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lunes, 21 de noviembre de 2011

MURILLO PINTOR SEVILLANO ESPAÑA

Bartolomé Esteban Murillo

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«Murillo» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Murillo (desambiguación).
Autorretrato, hacia 1670, óleo sobre lienzo, 122 x 107 cm. Londres, National Gallery. Inscripción: Bartus Murillo seipsum depin/gens pro filiorum votis acpreci/bus explendis. En este cuadro, pintado por deseo de sus hijos, Murillo se autorretrató dentro de un marco ovalado con molduras apoyando en él una mano para reforzar el efecto naturalista del trampantojo y acompañado por algunos instrumentos propios de su profesión, en una demostración de orgullo por la posición social alcanzada con su oficio solo comparable en la pintura española al autorretrato de Velázquez en Las meninas.[1]
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 16173 de abril de 1682) fue un pintor barroco español. Formado en el naturalismo tardío evolucionó hacia fórmulas propias del barroco pleno, con una sensibilidad que a veces anticipa el Rococó en algunas de sus más peculiares e imitadas creaciones iconográficas como la Inmaculada Concepción o el Buen Pastor. Figura central de la escuela sevillana, con un elevado número de discípulos y seguidores que llevaron su influencia hasta bien entrado el siglo XVIII, fue también el pintor español mejor conocido y más apreciado fuera de España, el único del que Sandrart incluyó una breve y fabulada biografía en su Academia picturae eruditae de 1683 con el Autorretrato del pintor grabado por Richard Collin.[2] Es también el único de los grandes maestros españoles que cultivó con asiduidad e independencia la pintura de género, aunque condicionado por una clientela en su mayor parte eclesiástica el grueso de su producción esté formado por obras de carácter religioso
Vida y obra
Murillo debió de nacer en los últimos días de 1617, pues fue bautizado en la parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla el 1 de enero de 1618. Fue el menor de catorce hermanos. Sus padres eran Gaspar Esteban, un acomodado barbero, cirujano y sangrador al que en ocasiones se da tratamiento de bachiller,[4] y del que en un documento de 1607 se decía que era «rico y ahorrador», propietario de algunos bienes inmuebles junto a la iglesia de San Pablo que heredó Bartolomé y le proporcionaron rentas toda su vida, y María Pérez Murillo, de familia de plateros y pintores. Conforme al uso anárquico de la época, aunque alguna vez firmó Esteban adoptó comúnmente el segundo apellido de la madre. Con nueve años y en el plazo de seis meses quedó huérfano de padre y madre, quedando bajo la tutela de una de sus hermanas mayores, Ana, casada también con un barbero cirujano, Juan Agustín de Lagares, con quienes parece probable que el joven Bartolomé mantuviese buenas relaciones pues no mudó de domicilio hasta su matrimonio, en 1645, y en 1656, habiendo ya enviudado, su cuñado le nombró albacea testamentario.[5]

