, desempeñando otras misiones, algunas relacionadas con el espionaje a la República de Venecia, aunque no directamente como se ha creído hasta hace poco, y obtiene en recompensa el hábito de Santiago en 1618.
Caído el grande Osuna, Quevedo es arrastrado también como uno de sus hombres de confianza y se le destierra en 1620 a la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), cuyo señorío había comprado su madre con todos sus ahorros para él antes de fallecer. Los vecinos del lugar, sin embargo, no reconocieron esa compra y Quevedo pleiteará interminablemente con el concejo, si bien el pleito sólo se resolverá a su favor tras su muerte, en la persona de su heredero y sobrino Pedro Alderete. Llegado allí a lomos de su jaca «Scoto», llamada así por lo sutil que era, como cuenta en un romance, y aislado ya de las tormentosas intrigas cortesanas, a solas con su conciencia, escribirá Quevedo algunas de sus mejores poesías, como el soneto «Retirado a la paz de estos desiertos...» o «Son las torres de Joray...» y hallará consuelo a sus ambiciones cortesanas y su desgarrón afectivo en la doctrina estoica de Séneca, cuyas obras estudia y comenta, convirtiéndose en uno de los principales exponentes del neoestoicismo español. Completa el número de sus Sueños y redacta tratados políticos como Política de Dios, morales como Virtud militante y dos sátiras extensas: Discurso de todos los diablos y La hora de todos. Tomó parte muy activa en la controversia sobre el patronato de España con dos obras: Memorial por el patronato de Santiago y Su espada por Santiago, 1628. La cuestión se había suscitado cuando una reforma del Breviario Romano en el siglo XVII no citó la predicación y enterramiento de Santiago en España, lo que provocó un cruce de cartas y presiones que duró treinta y dos años hasta conseguir su revocación; el asunto se reavivó cuando se pretendió otorgar el patronazgo de España a santa Teresa de Jesús, lo que acabó por convertirse en una auténtica batalla de intelectuales en pro de una u otro, y Quevedo, bastante misógino, se inclinó por el santo guerrero Santiago.
La entronización de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la política y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Quevedo acompaña al joven rey en viajes a Andalucía y Aragón, algunas de cuyas divertidas incidencias cuenta en interesantes cartas. Por entonces denuncia sus obras a la Inquisición, ya que los libreros habían impreso sin su permiso muchas de sus piezas satíricas que corrían manuscritas haciéndose ricos a su costa. Quevedo quiso asustarlos y espantarlos de esa manera y preparar el camino a una edición definitiva de sus obras que nunca llegó a aparecer. Por otro lado, lleva una vida privada algo desordenada de solterón: fuma mucho, frecuenta las tabernas (Góngora le achaca ser un borracho consumado y en un poema satírico se le llama don Francisco de Quebebo) y frecuenta los lupanares, pese a que vive amancebado con una tal Ledesma. Sin embargo, es nombrado incluso secretario del monarca, en 1632, lo que supuso la cumbre en su carrera cortesana. Era un puesto sujeto a todo tipo de presiones: su amigo, el Duque de Medinaceli, es hostigado por su mujer para que lo obligue a casarse contra su voluntad con doña Esperanza de Mendoza,6 señora de Cetina, viuda y con hijos, y el matrimonio, realizado