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lunes, 6 de febrero de 2012

BATALLA DE LAS TERMÓPILAS III

Preludio
En el mapa se pueden observar los avances griegos y persas hacia las Termópilas y Artemisio.
Parece ser que el ejército persa se desplazó a un ritmo algo lento a través de Tracia y Macedonia y que sería finalmente en agosto cuando llegaron a Grecia las noticias de la inminente llegada de los persas.[39] En aquella época los espartanos, líderes militares de facto de la alianza, estaban celebrando la festividad religiosa de las Carneas. Durante ese festival la actividad militar estaba prohibida por la ley espartana y, de hecho, los espartanos no llegaron a tiempo a la batalla de Maratón por estar celebrando el festival.[40] También se estaban celebrando los Juegos Olímpicos, por lo que debido a la tregua imperante durante su celebración habría sido doblemente sacrílego para los espartanos si marchasen en su totalidad a la guerra.[40] [41] En esta ocasión, sin embargo, los éforos decidieron que la urgencia era lo suficientemente importante como para justificar el envío de una expedición avanzada para bloquear el paso; expedición que estaría comandada por uno de los dos reyes espartanos, Leónidas I. Leónidas llevó consigo a 300 hombres de la guardia real, los Hippeis, así como a un número mayor de tropas de apoyo procedentes de otros lugares de Lacedemonia (incluyendo hilotas).[41] La expedición debería intentar agrupar el mayor número posible de aliados sobre la marcha y esperar a la llegada del ejército espartano principal.[41]
La leyenda de las Termópilas, tal y como la cuenta Heródoto, dice que los espartanos consultaron al Oráculo de Delfos ese mismo año sobre el resultado de la guerra. Se dice que el Oráculo dictaminó que, o bien la ciudad de Esparta sería saqueada por los persas, o bien debían sufrir la pérdida de un rey descendiente de Heracles.[42] Heródoto dice que Leónidas, en línea con la profecía, estaba convencido de que se dirigía a una muerte segura al no contar con unas fuerzas adecuadas para la victoria y que por eso eligió como soldados sólo a espartanos que contaran con hijos vivos.[43]
En el camino hacia las Termópilas el ejército espartano fue reforzado por contingentes procedentes de diversas ciudades, llegando a alcanzar una cifra superior a los 5.000 soldados en el momento en que llegaron a su destino.[44] Leónidas eligió acampar y defender la parte más estrecha del paso de las Termópilas, en un lugar en el que los habitantes de Fócida habían levantado una muralla defensiva algún tiempo atrás.[45] También le llegaron noticias a Leónidas, desde la cercana ciudad de Traquinia, de la existencia de un camino montañoso que podía ser utilizado para rodear el paso de las Termópilas. En respuesta, Leónidas envió a 1.000 soldados focidios para que se estacionaran en las alturas y evitasen esa maniobra.[46]
Finalmente el ejército persa fue avistado atravesando el golfo Maliaco y acercándose a las Termópilas a mediados de agosto,[47] y ante este hecho los aliados mantuvieron un consejo de guerra en el que algunos peloponesios sugirieron retirarse hasta el istmo de Corinto para bloquear el paso al Peloponeso.[48] Sin embargo, los habitantes de Fócida y Lócrida, regiones cercanas a las Termópilas, se indignaron por la sugerencia, y aconsejaron defender el paso a la vez que enviaban emisarios a pedir más ayuda. Leónidas se mostró de acuerdo con defender las Termópilas.[48]
Entre las curiosidades y leyendas que Heródoto cuenta de la batalla, a propósito del gran tamaño del ejército persa, es famosa la anécdota según la cual, en palabras del autor, el más valiente de los griegos fue el espartano Dienekes, pues antes de entablarse el combate dijo a los suyos que le habían dado buenas noticias, que le habían dicho que los arqueros de los persas eran tantos que «sus flechas cubrían el sol» y «volvían el día en noche» (ὡς ἐπεάν ὁι βάρβαροι ἀπιέωσι τὰ τοξεύματα τὸν ἥλιον ὑπό τοῦ πλήθεος τῶν οῒστών ἀποκρύπτουσι "que cuando los bárbaros disparan sus arcos, ocultan el sol bajo la cantidad de sus flechas") y que de este modo, si los persas les tapaban el sol, en lugar de tener que combatir bajo él, podrían luchar a la sombra (εἰ ἀποκρυπτόντων τὣν Μήδων τὸν ἥλιον ὑπό σκιή ἔσοιτο πρὸς αυτούς ἡ μάχη καὶ οὐκ ἐν ἡλίω).[49] Dienekes, y los espartanos en general, consideraban el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
Jerjes envió un emisario para negociar con Leónidas. Ofreció a los aliados su libertad y el título de "Amigos del Pueblo Persa", indicándoles que serían asentados en tierras más fértiles que las que ocupaban en ese momento.[50] Cuando Leónidas rechazó los términos, el embajador le volvió a solicitar que depusiera las armas, a lo que Leónidas respondió con la famosa frase «Ven a buscarlas tú mismo» (en griego Μολών Λαβέ, que literalmente significa «ven y cógelas»).[51] Al fracasar la negociación la batalla se volvió inevitable. Sin embargo, Jerjes retrasó el ataque durante cuatro días, esperando que los aliados se dispersasen por sí mismos ante la gran diferencia de tamaño entre los dos ejércitos, hasta que se decidió finalmente a avanzar.[52]