[editar] Formación y primeros años

La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino, hacia 1638-1640, óleo sobre lienzo, 216 x 170 cm, Cambridge, Fitzwilliam Museum. Una cartela en el ángulo inferior derecho explica el contenido de este inusual asunto, en el que la Virgen aconseja al franciscano fray Lauterio, estudiante de teología, la consulta de la Summa Theologiae del aquinatense para resolver sus dudas de fe.
Apenas se tienen noticias documentales de los primeros años de vida de Murillo y de su formación como pintor. Consta que en 1633, cuando contaba quince años, solicitó licencia para pasar a América con algunos familiares. Según la costumbre de la época, por esos años o algo antes debió de iniciar su formación artística. Aún cuando no existe constancia documental, es muy posible, como afirmó Antonio Palomino, que se formase en el taller de Juan del Castillo, pariente de su madre y pintor discreto caracterizado por la sequedad del dibujo y la amable expresividad de que dotaba a los rostros de sus pinturas. La influencia de Castillo se advierte con claridad en las primeras obras del pintor, como La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo (Sevilla, Palacio Arzobispal y antigua colección del conde de Toreno) y La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino (Cambridge, Fitzwilliam Museum), de dibujo seco y alegre colorido, que probablemente sean las más tempranas de las obras conservadas del pintor, cuyas fechas de ejecución podrían corresponder a 1638-1640.[6] [7]
Según Palomino, al dejar el taller de Juan del Castillo lo bastante capacitado para «mantenerse pintando de feria (lo cual entonces prevalecía mucho), hizo una partida de pinturas para cargazón de Indias; y habiendo por este medio adquirido un pedazo de caudal, pasó a Madrid, donde con la protección de Velázquez, su paisano (...), vio repetidas veces las eminentes pinturas de Palacio».[8] Aunque no es improbable que, como otros pintores sevillanos, pintase en sus comienzos cuadros de devoción para el lucrativo comercio americano, nada indica que viajase a Madrid en estas fechas como tampoco es probable que realizase el viaje a Italia que le atribuyó Sandrart y que ya fue desmentido por Palomino, tras investigar esta cuestión, según decía, con «exacta diligencia». Tal suposición infundada, según pensaba el cordobés, nacía de «que los extranjeros no quieren conceder en esta arte el laurel de la Fama a ningún español, si no ha pasado por las aduanas de Italia: sin advertir, que Italia se ha transferido a España en las estatuas, pinturas eminentes, estampas, y libros; y que el estudio del natural (con estos antecedentes) en todas partes abunda».[9]
El propio Palomino, que había llegado a conocerlo aunque no lo tratase, decía haber oído a otros pintores que en sus primeros años «se había estado encerrado todo aquel tiempo en su casa estudiando por el natural, y que de esta suerte había adquirido la habilidad» con la que, al exponer sus primeras obras públicas, pintadas para el convento de los franciscanos, se ganó el respeto y la admiración de sus paisanos, quienes hasta ese momento nada sabían de su existencia y progresos en el arte.[10] En cualquier caso, el estilo que se manifiesta en sus primeras obras importantes, como son las citadas pinturas del claustro chico del convento de San Francisco, pudo aprenderlo sin salir de Sevilla en artistas de la generación anterior como Zurbarán y Francisco de Herrera el Viejo.