en 1634, apenas dura tres meses. En contrapartida, son años de una febril actividad creativa. En 1634 publica La cuna y la sepultura y la traducción de La introducción a la vida devota de Francisco de Sales; de entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las cuatro fantasmas, la segunda parte de Política de Dios, la Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu o la Carta a Luis XIII. En 1635 aparece en Valencia el más importante de uno de los numerosos libelos destinados a difamarle, El tribunal de la justa venganza, erigido contra los escritos de Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y protodiablo entre los hombres.
En 1639, con motivo de un memorial aparecido bajo la servilleta del Rey Sacra, católica, cesárea, real Majestad..., donde se denuncia la política del Conde-Duque, se le detuvo, se confiscan sus libros y, sin apenas vestirse, es llevado al frío Convento de San Marcos en León hasta la caída del valido y su retirada a Loeches en 1643. En el monasterio Quevedo se dedicó a la lectura, como cuenta en la Carta moral e instructiva, escrita a su amigo, Adán de la Parra, pintándole por horas su prisión y la vida que en ella hacía:
Desde las diez a las once rezo algunas devociones, y desde esta hora a la de las doce leo en buenos y malos autores; porque no hay ningún libro, por despreciable que sea, que no tenga alguna cosa buena, como ni algún lunar el de mejor nota. Catulo tiene sus errores, Marcus Fabius Quintilianus sus arrogancias, Cicerón algún absurdo, Séneca bastante confusión; y en fin, Homero sus cegueras, y el satírico Juvenal sus desbarros; sin que le falten a Egecias algunos conceptos, a Sidonio medianas sutilezas, a Ennodio acierto en algunas comparaciones, y a Aristarco, con ser tan insulsísimo, propiedad en bastantes ejemplos. De unos y de otros procuro aprovecharme de los malos para no seguirlos, y de los buenos para procurar imitarlos.
Pero Quevedo había salido ya del encierro, en 1643, achacoso y muy enfermo, y renuncia a la Corte para retirarse definitivamente en la Torre de Juan Abad. Es en sus cercanías, y tras escribir en su última carta que «hay cosas que sólo son un nombre y una figura», fallece en el convento de los padres dominicos de Villanueva de los Infantes, el 8 de septiembre de 1645. Se cuenta que su tumba fue profanada días después por un caballero que deseaba tener las espuelas de oro con que había sido enterrado y que dicho caballero murió al poco en justo castigo por tal atrevimiento. En 2009, sus restos fueron identificados en la cripta de Santo Tomás de la iglesia de San Andrés Apóstol de la misma ciudad.7
Sus obras fueron muy mal recogidas y editadas por el humanista José Antonio González de Salas, quien no tiene empacho en retocar los textos, en 1648: El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas, pero es la edición más fiable; peor es la edición del sobrino de Quevedo y destinatario de su herencia, Pedro Alderete, en 1670: Las tres Musas últimas castellanas; en el siglo XX José Manuel Blecua las ha editado con rigor.
En 1663 se imprimió la primera biografía de Francisco de Quevedo, la de Pablo Antonio de Tarsia, abundante en anécdotas; posteriormente vendrán las de Aureliano Fernández Guerra en el siglo XIX, donde se le pinta como un hombre de estado, y la de Pablo Jauralde Pou en el siglo XX.