[editar] Composición de los ejércitos

[editar] Ejército persa

Imagen de Jerjes I en un relieve en su palacio de Persépolis, en la actual Irán.
Las cifras sobre los soldados reunidos por Jerjes para la segunda invasión de Grecia han sido objeto de interminables discusiones, debido al gran tamaño que ofrecen las fuentes clásicas griegas. Heródoto defendía que Jerjes había reunido 2,5 millones de hombres solamente en personal militar, que a su vez iban acompañados por un número equivalente de personal de apoyo.[53] El poeta Simónides de Ceos, que era casi contemporáneo, habla de cuatro millones. Ctesias, por su parte, cifra en 800.000 hombres el tamaño total del ejército de Jerjes.[5]
La historiografía actual considera más o menos realistas los datos sobre los efectivos griegos y, durante muchos años, la cantidad ofrecida por Heródoto sobre los persas no fue puesta en duda. No obstante, a principios del siglo XX el historiador militar Hans Delbrück calculó que la longitud de las columnas para abastecer a una fuerza de combate de millones de hombres sería tan larga que los últimos carros estarían saliendo de Susa cuando los primeros persas llegaran a las Termópilas.[54]
Los historiadores modernos tienden a valorar las cifras de Heródoto y de otras fuentes antiguas como completamente irreales, resultado de cálculos erróneos o exageraciones por parte del bando vencedor.[55] El tema ha sido debatido en profundidad, pero parece que existe un consenso en lo referente al tamaño del ejército, que oscilaría entre los 200.000 y los 250.000 hombres, lo que en cualquier caso sería un ejército colosal para los medios logísticos de la época.[55] [56] Sean cuales fueran las cifras exactas, sin embargo, lo que sí que parece claro es que Jerjes estaba ansioso por asegurar el éxito de la expedición, para lo cual reunió a un ejército numéricamente muy superior tanto en tierra como en mar al de sus enemigos.[56]
También existen dudas sobre si en las Termópilas se encontraba reunido la totalidad del ejército persa de invasión. No está claro si Jerjes dejó previamente guarniciones de soldados en Macedonia y Tesalia, o si avanzó con todos los soldados disponibles. La fuerza de las Termópilas probablemente estaba compuesta por la mayoría del ejército de invasión, contando con alrededor de unos 200.000 hombres.[55] La única fuente antigua que comenta este punto es Ctesias, que sugiere que 80.000 persas lucharon en las Termópilas. Sin embargo, este relato es sólo fragmentario y ofrece errores graves, como por ejemplo una afirmación según la cual la batalla de Platea habría tenido lugar antes que la batalla de Salamina.[5]

[editar] Ejército griego

De acuerdo con las cifras que aportan Heródoto[44] [57] y Diodoro Sículo,[58] el ejército aliado estaba compuesto por las siguientes fuerzas

BATALLA DE LAS TERMÓPILAS ENTRE GRIEGOS Y PERSAS II

Fuentes
Artículo principal: Heródoto
Busto de Heródoto. Museo del Ágora de Atenas.
La fuente primaria principal en lo relativo a las Guerras Médicas es el historiador griego Heródoto. Este autor, que ha sido calificado como "El Padre de la Historia",[8] nació en el año 484 a. C. en Halicarnaso, en Asia Menor (una zona gobernada por el Imperio persa). Escribió su obra Historias entre 440 y 430 a. C., intentando encontrar los orígenes de las Guerras Médicas, que por entonces todavía eran un hecho relativamente reciente en la historia (las guerras acabaron finalmente en 449 a. C.).[9] El enfoque de Heródoto fue una completa novedad, al menos en la sociedad occidental, y por esta razón se considera que inventó la Historia tal y como la conocemos hoy en día.[9] El historiador Holland afirma sobre el particular que: "Por primera vez, un cronista se propuso encontrar los orígenes de un conflicto no en un pasado tan remoto como para que resultase fabuloso, ni en los caprichos o deseos de algún dios, ni en una afirmación del pueblo manifestando su destino, sino mediante explicaciones que pudiera verificar él personalmente."[9]
Muchos de los posteriores historiadores antiguos, a pesar de seguir sus pasos, menospreciaron a Heródoto y se consideraron a sí mismos seguidores de Tucídides.[10] Sin embargo, Tucídides eligió comenzar su historia a partir del punto en donde terminó Heródoto (en el sitio de Sestos), por lo que debió considerar que éste había hecho un trabajo razonablemente bueno resumiendo la historia anterior. Plutarco, por su parte, criticaba a Heródoto en su ensayo Sobre la malignidad de Heródoto, describiéndole como "Philobarbaros" (amante de los bárbaros) por no haber sido suficientemente pro griego. Esto sugiere que Heródoto pudo haber realizado un buen trabajo en lo que a neutralidad se refiere.[11] A la Europa del Renacimiento acabó llegando una visión negativa sobre Heródoto, si bien su obra continuó leyéndose de forma habitual.[12] Sin embargo, a partir del siglo XIX su reputación fue rehabilitada drásticamente por los descubrimientos arqueológicos que fueron confirmando de forma repetida su versión de los hechos.[13] La visión que prevalece actualmente sobre Heródoto es que, en general, hizo un buen trabajo en su Historia, aunque algunos detalles específicos (en especial el número de soldados y las fechas) deberían observarse con escepticismo.[13] Por otro lado, sigue habiendo algunos historiadores que consideran que Heródoto inventó gran parte de su historia.[14]
El historiador siciliano Diodoro Sículo, que escribió en el siglo I a. C. su obra Biblioteca histórica, en la que también ofrece el relato de las Guerras Médicas, se basó parcialmente en el historiador griego Éforo de Cime. Sin embargo, su relato es bastante consistente en comparación con el de Heródoto.[15] Además, las Guerras Médicas también reciben la atención, con menor detalle, de otros historiadores antiguos, entre los que se incluyen Plutarco y Ctesias, y también aparecen en obras de otros autores, como en Los persas, del dramaturgo Esquilo. Las evidencias arqueológicas, tales como la Columna de las Serpientes, también ofrecen un respaldo a algunas de las afirmaciones concretas de Heródoto.[16]

