El Parque Güell es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí: pertenece a su
etapa naturalista (primera década del
siglo XX), periodo en que el arquitecto perfecciona su estilo personal, inspirándose en las formas orgánicas de la naturaleza, poniendo en práctica toda una serie de nuevas soluciones estructurales originadas en sus profundos análisis de la
geometría reglada. A ello añade el artista catalán una gran libertad creativa y una imag

inativa creación ornamental: partiendo de cierto
barroquismo sus obras adquieren gran riqueza estructural, de formas y volúmenes desprovistos de rigidez racionalista o de cualquier premisa clásica.
[1] En el Parque Güell desplegó Gaudí todo su genio arquitectónico, y puso en práctica muchas de sus innovadoras soluciones estructurales que serán emblemáticas de su estilo organicista y que culminarán en la
Sagrada Familia.
El parque fue concebido por Güell y Gaudí como un conjunto estructurado donde, dentro de un incomparable marco de belleza natural, se situarían unas viviendas de alto standing, con todos los adelantos tecnológicos de la época para procurar el máximo confort, con unos acabados de gran calidad artística. Asimismo, idearon un conjunto impregnado de un fuerte simbolismo, ya que procuraron sintetizar en los elementos comunes del parque muchos de los ideales tanto políticos como religiosos que compartían mecenas y arquitecto: así, serán perceptibles en el conjunto conceptos procedentes del
catalanismo político –sobre todo en la escalinata de acceso, donde se representan los
Países catalanes–, y de la religión
católica –en el Monumento al Calvario, ideado en principio como capilla–. También es importante el elemento
mitológico: según parece, Güell y Gaudí se inspiraron en el
Templo de Apolo de
Delfos para su concepción del parque.
[2]Por otro lado, numerosos expertos han querido ver en el parque una serie de referencias de variado signo, debido a la compleja
iconografía aplicada por Gaudí al conjunto del proyecto urbanístico, referencias que van desde la reivindicación política hasta la exaltación religiosa, pasando por la mitología, la
historia o la
filosofía. En concreto, muchos estudiosos pretenden ver referencias a la
masonería, hecho poco probable debido a las profundas creencias religiosas tanto de Gaudí como del conde Güell, y en todo caso no probado por ningún indicio objetivo en toda la
historiografía del arquitecto modernista. La multiplicidad de símbolos desarrollada en el Parque Güell es, como se ha dicho, de signo político y religioso, en todo caso con cierto carácter mistérico debido al gusto de la época por los enigmas y acertijos.
[3]
Historia
El parque debe su nombre a
Eusebi Güell, rico empresario catalán miembro de una influyente familia
burguesa de la ciudad condal. Hombre polifacético y de gran cultura, fue
escritor,
pintor,
lingüista,
químico y
biólogo.
[4] Asimismo, militó en el
catalanismo y fue diputado en las
Cortes (
1878). En
1910 fue nombrado
conde por el rey
Alfonso XIII. Amigo íntimo y mecenas de Gaudí, le encargó muchas de las obras efectuadas por el arquitecto modernista, sin interferir en sus decisiones artísticas. Para el conde Güell, Gaudí construyó, además del Parque Güell, el
Palacio Güell, las
Bodegas Güell, los
Pabellones Güell y la
cripta de la Colonia Güell.
El Parque Güell se formó por la unión de dos fincas, Can Muntaner de Dalt y Can Coll i Pujol,
[5] en la llamada "Montaña Pelada" (hoy día
Turó del Carmel), adquiridas por Güell en
1899. El terreno había pertenecido al
marqués de Marianao (alcalde de Barcelona en
1905-
1906 y
1910-
1911), promotor del Parque de Samà en
Cambrils, obra de
Josep Fontserè (
1882), uno de los maestros de Gaudí; según los expertos, el Parque de Samà pudo servir de influencia para el arquitecto
reusense. El conde Güell se instaló en una gran mansión situada en el recinto del parque antes de su urbanización, la Casa Larrard, que Gaudí reformó entre
1906 y
1922;
[6] actualmente es un colegio (CEIP Baldiri Reixac).