[editar] Análisis de su obra

 

Lo más original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo, vinculado al Conceptismo barroco y por lo tanto muy amigo de la concisión, de la elipsis y del cortesano juego de ingenio con las palabras mediante el abuso de la anfibología. Amante de la retórica, ensayó a veces un estilo oratorio lleno de simetrías, antítesis e isocola que lució más que nunca en su Marco Bruto. De léxico muy abundante, creó además muchos neologismos por derivación, composición y estereotipia y flexibilizó notablemente el mecanismo de la aposición especificativa en castellano («clérigo cerbatana, zapatos galeones...»), mecanismo que los escritores barrocos posteriores imitaron de él. En su sátira se acerca a veces a la estética del expresionismo al degradar a las personas mediante la reificación o cosificación, y la animalización. Se ha señalado, además, como un rasgo característico de su verso, la esticomitía, esto es, la tendencia a transformar cada verso en una sentencia de sentido completo, lo cual hace a sus poemas muy densos de significado, como era prioritario en su poética, radicada en los principios del conceptismo barroco.
La mayor parte de la producción poética de Quevedo es satírica, pero como ya apercibió el abate José Marchena sus sátiras están mal dirigidas y, aunque consciente de las causas verdaderas de la decadencia general, es para él más un mero ejercicio de estilo que otra cosa y se vierte contra el bajo pueblo más que contra la nobleza, en lo cual no tuvo el atrevimiento de, por ejemplo, el otro gran satírico de su época, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Cultivó también una fina lírica cortesana realizando un cancionero petrarquista en temas, estilo y tópicos, prácticamente perfecto en técnica y fondo, en torno a la figura de Lisi, que no hay que identificar como se ha querido con ninguna dama concreta, sino con un arquetipo quintaesenciado de mujer. Destacan sobre todo sus sonetos metafísicos y sus salmos, donde se expone su más íntimo desconsuelo existencial. La visión que da su filosofía es profundamente pesimista y de rasgos preexistencialistas. El cauce preferido para la abundante vena satírica de que hizo gala es sobre todo el romance, pero también la letrilla («Poderoso caballero es Don Dinero»), vehículo de una crítica social a la que no se le esconden los motivos más profundos de la decadencia de España, y el soneto. Abominó de la estética del Culteranismo cuyo líder, Luis de Góngora, fue violentamente atacado por Quevedo en sátiras personales. Contra la pedantería y obscuridad que le imputaba se propuso también editar las obras de los poetas renacentistas Francisco de la Torre y Fray Luis de León.
La poesía amorosa de Quevedo, considerada la más importante del siglo XVII, es la producción más paradójica del autor: misántropo y misógino, fue, sin embargo, el gran cantor del amor y de la mujer. Escribió numerosos poemas amorosos (se conservan más de doscientos), dedicados a varios nombres de mujer: Flora, Lisi, Jacinta, Filis, Aminta, Dora. Consideró el amor como un ideal inalcanzable, una lucha de contrarios, una paradoja dolorida y dolorosa, en donde el placer queda descartado. Su obra cumbre en este género es, sin duda, su «Amor constante más allá de la muerte».

[editar] Obra

Monumento a Quevedo en Madrid (A. Querol, 1902).

[editar] Obra literaria

[editar] Poesía

La obra poética de Quevedo, que está constituida por unos 875 poemas, presenta ejemplos de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral, heroica, circunstancial, descriptiva, religiosa y fúnebre. Aproximadamente, un 40% de sus textos son satíricos; si a ello se le añade el hecho de que muchos de ellos circularon públicamente en vida del autor a través de copias manuscritas, se explica la fama de crítico severo y mordaz de su época con que se conoce, en parte, a Quevedo.
La primera impresión de sus poemas tuvo lugar en 1605, en la antología conocida con el nombre de Primera parte de las flores de poetas ilustres de España. De forma póstuma, la mayor parte de sus poemas aparecieron publicados en dos obras: El Parnaso español (1648) y Las Tres Musas Últimas Castellanas (1670).