[editar] Trasfondo histórico

Artículo principal: Guerras Médicas
La expansión constante de los griegos por el Mediterráneo, tanto hacia oriente como occidente, llevó a crear colonias en las costas de Asia Menor. Estas colonias se ubicaron en territorios controlados por el Imperio aqueménida, que siempre les concedió un elevado grado de autonomía,[17] a pesar de lo cual los colonos helenos siguieron aspirando a la libertad absoluta. Se sublevaron contra el poder imperial y obtuvieron algunas victorias iniciales, pero conocían su inferioridad ante el coloso asiático, por lo que pidieron ayuda a los griegos continentales. Los espartanos se negaron en un principio, pero los atenienses sí los apoyaron, dando comienzo a las Guerras Médicas.
Las ciudades estado de Atenas y Eretria apoyaron la revuelta jónica contra el Imperio persa de Darío I, la cual tuvo lugar entre los años 499 y 494 a. C. Por aquella época, el Imperio persa era todavía relativamente joven y, por tanto, más susceptible de sufrir revueltas entre sus súbditos.[18] [19] Además, Darío no había accedido al trono pacíficamente, sino tras asesinar a Gaumata, su predecesor, lo que había supuesto la necesidad de extinguir un serie de levantamientos en su contra.[18] Por todo ello, la revuelta jónica no era un tema menor, sino una verdadera amenaza a la integridad del Imperio, y por ese motivo Darío juró castigar no sólo a los jonios, sino también a todos aquellos que hubiesen estado involucrados en la rebelión (especialmente a aquellos pueblos que no eran parte del Imperio).[20] [21] Además, Darío vio la ocasión de expandir su poder hacia el fraccionado mundo de la Antigua Grecia.[21] Por ello, envió una expedición preliminar bajo el mando del general Mardonio en 492 a. C. para asegurar el acercamiento a tierra griega reconquistando Tracia y obligando al reino de Macedonia a convertirse en vasallo de Persia.[22]
En 491 a. C. Darío envió emisarios a todas las poleis de Grecia, solicitando la entrega 'del agua y la tierra' como símbolo de su sumisión a él[23] y tras la demostración del poder persa del año anterior, la mayoría de las ciudades griegas se sometieron. Sin embargo, Atenas juzgó a los embajadores persas y los ejecutó lanzándoles a un foso. En Esparta, simplemente fueron arrojados a un pozo.[23] [24] Esto provocó que Esparta también estuviera, oficialmente, en guerra con Persia.[23]
Darío comenzó a preparar en 490 a. C. una misión anfibia bajo el mando de Datis y de Artafernes, la cual comenzó con un ataque sobre Naxos y la posterior sumisión de las Cícladas. La fuerza invasora se trasladó luego a Eretria —ciudad de la isla de Eubea—, que asedió y destruyó.[25] Finalmente, se dirigió hacia Atenas y desembarcó en la bahía de Maratón, en donde se encontró con un ejército ateniense al que superaba en número. Sin embargo, en el enfrentamiento de los dos ejércitos en la batalla de Maratón, los atenienses obtuvieron una victoria decisiva que supuso la retirada del ejército persa de Europa y su retorno a Asia.[26]
Esparta no participó en la batalla contra los persas. Atenas, con la finalidad de hacer frente a la invasión, solicitó ayuda a los espartanos para luchar pero, como se ha dicho, el origen del problema residía en las colonias griegas en Asia, y Esparta no había fundado ninguna ni tampoco las había ayudado en la rebelión. Por tanto, los lacedemonios no se sentían implicados. Tanto es así que no acudieron a la batalla de Maratón por estar celebrando las fiestas de Apolo Carneo (llamadas Carneas).
Mapa de Grecia en el que se muestran las distintas invasiones persas que tuvieron lugar durante las Guerras Médicas.
En cualquier caso, y tras la derrota, Darío reaccionó comenzando a reclutar un nuevo ejército de inmenso tamaño, con el que pretendía sojuzgar Grecia. Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando, en 486 a. C., se produjo una revuelta en Egipto que obligó a posponer indefinidamente la expedición.[19] Darío murió durante los preparativos para marchar contra Egipto y el trono de Persia pasó a su hijo, Jerjes I.[27] Jerjes aplastó la rebelión egipcia y rápidamente retomó los preparativos para la invasión de Grecia que, al tratarse de una invasión a gran escala, necesitaba una larga planificación que permitiese acumular las provisiones necesarias y para reclutar, equipar y entrenar a los soldados.[28] Jerjes decidió construir puentes sobre el Helesponto para permitir a su ejército atravesar desde Asia hasta Europa, y cavar un canal a través del istmo del monte Athos (canal de Jerjes) para que lo atravesasen sus naves (una flota persa había sido destruida en 492 a. C. mientras rodeaba ese cabo).[29] Estas obras de ingeniería eran operaciones de una gran ambición que estaban fuera del alcance de cualquier otro estado contemporáneo.[29] Finalmente, a comienzos de la década de 480 a. C., se completaron los preparativos para la invasión, y el ejército que Jerjes había reunido en Sardes marchó en dirección a Europa, cruzando el Helesponto sobre dos puentes flotantes.[30]
Los atenienses, por su parte, también se habían estado preparando para afrontar una guerra contra Persia desde mediados de la década de los años 480 a. C. Finalmente, en 482 a. C. se tomó la decisión, bajo la guía del estadista ateniense Temístocles, de construir una masiva flota de trirremes, imprescindible para que los griegos pudiesen enfrentarse a los persas.[31] Sin embargo, los atenienses carecían de la capacidad y la población suficiente para enfrentarse al enemigo a un mismo tiempo en tierra y en el mar, por lo que para combatir a los persas necesitaban llegar a una alianza con otras poleis de Grecia. En 481 a. C. el emperador Jerjes envió embajadores por toda Grecia solicitando de nuevo la tierra y el agua, pero omitiendo deliberadamente a Atenas y a Esparta.[32] Sin embargo, algunas ciudades fueron alineándose con estos dos estados líderes, para lo cual se celebró un congreso de poleis griegas en Corinto a finales del otoño de 481 a. C.,[33] del que surgió una confederación aliada de ciudades estado. Esta confederación tenía el poder de enviar emisarios solicitando ayuda y de enviar tropas desde los estados miembros hasta los puntos de defensa tras haberlo consultado conjuntamente. Este hecho en sí mismo era de gran trascendencia en atención a la desunión que había existido históricamente entre las ciudades estado, y en especial si se tiene en cuenta que muchas de ellas estaban todavía técnicamente en guerra unas con otras.[34]
La confederación volvió a reunirse en la primavera de 480 a. C. Una delegación tesalia sugirió que los aliados se reunieran en el angosto valle de Tempe, en las fronteras de Tesalia, para bloquear el avance de Jerjes.[35] Se envió una fuerza compuesta por 10.000 hoplitas al valle, considerando que el ejército persa iba a verse obligado a atravesarlo. Sin embargo, una vez ahí fueron avisados por Alejandro I de Macedonia de que el valle podía ser atravesado y rodeado por el paso Sarantoporo, y de que el ejército persa era de un tamaño inmenso, por lo que los griegos se retiraron.[36] Poco después recibieron la noticia de que Jerjes había atravesado el Helesponto.[35]
Temístocles sugirió entonces una segunda estrategia a los aliados. La ruta hacia el sur de Grecia (Beocia, Ática y el Peloponeso) exigía que el ejército de Jerjes atravesase el estrechísimo paso de las Termópilas. Este paso podía bloquearse fácilmente con los hoplitas griegos a pesar del abrumador número de soldados persas. Además, y para evitar que los persas superaran la posición griega por mar, los navíos atenienses y aliados podrían bloquear el estrecho de Artemisio. Esta estrategia dual fue finalmente aceptada por la confederación.[37] Sin embargo, las ciudades del Peloponeso prepararon planes de emergencia para defender el istmo de Corinto en el caso de que fuera necesario, a la vez que las mujeres y niños de Atenas fueron evacuados en masa hacia la ciudad peloponesia de Trecén.[38]