Fue el conde Güell quien proyectó convertir la falda de la montaña en una urbanización, encargo que encomendó a Gaudí, con el que mantenía una fructífera relación profesional desde
1878, fecha en que el empresario quedó impresionado con el talento del joven arquitecto al ver una obra suya (una vitrina realizada para la Guantería Comella) en la
Exposición Universal de
París de ese año. Junto con Gaudí trabajaron algunos de sus colaboradores más habituales, como
Josep Maria Jujol,
Francesc Berenguer,
Joan Rubió y
Llorenç Matamala. Las obras corrieron a cargo del contratista Josep Pardo i Casanovas.
Güell y Gaudí tenían en mente un proyecto al estilo de las
ciudades-jardín inglesas (lo que queda manifiesto en la
ortografía inicial
Park Güell), siguiendo las teorías de
Ebenezer Howard. El conde Güell tenía experiencia con la organización laboral inglesa, como se vio reflejado en su proyecto de ciudad obrera de la
Colonia Güell, en
Santa Coloma de Cervelló.
[7] Asimismo, Güell se inspiró para las zonas ajardinadas en el
Jardín de la Fontaine de la ciudad de
Nîmes, donde vivió en su juventud.
[8]
Sin embargo, pese al empeño puesto por ambos, el proyecto fue un fracaso comercial: estaba previsto construir una urbanización de gran categoría, con aproximadamente 60 viviendas diseminadas en un inmenso jardín, en las inmediaciones de la ciudad y con una vista panorámica sobre toda Barcelona. Pero el proyecto resultó poco atractivo para los barceloneses –que encontraron que la zona, entonces poco urbanizada, quedaba lejos del centro de Barcelona– y sólo se vendieron dos parcelas: una de ellas es la actual
Casa-Museo Gaudí, donde vivió el arquitecto entre
1906-
1925, obra de su colaborador Francesc Berenguer; y la otra la Casa Trias, propiedad del
abogado Martí Trias i Domènech, amigo de Güell y Gaudí, obra del arquitecto
Juli Batllevell (1906).
[9]
Hacia
1906 ya se empezó a ver que el proyecto no daría el fruto esperado; aún así, las obras siguieron en marcha para las zonas comunes de la urbanización, hasta
1914, en que fueron paralizadas tras el inicio de la
Primera Guerra Mundial. Después de la muerte del conde Güell en
1918, sus herederos decidieron vender al
Ayuntamiento de Barcelona el parque para convertirlo en público. La primera cuota de 500.000
pesetas la pagó el Ayuntamiento a la
sociedad anónima creada por los herederos de Güell después del fallecimiento de Gaudí (
1926), y ese mismo año se abrió el parque, que desde entonces es uno de los puntos neurálgicos de la ciudad de Barcelona, lugar de celebración de numerosos espectáculos y actos públicos y centro de gran interés turístico.
En
1969 el Parque Güell fue nombrado
Monumento Histórico Artístico, y en
1984 la
Unesco lo incluyó dentro del Lugar
Patrimonio de la Humanidad «Obras de Antoni Gaudí».
[10] Entre
1987 y
1994 se hizo una restauración del parque, a cargo de Elies Torres i Tur y Josep Antoni Martínez i Lapeña, con la colaboración de
Joan Bassegoda.
[11] Queda pendiente un proyecto de adecuación de la cara norte de la montaña –que no entró en el proyecto de Gaudí–, especialmente la zona de la fuente de San Salvador de Horta y del Castillo d'en Frey, mansión señorial construida en los
años 1920 y derruida en los
años 1960, del que sólo quedan vestigios de las murallas.
[12]
[editar] Descripción
Vista general del parque.
El parque tiene una extensión de 17,18
hectáreas (0,1718
kilómetros cuadrados). Se trata de un terreno
devónico, formado por estratos de
pizarra y
caliza.