[editar] Prosa

[editar] Obras satírico-morales
  • Sueños y discursos, compuestos entre 1606 y 1623, circularon abundantemente manuscritos pero no se imprimieron hasta 1627. Se trata de cinco narraciones cortas de inspiración lucianesca donde se pasa revista a diversas costumbres, oficios y personajes populares de su época. Son, por este orden, El Sueño del Juicio Final (llamado a partir de la publicación de Juguetes de la niñez, la versión expurgada de 1631 El sueño de las calaveras), El alguacil endemoniado (redenominado El alguacil alguacilado), El Sueño del Infierno (esto es, Las zahúrdas de Plutón en su versión expurgada), El mundo por de dentro (que mantuvo su nombre siempre) y El Sueño de la Muerte (conocido como La visita de los chistes).
  • De la estirpe de los Sueños son dos llamadas «fantasías morales», el Discurso de todos los diablos y de La hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono jocoserio, aunque en su factura y creatividad superan a los Sueños:
    • Discurso de todos los diablos o infierno emendado (1628), publicado en algunas versiones como El peor escondrijo de la muerte y, a partir de 1631, en la versión expurgada en la que aparecen también los cinco Sueños con los títulos cambiados que se enumeran más arriba, con el título de El entremetido y la dueña y el soplón.
    • La hora de todos y la Fortuna con seso, variación sobre el tema del mundo al revés en que la Fortuna recobra el juicio y da a cada persona lo que realmente merece, provocando tan gran trastorno y confusión que el padre de los dioses debe volverlo todo a su primitivo desorden.
  • La novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626, pero existen tres versiones más de la obra con grandes divergencias textuales. El problema es complejo, pues todo parece indicar que Quevedo retocó su obra varias veces. La versión más antigua es el manuscrito 303 bis (olim Artigas 101) de la Biblioteca de Menéndez Pelayo a causa del cotejo de las variantes y la manera en que unos testimonios se agrupan frente a otros. La impresión de 1626 fue asumida, si no controlada, por Quevedo, según el propio autor declara en su memorial Su espada por Santiago (1628) y la sinceridad de sus palabras es confirmada por otros datos, así que en realidad no puede sostenerse que se hiciera sin permiso del autor. Pero esta versión no fue la última, pues don Francisco volvió sobre ella para retocar algunos pormenores narrativos, amplificar el retrato satírico de varios personajes secundarios y paliar las expresiones que juzgaron irreverentes o blasfemas los redactores de dos libelos antiquevedia­nos, el Memorial enviado a la Inquisición contra los escritos de Quevedo (1629) y El Tribunal de la Justa Venganza (1635). De estos retoques dan fe los otros manuscritos. El Buscón es un divertimento en que el autor se complace en ridiculizar los vanos esfuerzos de ascensión social de un pobre diablo perteneciente al bajo pueblo; para ello exhibe cortesanamente su ingenio por medio de un brillante estilo conceptista que degrada todo lo que toca cosificándolo o animalizándolo, utilizando una estética preexpresionista que se aproxima a Goya, Solana y Valle-Inclán y no retrocediendo ante las gracias más repugnantes. La caracterización apenas existe: se trata sólo de un vehículo para el lucimiento aristocrático del autor.
[editar] Obras festivas
  • Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras de los géneros burocráticos habituales en las cancillerías y que se aplican a temas grotescos.
  • Cartas del caballero de la Tenaza (1625), humorística descripción de las epístolas intercambiadas entre un caballero sumamente tacaño y su amante, que quiere sacarle dinero por cualquier medio.
  • Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
  • Gracias y desgracias del ojo del culo. Opúsculo jocoso sobre los placeres y las dolencias relativos a semejante órgano.

[editar] Teatro

No existe un catálogo definitivo de la obra teatral atribuible a Quevedo, y no solo por la dificultad de reconocer su autoría sino por las dificultades de considerar a algunos textos como teatrales. En cualquier caso, se consideran como seguras y plenamente teatrales las siguientes obras:9
  • la comedia Cómo ha de ser el privado y
  • los entremeses Bárbara, Diego Moreno, La vieja Muñatones, Los enfadosos, La venta, La destreza, La polilla de Madrid, El marido pantasma, El marión, El caballero de la Tenaza, El niño y Peralvillo de Madrid, La ropavejera y Los refranes del viejo celoso.
Además, se toman también en consideración diversos fragmentos de comedias perdidas, alguna loa y diez bailes.

[editar] Obra no literaria

[editar] Obras políticas

  • Política de Dios, gobierno de Cristo. Su primera parte fue escrita hacia 1617 (en la dedicatoria a Olivares, de 1626, le dice que «es el libro que yo escribí diez años ha») e impresa en 1626 con el título de Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás. La segunda parte, escrita en torno a 1635, se publicó en 1655. Las dos partes juntas se publicaron bajo el epígrafe Política de Dios, gobierno de Cristo, sacada de la Sagrada Escritura para acierto del Rey y del reino en sus acciones.
  • Mundo caduco y desvaríos de la edad (1621, ed. 1852).
  • Grandes anales de quince días (1621, ed. 1788), análisis de la transición entre los reinados de Felipe III y Felipe IV.
  • Memorial por el patronato de Santiago (1627, ed. 1628).
  • Lince de Italia y zahorí español (1628, ed. 1852).
  • El chitón de Tarabillas (1630), impreso muchas veces con el título de Tira la piedra y esconde la mano. Defiende las disposiciones económicas del Conde-Duque de Olivares, de quien luego se distanciaría.
  • Execración contra los judíos (1633), alegato antisemita que contiene una velada acusación contra don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV.
  • Carta al serenísimo, muy alto y muy poderoso Luis XIII, rey cristianísimo de Francia (1635).
  • Breve compendio de los servicios de Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma (1636).
  • La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. 1641, panfleto contra la revuelta catalana de 1640.
  • Vida de Marco Bruto, 1644, glosa de la vida correspondiente al famoso asesino de César escrita por Plutarco, escrita con algebraico rigor y una elevación de estilo conceptista poco menos que inimitable.
  • España defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros sediciosos, editada por primera vez en 1916.