BATALLA DE LAS TERMÓPILAS ENTRE PERSAS Y GRIEGOS

domingo, 5 de febrero de 2012

FRANÇOIS CLOUET PINTOR FRANCÉS DEL RENACIMIENTO

François Clouet

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Diana de Poitiers, por François Clouet (1571) en la National Gallery of Art, Washington DC.
François Clouet (1510? - 1572). Pintor francés del Renacimiento. Aunque se conoce muy poco de su vida y de su obra, se sabe que sucedió a su padre, Jean Clouet, como pintor oficial de la corte.
Es reconocida su maestría en el uso del lápiz que heredó de su padre, la cual le sirvió para captar con gran habilidad la carga psicológica de los personajes que retrató.
Sus trabajos para Francisco I no están documentados antes de los funerales de este último, que estuvieron organizados por el propio Clouet.
Tan sólo firmó dos cuadros: el retrato del Boticatio Pierre Quthe (1562, Louvre, París) y Dama en el baño (c. 1570, Cook Collection, Richmond).
Sin embargo, realizó los retratos oficiales de la corte, como los de Enrique II, Carlos IX o Margarita de Valois.
Se le atribuyen unos 50 dibujos, pero hay que considerar que, en general, los trabajos artísticos de esa época eran sobre todo el resultado de un trabajo en equipo.
En el caso de Clouet, su taller estaba particularmente dedicado a la producción de series de retratos, objetos muy a la moda destinados a la aristocracia.

[editar] Galería

TERMINO DE FORAMONTANO CANTABRIA ESPAÑA

Foramontano




El término foramontano hace alusión a las gentes, procedentes del norte de la Península Ibérica, con las que en el siglo IX se repoblaron El Bierzo y las tierras al norte del la meseta del Duero, que quedaran vacías como consecuencia de las guerras entre el imperio musulmanes y el Reino de Asturias en los primeros años de la reconquista; posteriormente a estos territorios se les conocería como Reino de León, siendo los foramontanos leoneses. Con la expansión del Reino de León y el proceso repoblador los pobladores foramontanos formaron núcleos de población nuevos por la Región Leonesa, Galicia y el Condado de Castilla.

Contenido

Origen de la denominación
Hay dos interpretaciones etimológicas respecto al origen de la palabra foramontano. Una dice que deriva de las palabras latinas foras monte que se traduce cómo fuera de la montaña. La otra que deriva de las palabras latino-germánicas foras-munt que significa custodio de la tierra de afuera.
La llamada Terra de Foris en la documentación medieval hace referencia al territorio repoblado por habitantes de Las Asturias (Cántabros y Ástures) al sur de la Cordillera Cantábrica y al Este de Galicia especialmente la cuenca oriental del Sil y los habitantes del Oeste de la Meseta Norte donde se repobló la Legio Civitas que posteriormente daría nombre al Reino de León en su expansión al sur del Duero (Zamora, Salamanca), donde yá la denominación de Foramontano viene siendo sustituida por la de leonés.
Debemos tener en cuenta que la Castilla de Aquella época era un territorio diferenciado al Nordeste de la Meseta Norte y parte del Valle del Ebro en torno a Burgos,origen de Castilla la Vieja, que pasó de ser un condado astur-leonés a ser un poderoso estado soberano (Reino de Castilla). Étnicamente ese territorio en la misma época que el centro y núcleo del Reino de León era nombrado Terra de Foris, el territorio de los condes Castilla y Vizcaya (Condado de Castilla) eran conocidos por Bardulia por ser repoblado por el pueblo bárdulo de afinidad vascona.

Identificación de foramontano con Castilla

El término foramontano fue difundido por el periodista español nacido en Chile Víctor de la Serna y Espina (su obra Nuevo Viaje de España. La Ruta de los Foramontanos recibió el Premio Nacional de Literatura).
Según los anales castellanos, el movimiento foramontano se originó en Malacoria en el año 814[1] e irá conformando el territorio que posteriormente se conocerá como Castilla. Este movimiento repoblador experimentó un impulso con el conde Rodrigo de Castilla quien ocupa las fortalezas de Amaya, Mave (Monte Cildá) y Saldaña durante la época de la ocupación musulmana de la Península Ibérica.
Sólo en la provincia de Orense existen cuatro pueblos con el topónimo de Faramontaos, en las comarcas de Carballeda de Avia, Ginzo de Limia, A Merca, y Nogueira de Ramuín. En la comarca leonesa de Tábara en la provincia de Zamora existe Foramontanos (o Faramontanos) de Tábara. En Salamanca existe Cabeza de Framontanos, en el ayuntamiento de

RUTA POR LOS VALLES DE CABUERNIGA CANTABRIA ESPAÑA

RUTA POR EL VALLE DE CABUERNIGA Y LOS PUEBLOS SERRANOS

Recorrido:Desde Torrelavega hasta Bárcena Mayor en un recorrido de 60 Km.
Municipios:Torrelavega, Reocín, Cabezón de la Sal, Mazcuerras, Ruente, Cabuérniga, Los Tojos.
Tiempo estimado: 5 horas
Época adecuada: Primavera / otoño


Este itinerario parte de Torrelavega, a 26 km. de Santander, el centro urbano más importante de Cantabria después de la capital. Conserva alguna muestra arquitectónica de interés, sobre todo las dos iglesias. Salimos por tanto de Torrelavega tomando la carretera N-634 en dirección a Oviedo, para llegar en primer término a Puente San Miguel, capital del municipio de Reocín.