[editar] Sevilla en el siglo XVII

Ostentando el monopolio del comercio con las Indias y contando con Audiencia, diversos tribunales de justicia, entre ellos el de la Inquisición, arzobispado, Casa de Contratación, Casa de Moneda, consulados y aduanas, Sevilla era a comienzos del siglo XVII el «paradigma de ciudad».[11] Aunque los 130.000 habitantes con los que contaba a finales del siglo XVI habían disminuido algo a consecuencia de la peste de 1599 y la expulsión de los moriscos, cuando nació Murillo seguía siendo una ciudad cosmopolita, la más poblada de las españolas y una de las mayores del continente europeo. A partir de 1627 comenzaron a advertirse algunos síntomas de crisis a causa de la disminución del comercio con Indias, que lentamente se iba desplazando hacia Cádiz, el estallido de la Guerra de los Treinta Años y la separación de Portugal, pero el mayor problema llegó con la peste de 1649, de efectos devastadores, en la que el pintor podría haber perdido algún hijo. La población se redujo a la mitad, contabilizándose unos 60.000 muertos, y ya no se recuperó: amplias zonas urbanas, sobre todo en las parroquias populares de la zona norte, quedaron semidesiertas y con sus casas convertidas en solares.[12]
Josua van Belle, 1670, óleo sobre lienzo, 125 x 102 cm., Dublín, National Gallery of Ireland. Murillo retrató a Belle, comerciante holandés llegado a Sevilla en 1663, con la elegante actitud propia del retrato nórdico que pudo conocer en las colecciones de pintura de los comerciantes de esa procedencia establecidos en la ciudad, ante una cortina de vivo color púrpura que no se aprecia en esta reproducción.
Aunque la crisis afectó de manera desigual a los diversos segmentos de la población, el nivel de vida general disminuyó. Las clases populares, las más afectadas por ella, protagonizaron en 1652 un motín de corto alcance provocado por el hambre, pero en líneas generales la caridad funcionó como paliativo de la injusticia y la miseria, que afectaba por igual a los pordioseros que se agolpaban a las puertas del palacio episcopal para recibir la hogaza de pan que repartía el arzobispo, como a los cientos de pobres «vergonzantes» contabilizados en cada parroquia o en instituciones específicamente dedicadas a su atención, como la Hermandad de la Caridad, revitalizada después de 1663 por Miguel Mañara, quien en 1650 y 1651 había actuado como padrino de bautismo de dos de los hijos de Murillo. El pintor, hombre devoto como demuestra su ingreso en la Cofradía del Rosario en 1644, la recepción del hábito de la Venerable Orden Tercera de San Francisco en 1662 y su presencia frecuente en los repartos de pan organizados por las parroquias a las que sucesivamente estuvo adscrito, ingresó también en esta institución en 1665.
Menos afectada por la crisis, la Iglesia también notó sus consecuencias: después de 1649 apenas se establecerán nuevos conventos: tan sólo dos o tres hasta el siglo XIX, frente a los nueve conventos de varones y uno de mujeres que se habían fundado desde el año del nacimiento de Murillo hasta esa fecha.[13] Sus cerca de setenta conventos eran suficientes para una urbe que había visto disminuir tan drásticamente su población; pero la ausencia de nuevas fundaciones conventuales no puso fin a la demanda de obras de arte, pues templos y cenobios no dejaron de enriquecerse artísticamente por sus propios medios o por donaciones de particulares acomodados, como el propio Mañara.
El comercio con Indias, aunque no generase un tejido industrial, siguió aportando trabajo a tejedores, libreros y artistas. Los compradores de plata, que se encargaban de afinar los lingotes y los llevaban a labrar a la Casa de la Moneda, eran profesionales exclusivos de Sevilla; tampoco les faltó el trabajo a los oficiales de la Casa de la Moneda, al menos por temporadas, cuando arribaba la flota a puerto.[14] Y nunca faltaron los comerciantes llegados del extranjero, que hacían de Sevilla una ciudad cosmopolita. Se estima que en 1665 la cifra de extranjeros residentes en Sevilla rondaban los siete mil, aunque lógicamente no todos ellos dedicados al comercio. Algunos se habían integrado plenamente en la ciudad tras hacer fortuna: Justino de Neve, protector de la iglesia de Santa María la Blanca y del Hospital de Venerables, para los que encargó a Murillo algunas de sus obras maestras, procedía de una de aquellas familias de antiguos comerciantes flamencos establecidos en la ciudad ya en el siglo XVI.[15] Otros se incorporaron en fechas más avanzadas: el holandés Josua van Belle y el flamenco Nicolás de Omazur, a los que retrató Murillo, llegaron a la ciudad después de 1660. Hombres cultos a la vez, hubieron de viajar a Sevilla con retratos y cuadros de aquella procedencia, lo que explicaría la influencia, entre otros, de Bartholomeus van der Helst en los retratos del sevillano.[16] Ellos fueron también los encargados de extender la fama de Murillo más allá de la península, singularmente Nicolás de Omazur cuya amistad con el pintor le llevó a encargar tras su muerte un grabado del Autorretrato conservado en la National Gallery de Londres, acompañado de un texto laudatorio en latín posiblemente redactado por él mismo, que además de comerciante era conocido como poeta.[17]

[editar] Primeros encargos

Vida y obra
Murillo debió de nacer en los últimos días de 1617, pues fue bautizado en la parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla el 1 de enero de 1618. Fue el menor de catorce hermanos. Sus padres eran Gaspar Esteban, un acomodado barbero, cirujano y sangrador al que en ocasiones se da tratamiento de bachiller,[4] y del que en un documento de 1607 se decía que era «rico y ahorrador», propietario de algunos bienes inmuebles junto a la iglesia de San Pablo que heredó Bartolomé y le proporcionaron rentas toda su vida, y María Pérez Murillo, de familia de plateros y pintores. Conforme al uso anárquico de la época, aunque alguna vez firmó Esteban adoptó comúnmente el segundo apellido de la madre. Con nueve años y en el plazo de seis meses quedó huérfano de padre y madre, quedando bajo la tutela de una de sus hermanas mayores, Ana, casada también con un barbero cirujano, Juan Agustín de Lagares, con quienes parece probable que el joven Bartolomé mantuviese buenas relaciones pues no mudó de domicilio hasta su matrimonio, en 1645, y en 1656, habiendo ya enviudado, su cuñado le nombró albacea testamentario.[5]