LLERENA DE SARO CANTABRIA ESPAÑA

lerana pertenece al ayuntamiento de Saro. Situado en el centro de la región Cantabra, dentro de las Villas Pasiegas. Se encuentra a escasos 10 Km de una de las más importantes Villas Pasiegas como es Vega de Pas. También esta muy cerca del conocido parque de la naturaleza de Cabarzeno 12 Km y a unos 30 Km de la capital, Santander.
Ayuntamiento:
El ayuntamiento al que pertenece Llerana esta compueto por dos pueblos, Saro y Llerana, su edificio se encuentra en el pueblo de Llerana Bº La Magdalena.
Monumentos:
Iglesia parroquial de San Lorenzo construida en el siglo doce.

Puente romano de cuatro ojos.

Antigua fabrica de chocolates "la Chocolatera"

Museo de los Indianos del Valle de Carriedo "iglesia parroquial"

en este museo se encuntran distintas reliquias procedentes de distintos lugares de latinoamerica traidas por los vecinos de este valle que fueron ha hacer las americas y regresaron, algunos de ellos, con fortunas.

Ermita de San Miguel.

Casa típica montañesa de la familia Obregón.

Reloj de sol en una casa en ruinas situada en el Bº Coterillo.

Antiguos molinos situados a orrilas del rio Rubionzo.

Casa en el monte una peqeña cabaña.
Fiestas:
fiesta de San Lorenzo el 10 de Agosto y fiesta de nuestra señora Milagrosa el 12 de Septiembre.
Costumbres:
El pueblo de Llerana es tradicionalmente ganadero, y las unicas costumbres que aun perduran estan relacionadas con esta actividad, pero como los tiempos cambian estas ancestrales costumbres estan desapareciendo. La desoja (recogida del maiz de los campos), la transhumancia (traslado de toda la familia y los animales a los pastos de verano situados en la partes altas de pueblo y en invierno bajada a la vivienda del nucleo urbano), matanza del chon (matanza del cerdo en torno a los dias proximos a San Martin mes de Novienbre y elaboración de todos los productos tipicos obtenidos de este animal y principal fuente de alimento para el resto del año junto a la herina de barona (maiz) yotros productos de la huerta principalmente alubias y patatas.
Historia:
El nombre de Llerana proviene de un militar Romano que se asento en esta villa con su ejercito. Este militar se llamaba Laurius y puso de nombre a su nuevo hogar Lauriana y de hay evoluciono hasta Llerana.

En los dominios de este pueblo existia un convento, hoy desaparecido, situado en el Bº la Cruz que estaba directamente vinculado al famoso convento de Fistoles, situado en la vecina población de Esles.
Turismo:
LLerana esta dividida por varios barrios como la magdalena donde se encuentra el ayuntamiento torceno donde hay un bonito chalet con un gran jardin, los cerrillos que contiene un pequeño rio, después se en cuentran mas barrios.

ARQUITECTURA PUPULAR CÁNTABRA ESPAÑA

Arquitectura popular
Cabañas pasiegas
Cantabria posee una destacadísima arquitectura popular que varía enormemente de unas zonas a otras, de tal forma que nada tienen que ver las casas de los pueblecitos de montaña lebaniegos con las cabañas pasiegas o las casas de pescadores de la costa. La arquitectura popular cántabra nos ofrece bellísimas estampas como las de las cabañas diseminadas por los montes del Pas con sus tejados de lastras, las casas de piedra de los pueblos serranos como Bárcena Mayor o Tudanca o las hileras de casas montañesas de Udías o Ruiloba.