En su Casa de Juntas se gestó en el siglo XVIII la provincia de Cantabria. En esta localidad tiene su origen la familia Botín, cuya finca atesora un jardín botánico de excepcional belleza, el único con la categoría de Jardín Histórico de Cantabria. La parada más interesante del municipio puede ser Quijas, a tan solo 3 Km. de aquí.
Quijas tiene un destacable conjunto arquitectónico en el alto del mismo nombre, así como una magnífica torre gótica con portalada del siglo XVIII, pero su patrimonio artístico más importante lo constituye el palacio-torre de Bustamante, situado junto al río Saja en medio de un paraje de excepcional atractivo, ideal si queremos parar para comer puesto que esta adaptado como merendero.
Otros 3 Km. más y hemos llegado a la localidad de Barcenaciones, asentada a un lado del río Saja, su agradable y bien cuidado conjunto urbano permite disfrutar de un placentero paseo observando sus hermosas casas de piedra.
Palacio de los Bustamante en Quijas
Durante los domingos de verano, un animado bullicio recorre las repletas calles de Barcenaciones, es el día de mercado, en diversos puestos ambulantes exhiben una variada gama de productos autónomos. A la salida del pueblo, a mano derecha observamos el puente sobre el Saja en Golbardo, el primer puente en España construido en hormigón.
Santuario de Nuestra Señora de la Peña
Continuando en la misma dirección, atravesaremos Caranceja, localidad que cuenta con dos interesantes palacios del siglo XVII. A continuación, Casar de Periedo, perteneciente ya a otro municipio: Cabezón de la Sal.
Es ésta zona de intenso trabajo artesanal de la madera, hallándose numerosos talleres de exposición y venta de muebles. Virgen de la Peña es la siguiente localidad y aquí ( a la altura de la gasolinera ) deberemos tomar la desviación a la izquierda, cruzando el río Saja, para introducirnos en el consejo de Mazcuerras; dejaremos también a la izquierda, en la misma curva, el santuario de Nuestra Señora de la Peña. 
Seguidamente se encuentra la desviación que llega a Ibio, famosa población  por su ancestral danza y su yeguada. Nuestros pasos llegan hasta Luzmela, capital del municipio de Mazcuerras, ha sido renombrada así por situarse en este lugar la trama de la novela "La niña de Luzmela", publicada en 1909 por la escritora Concha Espina.

No obstante, los lugareños siguen prefiriendo la denominación de Mazcuerras, término que según escribió su hijo Victor de la Serna, corresponde a Malacoria, punto de partida a principios del siglo IX de los que repoblaron Castilla ( Foramontanos ).
Cabe reseñar la iglesia de San Martín del siglo XVIII y el monumento que en 1948 el pueblo levantó a Concha Espina.
Casa Torre en Mazcuerras
Mazcuerras
Frente a él llama la atención la finca conocida como "Las Magnolias", un interesante ejemplo de construcción ecléctica de finales del siglo pasado escoltada por grandes magnolios. Mazcuerras también es el lugar de las flores; sus bellos colores y formas, adornan caminos y fachadas. Esta carretera tranquila, que recorre el valle de Mazcuerras camino de Cos y hasta el puente de Santa Lucía, nos brinda una panorámica natural con intensos verdes de una belleza inigualable.

Llegados a este punto, tomaremos la desviación a la derecha que por la carretera comarcal C-625 tiene dirección a Cabezón de la Sal. Pasando el puente que cruza el río Saja, dejaremos a nuestra derecha el parque de Santa Lucía, una bonita área de descanso natural y de acampada, muy concurrida en verano.
A 5 Km. de Luzmela está Carrejo, lugar del municipio de Cabezón de la Sal que nos recibe con la impresionante portalada de los Haces; bordeando por detrás la misma y atravesando la plaza de La Braña, llegamos al Museo Regional de la Naturaleza de Cantabria, emplazado en el restaurado palacio de Pedro de Ygareda, del siglo XVIII.

Deshaciendo el trecho recorrido, volveremos al puente de Santa Lucía, giraremos a la derecha para continuar por el municipio de Mazcuerras en la comarcal C-625, con dirección a Reinosa para llegar a Ucieda, 4 Km. después de Carrejo.
Curioso puente en Ruente
Humilladero de Ruente
Estamos ya en el municipio de Ruente, enclavado en pleno valle de Cabuérniga. En los numerosos restaurantes de sus inmediaciones se puede degustar el guiso regional por excelencia: el cocido montañés, hecho a base de alubias ( en vez de garbanzos ), berza y el compango del cerdo, preparación que en estos parajes goza de reconocida fama.
En la carretera que llega a los denominados montes de Ucieda, podemos observar un encantador humilladero, diversas casonas con escudo y al final de la misma, con gran sorpresa, descubrir un bosque fascinante repleto de hayas y robles que nos introduce en el Parque Natural Saja-Besaya, dentro de la Reserva Nacional del Saja, la reserva cinegética más extensa de España.

En Ruente, capital del municipio, hallamos apreciables muestras de arquitectura civil, como la casa de la Nogalera, un humilladero del siglo XIX en la plaza del pueblo, así como un notable edificio rústico del siglo XV.
Además, podemos ver un atractivo puente de ocho ojos con arcos de medio punto, por donde circula el agua con gran vivacidad, creando en el entorno una estampa de indudable belleza. Merece la pena igualmente visitar, por lo fácil de su acceso "La Fuentona", una surgencia de agua natural a pocos metros del puente catalogada como punto de interés geológico. Todo ello en medio de un hermoso parque por el que merece la pena detenerse a pasear.