[editar] Formación y primeros años

La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino, hacia 1638-1640, óleo sobre lienzo, 216 x 170 cm, Cambridge, Fitzwilliam Museum. Una cartela en el ángulo inferior derecho explica el contenido de este inusual asunto, en el que la Virgen aconseja al franciscano fray Lauterio, estudiante de teología, la consulta de la Summa Theologiae del aquinatense para resolver sus dudas de fe.
Apenas se tienen noticias documentales de los primeros años de vida de Murillo y de su formación como pintor. Consta que en 1633, cuando contaba quince años, solicitó licencia para pasar a América con algunos familiares. Según la costumbre de la época, por esos años o algo antes debió de iniciar su formación artística. Aún cuando no existe constancia documental, es muy posible, como afirmó Antonio Palomino, que se formase en el taller de Juan del Castillo, pariente de su madre y pintor discreto caracterizado por la sequedad del dibujo y la amable expresividad de que dotaba a los rostros de sus pinturas. La influencia de Castillo se advierte con claridad en las primeras obras del pintor, como La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo (Sevilla, Palacio Arzobispal y antigua colección del conde de Toreno) y La Virgen con fray Lauterio, san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino (Cambridge, Fitzwilliam Museum), de dibujo seco y alegre colorido, que probablemente sean las más tempranas de las obras conservadas del pintor, cuyas fechas de ejecución podrían corresponder a 1638-1640.[6] [7]
Según Palomino, al dejar el taller de Juan del Castillo lo bastante capacitado para «mantenerse pintando de feria (lo cual entonces prevalecía mucho), hizo una partida de pinturas para cargazón de Indias; y habiendo por este medio adquirido un pedazo de caudal, pasó a Madrid, donde con la protección de Velázquez, su paisano (...), vio repetidas veces las eminentes pinturas de Palacio».[8] Aunque no es improbable que, como otros pintores sevillanos, pintase en sus comienzos cuadros de devoción para el lucrativo comercio americano, nada indica que viajase a Madrid en estas fechas como tampoco es probable que realizase el viaje a Italia que le atribuyó Sandrart y que ya fue desmentido por Palomino, tras investigar esta cuestión, según decía, con «exacta diligencia». Tal suposición infundada, según pensaba el cordobés, nacía de «que los extranjeros no quieren conceder en esta arte el laurel de la Fama a ningún español, si no ha pasado por las aduanas de Italia: sin advertir, que Italia se ha transferido a España en las estatuas, pinturas eminentes, estampas, y libros; y que el estudio del natural (con estos antecedentes) en todas partes abunda».[9]
El propio Palomino, que había llegado a conocerlo aunque no lo tratase, decía haber oído a otros pintores que en sus primeros años «se había estado encerrado todo aquel tiempo en su casa estudiando por el natural, y que de esta suerte había adquirido la habilidad» con la que, al exponer sus primeras obras públicas, pintadas para el convento de los franciscanos, se ganó el respeto y la admiración de sus paisanos, quienes hasta ese momento nada sabían de su existencia y progresos en el arte.[10] En cualquier caso, el estilo que se manifiesta en sus primeras obras importantes, como son las citadas pinturas del claustro chico del convento de San Francisco, pudo aprenderlo sin salir de Sevilla en artistas de la generación anterior como Zurbarán y Francisco de Herrera el Viejo.