[13] En el diseño se pone claramente de manifiesto la mano de un arquitecto, y el estilo peculiar de Gaudí resulta evidente en cualquier elemento, por pequeño que sea. Existen formas onduladas, parecidas a los ríos de
lava, y paseos cubiertos con
columnas que tienen formas de árboles,
estalactitas y formas
geométricas. Muchas de las superficies están cubiertas con pedazos de
cerámica o de vidrio a modo de
mosaicos de colores, que recibe el nombre de
trencadís. Por su localización al margen de la urbe y a una altitud elevada, este parque es un remanso de paz que contrasta con el ruido y frenesí de la capital catalana.
Gaudí se empeñó en lograr una perfecta integración de sus obras en la naturaleza. Prueba de ello son las columnas constituidas de piedras de tamaños y formas muy variables, que sugieren troncos de árboles, estalactitas y cuevas naturales. Los ángulos rectos no aparecen en ningún lugar: las columnas están inclinadas como
palmeras. Cuando Gaudí se hizo cargo del proyecto la zona estaba deforestada –como indicaba su nombre de Montaña Pelada–, por lo que mandó plantar nueva vegetación, escogiendo especies
mediterráneas autóctonas, las que mejor se adaptaban al terreno:
pino,
algarrobo,
encina,
eucalipto,
palmera,
ciprés,
higuera,
almendro,
ciruelo,
mimosa,
magnolia,
pita,
lentisco,
hiedra,
maquia,
coscoja,
retama,
jara,
romero,
tomillo,
lavanda,
salvia, etc.
[14]
Gaudí lo concibió con un sentido religioso a la vez que orgánico y urbanístico, ya que aprovechó el desnivel de 60 metros que tiene la montaña (cuya altura oscila de 150 a 210 metros) para proyectar un camino de elevación espiritual, situando en su cima una
capilla, que finalmente no se construyó, en el lugar que actualmente ocupa el monumento al
Calvario (o Colina de las Tres Cruces).
Un proyecto paralelo al del Parque Güell y excelente muestra de jardín diseñado por Gaudí son los
Jardines de Can Artigas, en
La Pobla de Lillet (
1905-
1907), encargo del industrial textil Joan Artigas i Alart. Intervinieron en esta obra operarios que habían trabajado en el Parque Güell, realizando un proyecto parecido al del famoso parque barcelonés, por lo que las similitudes estilísticas y estructurales son evidentes entre ambas obras. Como en el Parque Güell, Gaudí diseñó unos jardines plenamente integrados en la naturaleza, con un conjunto de construcciones de líneas orgánicas que se integran perfectamente con el entorno natural.
[15]
La entrada
El acceso al parque presenta una estructura
alegórica de gran simbolismo donde, dentro de los parámetros conceptuales que compartían Gaudí y el conde Güell, centrados en el catalanismo político y en la religión católica, se presenta la urbanización como una alegoría que representa lo más elevado del mundo terrenal y espiritual, con referencias tanto al avance de la industria y el desarrollo de la burguesía como a la cultura de tradición clásica grecorromana y, especialmente y por encima de todo, la presencia de la religión: el acceso al parque representa la entrada al
Paraíso, al lugar
utópico donde reina la calma y el bienestar.
[3]
Puerta diseñada por Gaudí que no llegó a construirse.
Gaudí situó la entrada en la parte más baja de la montaña (calle Olot), la más cercana al núcleo urbano. Como acceso ideó una entrada monumental con un par de
gacelas mecánicas que se abrirían con las dos puertas, pero que no llegó a construirse. En su lugar se ubicó una puerta de
hierro forjado, representando hojas de
palmito, que fue trasladada al parque en
1965 procedente de la
Casa Vicens, una de las primeras obras de Gaudí.
[16] El parque cuenta con otros seis ingresos: dos laterales en cada extremo de la calle Olot, donde se sitúa la entrada principal, dos en la Avenida del Coll del Portell y otra en la Carretera del Carmel.