Siguiendo en la misma dirección, llegaremos a Sopeña, tierra natal del poeta de la Montaña Manuel Llano. A menos de un 1 km. alcanzamos Valle, la capital de Cabuérniga, a 56 km. de Santander, lugar de nacimiento del ilustre naturalista del siglo XIX, Augusto González de Linares.
Hermoso parque de la Fuentona en Ruente
Venta de Carmona, en Cabuérniga
Antes de continuar la ruta, hay que tener en cuenta que en Valle se encuentra el desvío hacia Carmona, declarado conjunto histórico rural. Nuestra "Ruta por la cuenca del Nansa" contempla la salida desde Valle y la visita de Carmona. Si disponemos de tiempo es recomendable desviarse para visitar esta aldea rural ( a 11 Km. de Valle ).

En cualquier caso habrá que continuar desde Valle en dirección a las otras pequeñas poblaciones de Cabuérniga: Terán, con su impresionante y centenaria castañera, algunos de cuyos ejemplares han recibido nombres tan singulares como "Cuatro Patas" o "El duende", Renedo, Fresneda... 
Por fin, hemos de tomar un desvío hacia Los Tojos ( capital del municipio del mismo nombre ) y al único núcleo en el Parque Natural Saja-Besaya: Bárcena Mayor, a 22 Km. de Ruente. La apacible aldea de Bárcena Mayor representa un notable ejemplo de conservación del mundo rural de Cantabria, declarada conjunto histórico rural en 1979. Para su visita, es preciso estacionar el vehículo en el aparcamiento construido a la entrada, pues el paso sólo está permitido a los residentes.

Es de agradecer, pues pasear por sus empedradas calles, observando con detalle, fachadas, solanas y escudos, así como elementos bien conservados como el lavadero, las cuadras, las socarreñas, los hornos de pan..., será una andadura difícil de olvidar.
Bárcena Mayor, en los Tojos
La piedra y la madera, tan abundante y rica en la zona, se funden en una creación repleta de historia y colmada de encanto. Atravesando el pueblo y siguiendo un camino llegaremos a un área de descanso y acampada conocida como "Llano Castrillo", junto al río Argoza. Desde aquí se recomienda recorrer el sendero de Fuente Clara ( un magnífico itinerario de 15 km. de longitud ) en aproximadamente do

RUTA DE LOS FORAMONTANOS CANTABRIA ESPAÑA

La repoblación del Reino Astur ( siglo VIII )
Tras la batalla de Covadonga, los musulmanes evacuaron Asturias, cuya capital fijó Pelayo en Cangas de Onís. A su muerte en el año 737 le sucedía su hijo Favila que moría devorado por un oso dos años después en Liébana. Accede entonces al trono el hijo del duque Pedro, Alfonso, que se convertiría en Alfonso I de Asturias cuyo reinado se prolongaría entre los años 739 y 757.
Reino de Asturias
El reino de Alfonso I comprendía Asturias, Asturias de Santi- llana ( zona occidental de Cantabria ), Liébana y Trasmiera. La Cantabria septentrional estaba en un principio bajo con- trol musulmán. En 18 años dejó un reino formado por gran parte de la cornisa cantábrica, protegido de los ataques musulmanes por una amplia extensión de terreno conocido como el "Desierto del Duero".

En sus campañas se hizo con numerosas ciudades de Gali- cia y del Duero: Lugo, Oporto, Braga, Salamanca, Zamora, Avila, Segovia, Astorga, León, Saldaña, Simancas, Osma, Clunia y las antiguas ciudades cántabras de Mave y Amaya. Todas ellas fueron arrasadas y Alfonso se trajo a los cristia- nos a su reino. La consecuencia fue el despoblamiento de la cuenca del Duero que quedó como un desierto estratégico que separaba los territorios del reino astur de los musulma- nes.

Los cristianos traidos por Alfonso repoblaron Primorias ( zona originaria del reino de Asturias en Cangas ), Liébana, Tras- miera, Sopuerta y Carranza ( valles vizcaínos, antigua Autri- gonia ) y Vardulias ( norte de Burgos ) a la que se comenzó a llamar Castilla.
Desfiladero de la Hermida, en Liébana
A partir de este momento desaparecería el nombre de Cantabria durante siglos, pasando a utilizarse los nombres de las comarcas: Liébana, Trasmiera, Asturias de Santillana, Campoo...
   

La pérdida de la identidad cántabra
Con la llegada a Cantabria de cristianos hispano-visigodos desde el sur para repoblar la región tiene lugar una profunda mezcla cultural que supone el fin del antiguo pueblo cántabro. El cambio afecta a todos los niveles desde los hábitos alimenticios a las costumbres religiosas, y la supresión de la jerar- quía tribal. Los modos de vida del pueblo cántabro, casi inalterados desde época prerromana se trans- forman con esta afluencia masiva de gente que reorganiza toda la zona en base a pautas culturales y socioeconómicas ajenas al pueblo indígena.
Iglesia de Santa María de Piasca
El cristianismo se extiende de forma definitiva, así como el uso del latín. En muchos casos, la religión cristiana asimiló los cultos pa- ganos, situando santuarios en lugares sagrados para los cánta- bros. Tampoco faltaron ocasiones en las que los paganos fueron condenados a la hoguera ( reinado de Ramiro I de Asturias, año 850 ).

La economía cambia radicalmente del pastoreo, caza, pesca, recolección y pillaje a la agricultura y ganadería a partir del siglo VIII. Se pueblan áreas en torno a las iglesias y monasterios, dado que no solo se pueblan núcleos anteriores sino que se crean muchos otros nuevos. Desaparecen los viejos clanes, sustituídos por la familia basada en el matrimonio cristiano.
Todos estos cambios no fueron fáciles y debieron producir tensiones, a finales del siglo VIII ( reinado de Aurelio, Mauregato... ), momento en el que parece hubo una revuelta de los cántabros autóctonos contra la monarquía asturiana.