[editar] Sevilla en el siglo XVII

Ostentando el monopolio del comercio con las Indias y contando con Audiencia, diversos tribunales de justicia, entre ellos el de la Inquisición, arzobispado, Casa de Contratación, Casa de Moneda, consulados y aduanas, Sevilla era a comienzos del siglo XVII el «paradigma de ciudad».[11] Aunque los 130.000 habitantes con los que contaba a finales del siglo XVI habían disminuido algo a consecuencia de la peste de 1599 y la expulsión de los moriscos, cuando nació Murillo seguía siendo una ciudad cosmopolita, la más poblada de las españolas y una de las mayores del continente europeo. A partir de 1627 comenzaron a advertirse algunos síntomas de crisis a causa de la disminución del comercio con Indias, que lentamente se iba desplazando hacia Cádiz, el estallido de la Guerra de los Treinta Años y la separación de Portugal, pero el mayor problema llegó con la peste de 1649, de efectos devastadores, en la que el pintor podría haber perdido algún hijo. La población se redujo a la mitad, contabilizándose unos 60.000 muertos, y ya no se recuperó: amplias zonas urbanas, sobre todo en las parroquias populares de la zona norte, quedaron semidesiertas y con sus casas convertidas en solares.[12]
Josua van Belle, 1670, óleo sobre lienzo, 125 x 102 cm., Dublín, National Gallery of Ireland. Murillo retrató a Belle, comerciante holandés llegado a Sevilla en 1663, con la elegante actitud propia del retrato nórdico que pudo conocer en las colecciones de pintura de los comerciantes de esa procedencia establecidos en la ciudad, ante una cortina de vivo color púrpura que no se aprecia en esta reproducción.
Aunque la crisis afectó de manera desigual a los diversos segmentos de la población, el nivel de vida general disminuyó. Las clases populares, las más afectadas por ella, protagonizaron en 1652 un motín de corto alcance provocado por el hambre, pero en líneas generales la caridad funcionó como paliativo de la injusticia y la miseria, que afectaba por igual a los pordioseros que se agolpaban a las puertas del palacio episcopal para recibir la hogaza de pan que repartía el arzobispo, como a los cientos de pobres «vergonzantes» contabilizados en cada parroquia o en instituciones específicamente dedicadas a su atención, como la Hermandad de la Caridad, revitalizada después de 1663 por Miguel Mañara, quien en 1650 y 1651 había actuado como padrino de bautismo de dos de los hijos de Murillo. El pintor, hombre devoto como demuestra su ingreso en la Cofradía del Rosario en 1644, la recepción del hábito de la Venerable Orden Tercera de San Francisco en 1662 y su presencia frecuente en los repartos de pan organizados por las parroquias a las que sucesivamente estuvo adscrito, ingresó también en esta institución en 1665.
Menos afectada por la crisis, la Iglesia también notó sus consecuencias: después de 1649 apenas se establecerán nuevos conventos: tan sólo dos o tres hasta el siglo XIX, frente a los nueve conventos de varones y uno de mujeres que se habían fundado desde el año del nacimiento de Murillo hasta esa fecha.[13] Sus cerca de setenta conventos eran suficientes para una urbe que había visto disminuir tan drásticamente su población; pero la ausencia de nuevas fundaciones conventuales no puso fin a la demanda de obras de arte, pues templos y cenobios no dejaron de enriquecerse artísticamente por sus propios medios o por donaciones de particulares acomodados, como el propio Mañara.
El comercio con Indias, aunque no generase un tejido industrial, siguió aportando trabajo a tejedores, libreros y artistas. Los compradores de plata, que se encargaban de afinar los lingotes y los llevaban a labrar a la Casa de la Moneda, eran profesionales exclusivos de Sevilla; tampoco les faltó el trabajo a los oficiales de la Casa de la Moneda, al menos por temporadas, cuando arribaba la flota a puerto.[14] Y nunca faltaron los comerciantes llegados del extranjero, que hacían de Sevilla una ciudad cosmopolita. Se estima que en 1665 la cifra de extranjeros residentes en Sevilla rondaban los siete mil, aunque lógicamente no todos ellos dedicados al comercio. Algunos se habían integrado plenamente en la ciudad tras hacer fortuna: Justino de Neve, protector de la iglesia de Santa María la Blanca y del Hospital de Venerables, para los que encargó a Murillo algunas de sus obras maestras, procedía de una de aquellas familias de antiguos comerciantes flamencos establecidos en la ciudad ya en el siglo XVI.[15] Otros se incorporaron en fechas más avanzadas: el holandés Josua van Belle y el flamenco Nicolás de Omazur, a los que retrató Murillo, llegaron a la ciudad después de 1660. Hombres cultos a la vez, hubieron de viajar a Sevilla con retratos y cuadros de aquella procedencia, lo que explicaría la influencia, entre otros, de Bartholomeus van der Helst en los retratos del sevillano.[16] Ellos fueron también los encargados de extender la fama de Murillo más allá de la península, singularmente Nicolás de Omazur cuya amistad con el pintor le llevó a encargar tras su muerte un grabado del Autorretrato conservado en la National Gallery de Londres, acompañado de un texto laudatorio en latín posiblemente redactado por él mismo, que además de comerciante era conocido como poeta.[17]


Tres muchachos (Dos golfillos y un negrito), hacia 1670, Londres, Dulwich Picture Gallery.

PEREDA ESCRITOR CÁNTABRO ESPAÑA

José María de Pereda y Sánchez Porrúa (Polanco, 6 de febrero de 1833Santander, 1 de marzo de 1906) fue un novelista español del periodo realista. También participó como político afiliado al Partido Carlista.
Sus obras más conocidas son Peñas arriba, De tal palo tal astilla, Sotileza y La puchera que le dieron gran reconocimiento, lo que dio lugar a que ya en 1872 fuese correspondiente de la Real Academia Española.