En los dos lados de la reja de entrada se sitúan dos pabellones, que estaban destinados a portería, y a administración y mantenimiento de la urbanización. Junto a los pabellones nace una muralla que tenía que envolver el recinto, aunque sólo se construyó parcialmente; está construida con piedra rústica del lugar y rematada con cerámica, donde destacan los medallones con las inscripciones “Park” y “Güell”. Tanto la muralla como los pabellones se construyeron entre
1900 y
1903.
En la entrada se sitúa un vestíbulo de 400 metros cuadrados para organizar los accesos al parque, a cuyos lados se sitúan dos áreas de servicio a modo de
grutas, la de la izquierda para garaje y almacén, y la de la derecha para refugio de carruajes. Esta última tiene una sala circular sostenida por una columna central de forma
cónica, con una estructura que recuerda las patas de un
elefante; dicha columna es semejante a la de la
cripta del
Monasterio de Sant Pere de Rodes, posible lugar de inspiración del arquitecto.
[17] Esta sala tiene la particularidad de que el sonido viaja por sus paredes, por lo que es común ver a dos personas en sus extremos hablando el uno con el otro de espaldas.
[editar] Los pabellones
Los pabellones de entrada son del más puro estilo gaudiniano, con una estructura orgánica reflejo del profundo estudio que Gaudí hacía de la naturaleza. Realizados con
mampostería de piedra del lugar, destacan por sus
bóvedas en forma de
paraboloide hiperbólico,
[18] cubiertas con cerámica de vivos colores. Gaudí utilizó la técnica de la
bóveda catalana o
bóveda tabicada, que consistía en la superposición de varias capas de
ladrillos con
argamasa.
[19] Algunas de las estructuras eran prefabricadas y luego instaladas en sus lugares correspondientes, adelantándose Gaudí de nuevo a las técnicas de construcción actuales.
El pabellón más pequeño, destinado a administración, tiene dos plantas, terraza y una torre coronada por la típica cruz gaudiniana de cuatro brazos, que se alza a 29 metros del suelo. El pabellón más grande, la portería, tiene tres plantas, y está rematado con una
cúpula en forma de
seta (
amanita muscaria). Los pabellones combinan la piedra rústica con la cerámica en “trencadís”. Por su fantasía formal y cromática se ha sugerido que los pabellones evocan la casa del cuento de
Hänsel y Gretel, cuya versión
operística, a cargo de
Engelbert Humperdinck, se representaba en el
Liceu en
1901, año de construcción de los pabellones.
[20]
[editar] Escalinata
Del vestíbulo de entrada parte una escalinata que conduce a la plaza central de la urbanización, construida entre
1900 y
1903. Está dispuesta simétricamente alrededor de una escultura de
salamandra que se ha convertido en el emblema del jardín y de Barcelona. Puede representar la salamandra
alquímica, que simboliza el elemento
fuego, aunque también se suele interpretar como un
dragón, quizá el mitológico
Pitón del templo de
Delfos.
[21]
La escalinata está ubicada entre muros
almenados, y tiene tres tramos de once escalones y uno de doce. En su zona central alberga tres
fuentes con conjuntos
escultóricos, que representan los países catalanes:
Cataluña norte,
francesa, y Cataluña sur,
española.
[22] En la primera fuente Gaudí situó un
círculo como símbolo del mundo y un
compás como símbolo del arquitecto. La segunda fuente contiene el
escudo de Cataluña y una
serpiente, como alusión a la
medicina –o bien representando a la serpiente Nejustán que llevaba
Moisés en su
cayado–, rodeados de flores de
eucalipto.
[23] En la tercera fuente, el dragón o salamandra representa a la ciudad de
Nîmes (presente en el escudo de esta ciudad), lugar donde se crio Güell; sobre esta figura hay una pequeña construcción en forma de
trípode, en alusión al utilizado por la
pitonisa de Delfos.
[24] En el último tramo de la escalinata se sitúa un banco en forma de
odeón, situado de forma que le da el sol durante el
invierno y la sombra durante el
verano.
A uno de los lados de la escalinata se sitúa el colegio CEIP Baldiri Reixac (antigua casa del conde Güell), mientras que al otro se encuentra el Jardín de Austria, proyectado en los
años 1960 por Lluís Riudor i Carol.