Podemos hacer un breve repaso de algunos ejemplos de arquitectura popular, pero te recomendamos entrar a cada municipio para obtener más información. En la sección de Conjuntos Históricos Rurales también podrás descubrir algunos de los pueblos más hermosos de Cantabria.
Cantabria es una tierra de larga tradición marinera.y por toda la costa de Trasmiera y lo que fue las "Asturias de Santillana", encontramos alineaciones de casas de pescadores, blanqueadas y con los balcones de madera pintados. Merece la pena acercarse a los pueblecitos costeros para admirar este tipo de casas.
Casas de pescadores en el barrio de Ancillo (Argoños) Casas en el puerto del Ribero (Limpias) Hermosa calle en Escalante
Otro aspecto característico en muchos pueblos cántabros es la alineación en hileras de las casas típicas, formando hermosísimos conjuntos, especialmente numerosos en la costa occidental, en municipios como Ruiloba y Udías. Viajando por Cantabria encontraremos así mismo pueblos nobles, en otro tiempo solar de importantísimas familias. En esas casas de piedra con sus imponentes escudos ha quedado grabada toda la historia.
Alineación de casas típicas en Ruiloba Celis, en Rionansa, solar de una importante familia Cosío, en Rionansa, uno de los pueblos más nobles de Cantabria
En las cuencas del Nansa y del Saja encontramos algunos de los pueblos serranos más típicos de Cantabria, varios de ellos declarados Conjunto Histórico por su magnífico estado de conservación. Tal es el caso de la aldea de Tudanca, asentada en la falda de una montaña, Carmona de Cabuérniga, con la célebre venta de Carmona o Bárcena Mayor ( en Los Tojos ), uno de los pueblos más hermosos de la región. En sus callejuelas empedradas parece que el tiempo se paró hace siglos.
Una calle de Tudanca Una plaza en Bárcena Mayor Bárcena Mayor
En Liébana también encontramos bellísimos pueblos de montaña en todos los municipios. El tradicional aislamiento de esta comarca ha propiciado que muchos de ellos se conserven perfectamente, gracias a lo cual Mogrovejo ( en Camaleño ) y Dobres y Cucayo ( en Vega de Liébana ) han sido declarados Conjuntos Históricos. En otro tiempo, abundaron los hórreos entre estas aldeas.
Tresviso, uno de los pueblos más aislados de Cantabria Cucayo, en Vega de Liébana La aldea de Mogrovejo, presidida por la torre. En Camaleño
Muy buenas muestras de arquitectura popular podemos encontrar también en la cuenca del río Asón. Así, en el valle de Soba nos encontramos con un gran número de pequeños pueblecitos de gran encanto. Todavía parecen más hermosos cuando en invierno se cubren de nieve. La casa sobana posee un elemento exclusivo, el llamado patín, una escalera externa que sube hasta la vivienda ( dado que el piso inferior lo ocupa la cuadra ). En las principales localidades de la comarca ( Ampuero y Ramales ), encontramos hermosas plazas y casas del siglo XIX con sus galerías acristaladas, construidos muchas veces por los indianos que regresaban de América con dinero. Por éste motivo también las vemos en otros municipios de los que emigraron muchos cántabros, como es el caso de Ruesga y Arredondo.
Casa popular en Fresnedo, Soba Casas del siglo XIX en Ramales Plaza de Ampuero. Se observan las galerías acristaladas de las casas del siglo XIX
Para concluir, tenemos la cabaña pasiega que no es más que el fiel reflejo de la adaptación del montañés a su medio de vida. Tiene unas características propias y únicas en el norte de España y es utilizada por el pasiego para acompañar a su ganado por los diferentes pastos ( la llamada "muda" ). De esta forma, durante el invierno, el pasiego va cambiando de cabaña. La estampa que ofrecen estas cabañas repartidas por las agrestes montañas resulta única. Para más información sobre la etnografía pasiega, pincha aquí.