Biografía
Sus padres fueron Juan Francisco de Pereda y Bárbara Josefa Sánchez Porrúa; su madre era de Comillas y su padre de Polanco, ambas localidades en Cantabria. Se casaron de muy jóvenes, de forma que llegaron a tener 22 hijos, si bien sólo nueve sobrepasaron la juventud y hacerse adultos. Inicialmente vivieron de la agricultura y de la ganadería en el pueblo natal, donde el autor cursó los estudios de educación primaria, hasta que se trasladaron a la capital, Santander para que José María pudiese preparar su ingreso en el Instituto Cántabro de la calle Santa Clara. A los 11 años, en 1843, fue ya alumno del Instituto en el que también estudiaron Menéndez Pelayo, Gregorio Marañón o Gerardo Diego. Durante el Bachillerato es un estudiante mediano, más amante de la caza, la pesca y la vida en contacto con la naturaleza que de otras ocupaciones. Tuvo, sin embargo, un temperamento neurótico e hipersensible desde niño.
Terminados los estudios de Humanidades, en el otoño de 1852, se trasladó a Madrid con intención de cursar los estudios preparatorios del ingreso en la Academia de Artillería de Segovia. Allí se alojó en la calle del Prado número 2, junto a otros estudiantes de su provincia, se interesó poco por los libros científicos, y se dedicó más a las tertulias en el café de «La Esmeralda», los bailes de Capellanes y el teatro. Años más tarde, al referirse a esta etapa de su vida, diría que comenzó en Madrid:
Una carrera científica que no concluí por falta de vocación para ello.
Por entonces es testigo de la Revolución de 1854, la llamada «Vicalvarada», donde casi fallece a consecuencia de los tiroteos en las calles, como refirió en su obra, Pedro Sánchez. En esa época escribió La fortuna en un sombrero (1854), comedia que quedó inédita.
Volvió a Santander y en 1855 fallece su madre y contrae poco después el cólera. Debido a ambas cosas anduvo decaído y desanimado, a pesar de que se recuperó de la enfermedad. Al año siguiente se le presentó una neurastenia que le dejó postrado y obligó a su familia a enviarlo a Andalucía, donde permaneció una parte del año 1857. Al aparecer en Santander el diario La Abeja Montañesa decidió salir de su marasmo e iniciar una carrera periodística. Allí publicó sin firma o, sobre todo, con el seudónimo Paredes, críticas teatrales y esbozos costumbristas. También fundó en 1858 el semanal El Tío Cayetano. Prueba suerte en el teatro con las piezas Tanto tienes, tanto vales (1861), Palos en seco (1861), Marchar con el siglo (1863) y Mundo, amor y vanidad (1863), con poca suerte. Estos conatos escénicos se publicaron en 1869 con el título Ensayos dramáticos.
En 1864 había aparecido ya su primera obra notable, Escenas montañesas, que le convirtió en una celebridad local. El mismo año puso su mirada en Madrid, donde empieza a publicar en El Museo Universal y en 1866 colabora con otros autores en el libro colectivo Escenas de la vida, colección de cuentos y cuadros de costumbres. En su segundo libro, Tipos y paisajes, Pereda se esmeró sobre todo en el relato titulado Blasones y talegas. En abril de 1869 se casa con Diodora de la Revilla y dos años más tarde inicia su carrera política presentándose como diputado carlista por el distrito de Cabuérniga. El año anterior se había constituido la Junta provincial del partido, de la que era presidente su amigo Fernando Fernández de Velasco, vicepresidente su hermano Manuel Bernabé Pereda y vocal el propio novelista. Salió elegido por escaso margen, en parte por la división del voto liberal. Eso le hizo ampliar sus amistades en Madrid y darse a conocer. Sus ideas carlistas, sin embargo, no le impiden hacer amistad con escritores de ideología contraria, como Galdós y Leopoldo Alas «Clarín».
Sobre su experiencia política escribió la novela corta Los hombres de pro, incluida en su libro Bocetos al temple (1876). Entonces dejó la política para consagrarse a sus hijos durante cuatro o cinco años. Estimulado por sus amigos Marcelino Menéndez Pelayo y Gumersindo Laverde, volvió a la literatura iniciando una especie de segunda etapa en su obra, más centrada en la narración extensa realista que en el cuadro de costumbres. Sus novelas estaban ambientadas casi siempre en La Montaña, salvo Pedro Sánchez, y presentaban como tema central la exaltación e idealización de las costumbres del pueblo frente a las urbanas. Sus obras más destacadas son Sotileza (1885), obra en la que retrata la forma de vida de los pescadores, y Peñas arriba (1895), centrada en los habitantes de montaña.
Monumento a José María de Pereda en los jardines del mismo nombre. Los grabados que se ven rodeando al busto de Pereda representan escenas de sus obras.
El suicidio en 1893 de su primer hijo, Juan Manuel, le sorprendió cuando estaba redactando el vigésimo primer capítulo de este último libro (en el manuscrito original hay una cruz que señala el triste momento). Este acontecimiento le afectó muchísimo: desde entonces abandonó casi completamente la escritura, se sumergió en una honda tristeza y le acometieron complejos de culpabilidad que derivaron en una crisis existencial y religiosa. Se agravó su neurastenia y envejeció prematuramente. A duras penas salió de la crisis leyendo el Libro de Job, pero ya no quiso escribir más. Únicamente publicó su desganada novela corta Pachín González, basada en un hecho real, la explosión en noviembre de 1893 del vapor Cabo Machichaco, atracado en el puerto de Santander con un cargamento de dinamita.
Ya era correspondiente de la Real Academia Española desde 1872, y en febrero de 1897 leyó su discurso como miembro de número. Su hija contrajo matrimonio en junio de 1903 con Enrique Rivero, de Jerez de la Frontera, hecho que levantó sus ánimos, pero en la primavera de 1904 sufrió una apoplejía que le dejó hemipléjico del lado izquierdo, y murió el 1 de marzo de 1906.