   
Cantabria en el Reino Astur
El proceso de cambio fue más rápido en Liébana y Vardulias ( la primitiva Castilla ) por su cercanía a los núcleos importantes del reino astur, sus buenas condiciones climáticas para los cultivos y la gran afluencia de cristianos huídos de los musulmanes. As- turias de Santillana y Trasmiera se resistieron más a los cam- bios. Liébana fue siempre el territorio más dinámico dadas sus peculiares condiciones climáticas y la excepcional protección que proporcionan las montañas ante el peligro musulmán. En el siglo VIII existían al menos 20 monasterios ( Cosgaya, Tanarrio, Villena, Caldas, Turieno... ). En Liébana se empieza a asentar una estructura pseudo-feudal y parece haber un rector del territorio, el conde Alfonso de Liébana.  
Castillo defensivo "La bolera del moro", en Peñarrubia
Las Asturias de Santillana y Trasmiera están menos pobladas que Liébana y, al contrario que allí, la propiedad está repartida entre muchos pequeños propietarios. Se fundan menos monasterios y más tarde ( Asía en Aja de Soba, Puerto en Santoña, Yermo... ). En lo que se refiere a las cuencas del Nansa y Saja y los valles altos del Pas, Miera y Asón, quedaron prácticamente despoblados. Los valles de Polaciones y Soba se poblaron excepcionalmente por su particularidades climáticas favorables. Las comarcas de Campoo y Valderredible estaban más expuestas al ataque musulmán, así que no se repo- blaron hasta la primera mitad del siglo IX. 
   
Reconquista y Repoblación foramontana ( VIII - IX )

Monumento a los foramontanos en Mazcuerras
Alfonso I, con sus campañas militares expulsa a los musulmanes de la cuenca del Duero y se trae a los cristianos al reino astur, creando una franja estratégi- ca deshabitada, el "desierto del Duero". Sus sucesores no continuaron des- cendiendo, sino que se lanzaron a Este ( vasconia ) y Oeste ( Galicia ), dejan- do la zona del Duero despoblada casi un siglo. En tiempos de Alfonso II ( 791 - 842 ), el reino astur tiene su capital en Oviedo y se considera sucesor del visigodo.

El rey Ordoño I ( 850 - 866 ) toma la decisión de avanzar sobre el Duero y re- poblar las ciudades desiertas de Tuy, Astorga, León y la vieja ciudad cántabra de Amaya ( conquistada por Augusto, Leovigildo, Tarik y Alfonso I ).
La eleva- da población al Norte de la cordillera motiva estos movimientos repobladores. En la primera mitad del siglo IX se desencadena un intenso flujo de emigrantes que salen de los valles del norte, ya sin miedo al ataque musulmán buscando el alto Ebro y la cuenca del Duero, con mayores posibilidades agrícolas. 

A estos repobladores del norte de Castilla y León se les conoce como foramontanos. También se denominó "Ruta de los foramontanos" a la que atravesaba Cabuérniga y Campoo de Suso. Fue utilizada por los famosos repobladores de Brañosera, población que obtuvo en el año 824 el que se considera fuero más antiguo de España. Al final del reinado de Alfonso III ( 866 - 910 ) la frontera cristiana ya estaba en el Duero. Su hijo, García trasladó la capital desde Oviedo a León, lo que suponía el fin del reino de Asturias y el nacimiento del reino de León.
    
El nacimiento de Castilla
Se llama Castilla, a finales del siglo VIII, a la antigua Vardulia, norte de Burgos, zona que tradicionalmente había pertenecido a Cantabria y Autrigonia. Los musulmanes llamaban a esa zona "Al-Qila" ( Castillo ) en referencia a las fortalezas que había al sur de la cordillera, de ahí su nombre. Para el reino asturiano, era un territorio lejano, por lo que tuvo  bastante autonomía.

En el año 860, el rey astur Ordoño I manda al conde Rodrigo re- poblar Amaya. Su hijo fundaría Burgos en el 884 y desde enton- ces Castilla no pararía de extender sus territorios. En el año 944 se concede la completa autonomía de Castilla del reino astur, quedando en manos del conde Fernán González, criado en Can- tabria ( Hoz de Marrón, Ampuero ). Aunque en principio Cantabria dependía del reino asturiano, posteriormente quedaría bajo el influjo de Castilla.
Otro hecho trascendente es el nacimiento del castellano en la región del Alto Ebro, territorio que perteneció historicamente a cántabros y autrigones. Se trataba de un latín vulgar hablado por cántabros, vascones y mozárabes que derivó en una lengua romance. Se extendería con la expansión del reino de Castilla y acabaría por desplazar al romance astur-leonés y aragonés.
Casa Palacio de la Vega, en Hoz de Marrón
   
Beato de Liébana

Santo Toribio de Liébana
En este siglo VIII, los numerosos refugiados que llegan a Canta- bria y Liébana en particular, introducen la cultura latina e hispa- no-visigoda. El cristianismo entra definitivamente y llega la reli- quia del "Lignum Crucis" ( considerada el mayor fragmento con- servado de la Cruz de Cristo ) desde Astorga. En este marco cultural tan diferente de la cantabria autóctona, vive Beato de Liébana, uno de los personajes más importantes de la época por su enfrentamiento con Elipando, arzobispo de Toledo y defensor del adopcionismo o sus "Comentarios al Apocalipsis", sin olvidar que fue el primero en proponer que el apóstol Santiago peregri- nó a España. Gracias a él Cantabria alcanzó protagonismo mun- dial. Para más información, consulta su biografía.

SENDAS DE LOS VALLES DE CANTABRIA II ESPAÑA

GR - 75  SENDA DE LOS VALLES DE CANTABRIA - TRAMO CENTRAL


Etapa 4   Entrambasmestas - Bárcena de Pie de Concha   24 Km.   7,45 Horas

Aunque el GR 75 continuaría desde Entrambasmestas hasta Arenas de Iguña, con esta etapa es posible alcanzar la localidad de Bárcena de Pie de Concha, desde la que comienza el GR 71 ( Sendero de la Reserva del Saja ) y por el que pasa el GR 71 ( La Calzada de los Blendios ). De esta forma, partimos desde Entrambasmestas por el camino que sale de la plaza por delante de la iglesia.