[12]
[editar] Sala Hipóstila
Sobre la escalinata se sitúa la
Sala Hipóstila o
Sala de las Cien Columnas, que sirve de soporte a la plaza superior. Construida entre
1907 y
1909, esta sala fue pensada para funcionar como mercado para el barrio residencial que Gaudí estaba creando, pero actualmente no cumple tal función y sólo la utilizan algunos músicos para disfrute de los turistas por la buena
acústica que ofrece.
Está compuesta por 86 columnas estriadas, de 6 metros de alto y 1,20 de diámetro; confeccionadas de
mortero y escombro simulando
mármol, tienen revestimiento de “trencadís” hasta una altura de 1,80 m. Las columnas exteriores están ligeramente inclinadas para lograr un mejor equilibrio estructural. Son de
orden dórico, aunque de
ábaco octogonal en vez de cuadrado, parecidas a
estalagmitas gigantes en una cueva. El techo está confeccionado con bóvedas semiesféricas revestidas con “trencadís” blanco, entre cuyos espacios se sitúan 4 plafones circulares (
rosetas), que representan las
cuatro estaciones del año, con dibujos de
soles de 20 puntas, y 14 más pequeños que representan el ciclo
lunar, con dibujos de remolinos y espirales.
[25] Los plafones fueron obra de Jujol, el colaborador de Gaudí con más fantasía creativa.
El punto central del parque lo constituye una inmensa plaza de forma
oval, de 3.000 metros cuadrados, construida entre
1907 y
1913. Su borde sirve de banco y ondula como una serpiente de 110 metros de longitud. Está recubierto de pequeñas piezas de cerámica y cristal obra de Josep Maria Jujol, con una de las técnicas preferidas del arquitecto, el “trencadís”. Según el plano original, la plaza central debía ser un
teatro griego, apto para las reuniones comunitarias y para la celebración de eventos culturales y religiosos. En su parte exterior contiene un
friso cubierto de
gárgolas para desaguar la lluvia, así como pequeñas figuras en forma de gota de agua.
El banco ondulante está formado por una sucesión de módulos
cóncavos y
convexos de 1,5 m, con un diseño
ergonómico adaptado al cuerpo humano.
[26] La base es de “trencadís” blanco, y se corona con una decoración cerámica que recuerda los
collages dadaístas o
surrealistas, con motivos generalmente
abstractos, pero también algún elemento figurativo, como los signos del
Zodíaco,
estrellas,
flores,
peces,
cangrejos, etc. El “trencadís” se construyó con materiales de desecho, baldosas, botellas y trozos de
vajilla. Predominan los colores
azul,
verde y
amarillo, que para Gaudí simbolizaban la
Fe, la
Esperanza y la
Caridad; Jujol incluyó también
rosas y frases alegóricas en homenaje a la
Virgen María, en catalán y en
latín.
Esta plaza está sin pavimentar, debido a que el agua que recoge procedente de
precipitaciones es drenada y canalizada por las columnas que la sostienen y es acumulada en un depósito subterráneo de 1.200 m3, y posteriormente empleada para regar el parque.
[20] Si el depósito sobrepasa un límite determinado, el agua sobrante es expulsada por la salamandra que da la bienvenida al parque. Debido al fracaso de la urbanización, en
1913 el conde Güell decidió comercializar el agua bajo la marca SARVA (“sar” y “va” son dos letras en
sánscrito, iniciales de
Shivá y
Vishnú, dioses
hindúes que significan el Todo).
[27]
[editar] Los viaductos
Gaudí construyó una serie de
viaductos para transitar por el parque, lo suficientemente anchos para el paso de carruajes, y con unos caminos porticados por debajo para el paso de transeúntes. Los caminos tienen una longitud total de tres kilómetros, salvando el desnivel de la montaña y comunicando de forma óptima el nivel inferior con el superior. Los viaductos tienen soluciones estructurales diferenciadas, inspiradas en distintos estilos arquitectónicos: el inferior (Viaducto del Museo) en estilo
gótico, el intermedio (Viaducto del Algarrobo)
barroco y el superior (Viaducto de las Jardineras)
románico.