Al poco tiempo se llega al río Magdalena; si el verano viene seco, se puede vadear el mismo a través de unos atrancos, saliendo al Barrio de Retureta; si, por el contrario, el río baja crecido, habrá que retroceder hasta la carretera que conduce a la Vega de Pas y tomar, junto al puente, la que nos lleva a dicho barrio.
Seguir por ésta hasta el encuentro de la carretera N-623, que cruzamos tomando pista de cemento que en fuerte ascenso nos lleva a Sel de la Peña. Por encima de la última casa sale un camino encanchado, sobre los restos de una antigua calzada romana, que va ganando altura poco a poco, pasando por las ruinas de La Ermituca; a partir de aquí, la calzada romana se encuentra en mejor estado, la cual continuaremos siguiendo hasta llegar primero al Barrio de La Isilla, bien resguardado de los vientos fríos y después al núcleo de Sel de la Carrera, por el Barrio de San José.
Este pueblo junto con los Entrambasmestas y Guzparras qsufrió fuertemente la emigración, teniendo a Francia por destino y por actividad la de los helados. De la antigua escuela sale un camino, indicado por poste del GR 75, que en dirección Sudoeste, pasa por Fuente de la Churra, y después, tras sortear varios cruces, gana altura, divisándose, a la izquierda, el caserío de Padierno de Arriba, para volver a la piesta que sube hasta El Pombo. En este amplio collado, formado por las laderas que bajan del pico Cildá y del Midiajo Frío, se encuentra el castro de Vao Ancho. Tomar la pista que tras largo descenso por el Monte Canales, en el Municipio ya de Molledo, llega a Silió.
Silió es pueblo conocido por su cada vez más popular fiesta de "La Vijanera", mascarada que se celebra a primeros de año, en la que los danzantes van vestidos de pieles, portando a la cintura sonoros campanos. Desde la bella iglesia románica de Silió ( siglo XII ), coger calle que por el lateral de la misma atraviesa el caserío, saliendo por detrás de éste a zona de prados y desde aquí el camino nos lleva a la falda de una pequeña loma con pinos en la cumbre.

Tomar por su izquierda pista que abandonaremos después, ascendiendo por prado hasta encontrar el camino que conduce a Pando, desde el cual se contempla todo el Valle de Iguña.
A la salida de Pando, coger el camino antiguo, que baja a Ulda. Aquí, justo en el lugar en el que hay dos casas, una a cada lado de la carretera, tomar camino a la izquierda, algo cerrado según la época del año, pero corto, el cual nos deja en una pista de tierra que debemos seguir a la izquierda, hasta el arroyo de Fuente Tejeras, que cruzamos a través de grandes piedras en el río.
Coger nuevo camino, en la misma dirección de las aguas que bajan por el arroyo, el cual nos lleva, a través de prados, a otro camino que sale a la carretera junto al pueblo de Casares. Por detrás de la caseta de la bascula, seguimos el antiguo camino que lleva a San Martín de Quevedo, pasando junto a la iglesia románica y la torre medieval de los Quevedo, para concluir, tras un pequeño descenso, en la carretera que sube al embalse de Alsa, entrando en Bárcena de Pie de Concha por debajo del puente de la carretera N-611. Esta población cuenta con todos los servicios necesarios para reponerse del esfuerzo realizado, pudiendo continuar desde aquí, si quedan ganas y tiempo, por el GR 71 hasta Potes.

SENDAS DE LOS VALLES DE CANTABRIA ESPAÑA

SENDA DE LOS VALLES DE CANTABRIA - TRAMO CENTRAL

Etapa 3   Selaya - Entrambasmestas   17,5 Km.   6 Horas

Rollo heráldico con humilladeroComenzamos en Selaya, partiendo del curce de la carretera que lleva a San Roque, seguir a través del puente sobre el río Pisueña e inmediatamente tomar camino a la izquierda, entre una casa y un almacén; seguir por éste viendo ya el collado de Pico la Mesa, por donde hay que pasar; grupo de cabañas con arbolado, que nos puede servir de referencia; al poco tiempo llegamos a Río Callejo, en donde cogemos, a la izquierda, camino más ancho que sube hasta la carretera que lleva a Cotillos. En Cotillos tomar el camino de frente que sube a Oncillo y después sale a la sierra, seguir ascendiendo por la Cuesta del Abadillo en dirección al grupo de robles que se ven en la cima de la sierra.

Aquí volvemos a encontrar un buen camino, que enlaza con una pista forestal, la cual transcurre por zona de adiestramiento de perros, y tras cruzar una portilla, pronto llegaremos a la cima de la sierra que separa el Término de Selaya del de Vega de Pas. La pista por la que veníamos enlaza con otra que viene del puerto de la Braguía por todo el cordal y lleva a Guzparras, descendemos por esta nueva pista, hasta llegar a las casas del Callejón, en donde tomaremos un callejo que, posteriormente, se convierte en camino y lleva hasta Guzparras, p
ueblo pasiego perteneciente al municipio de la Vega de Pas, donde se celebra una concurrida fiesta el día del Pilar, entorno a su iglesia. El uso de la nueva carretera que parte desde aquí, ha provocado que se perdiese el antiguo camino que bajaba a Ocejo, por lo que el GR desciende por ésta hasta el llano; una vez aquí, en el primer cruce, tomar carretera que, en fuerte ascenso, lleva a Chibitiro, barrio de Ocejo.
En la primera casa, cogemos camino a la izquierda que nos conducirá al barrio de Coroliza; desde aquí, por carretera en suave descenso, llegamos hasta el río Pas, que cruzaremos por el Puente Colgante de Ocejo, construcción de la empresa Nueva Montaña Quijano, y tras 15 min. por carretera llegaremos a Entrambasmestas.
Este pueblo es cuna del excepcional pintor paisajista montañés Agustín Riancho, de cuyas obras sobresale La Cagigona, que puede contemplarser en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santander. En la plaza del pueblo existe un busto del mismo que recuerda su existencia ( 1841-1929 ). El pueblo cuenta con una tienda-bar, donde poder comprar alimentos o comer y también hay casas que alquilan habitaciones.