[28]
El camino principal, llamado del
Rosario por tener una hilera de bolas de piedra a modo de cuentas de un
rosario, parte de la plaza central atravesando el parque en sentido transversal; tiene diez metros de ancho, y se construyó sobre una antigua calzada
romana que conducía a
San Cugat del Vallés.
[7] También destaca el llamado
Pórtico de la Lavandera –por una columna esculpida en forma de lavandera–, que rodea la Casa Güell, y que tiene forma de
claustro románico, con una doble hilera de columnas, las interiores inclinadas para soportar mejor el peso; un segundo tramo del pórtico es una rampa en forma de
espiral, con columnas
helicoidales. En la entrada del pórtico se encuentra una puerta de hierro con forma de “hígados de ternera”, según una famosa frase de
Salvador Dalí.
[29]
[editar] El Calvario
En el lugar donde se habría situado la capilla, en la cima del monte, Gaudí construyó un monumento en forma de Calvario de tres
cruces. Inspirado por el hallazgo de unas cuevas
prehistóricas en el parque –donde se hallaron restos
fósiles que fueron estudiados por
Norbert Font i Sagué–,
[7] Gaudí concibió el Calvario como un monumento
megalítico, al estilo de los
talayotes de la prehistoria
balear.
El monumento tiene planta circular y dos rampas de escaleras, en cuya cima se sitúan las tres cruces y desde donde hay una magnífica panorámica de Barcelona. Hay dos cruces más bajas y una más alta, la de
Jesús; una de las cruces termina en forma de
flecha. La orientación de las cruces indica los cuatro
puntos cardinales y la que acaba en flecha apunta hacia el cielo, lo que da lugar a que se realicen especulaciones sobre su significado. Las cruces fueron destruidas en
1936, en el transcurso de la
Guerra Civil, y reconstruidas en
1939.
[30]
[editar] La Casa-Museo Gaudí
En el recinto del Parque Güell, en el Camino del Rosario, se encuentra la
Casa-Museo Gaudí, lugar de residencia del arquitecto desde
1906 hasta
1925, pocos meses antes de su muerte, residiendo este último tiempo en el taller de la Sagrada Familia. Aquí vivió con su padre, Francesc Gaudí i Serra (fallecido en 1906 a los 93 años) y su sobrina, Rosa Egea Gaudí (fallecida en
1912 a los 36 años). Diseñada por su ayudante
Francesc Berenguer entre
1903 y
1904, fue construida como casa de muestra de la urbanización, hasta que fue adquirida por Gaudí cuando ya se veía el fracaso del proyecto. A la muerte del arquitecto fue puesta en venta, siendo el importe destinado a las obras de la Sagrada Familia según el
testamento dejado por Gaudí. Adquirida por el matrimonio
italiano Chiappo Arietti, hasta que en
1963 fue comprada por la
Asociación Amigos de Gaudí con el objetivo de fundar un museo dedicado al arquitecto reusense.
[31]
El museo cuenta con una amplia colección de obras de Gaudí y de algunos de sus colaboradores, distribuido en tres plantas: en el sótano se encuentra una sala dedicada al escultor
Carles Mani; en el primer piso se muestran los mobiliarios diseñados por Gaudí para las casas
Batlló y
Calvet; y en el segundo piso se muestran el despacho y el dormitorio de Gaudí, el mobiliario y el suelo de baldosas hidráulicas de la
Casa Milà, así como obras y objetos de Eusebi Güell, Josep Maria Jujol, Francesc Berenguer y
Aleix Clapés. Otros objetos destacados expuestos en el Museo son: la cruz de cuatro brazos del portal de la Finca Miralles, un busto de
bronce con la efigie de Gaudí obra de
Joan Matamala y un
retablo en
madera y
marfil procedente de la Casa Milà, obra de
Josep Llimona.
[32]