[editar] Pereda y el habla de Cantabria

Aunque algunos autores actuales han visto en la obra de Pereda trazas de querer recuperar un idioma cántabro, nada más lejos de la verdad. En 1875 Pereda respondió a una carta enviada por la Real Academia Española el 1 de junio de 1874, donde se le pedía que investigara el modo de hablar de La Montaña. En esa carta-informe Pereda reconoce que en esa región se hablaba de un modo muy particular y registra muchas de sus voces, documentando en qué zonas se oyen y cómo varían en otras, pero apuntando que se trata de un idioma vulgar, distinto del castellano pero que no defendía. De este modo, en tal informe se lee:

COLINDRES CANTABRIA ESPAÑA

Colindres es una importante villa de la costa oriental, muy cerca de las localidades más turísticas de la costa como Laredo o Noja y del valle del Asón ( Ampuero, Ramales... ). Está situado a 48 Km. de Santander.
De Interés:

Colindres posee excepcionales ejemplos de arquitectura civil de los siglos XVI al XVIII en los barrios del llamado "Colindres de Arriba". Testigos de la historia de una antigua villa que permanecen casi desconocidos e infravalorados. Para llegar, seguimos la calle que va por detrás del ayuntamiento y atraviesa un túnel. Pincha en los monumentos que quieras ver o inicia un completo recorrido monumental por Colindres.
Comenzamos con los que son posiblemente los tres monumentos más representativos de este Colindres medieval. La iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVI, posee un interesante retablo barroco, así como las capillas de los principales linajes de Colindres. El Palacio del Infantado, de la familia Alvarado, es un espectacular conjunto formado por dos torres unidas por un cuerpo central. La casa Cachupín es una bella casona escudada perteneciente a una de las familias más antiguas de España.


El recorrido continúa por algunas de las casonas más representa- tivas del Colindres medieval, cargadas de historia y cuna de caballeros y personajes ilustres. La casa de Agüero se encuentra restaurada y aunque es bastante humilde, cuenta la tradición que alojó una temporada a Bárbara de Blomberg, madre de don Juan de Austria. El palacio de Gil de la Redonda es una excelente casona con dos escudos. La casona situada en el barrio del Mazo, nos recibe, con su escudo y un arco carpanel a la entrada.

Más casonas que atestiguan el pasado noble de la villa. La casa del Valle o de los Hoyo es una obra monumental de columnas, balcones y ostentosos enrejados. La de los Bolívar, es una caso- na típicamente montañesa, con dos escudos. La casa de Serna se encuentra en estado de ruina, una ruina que no puede ocultar su ilustre pasado, cuna de importantes caballeros. La casa de los Mori es una de las más antiguas de Colindres, establecida en la villa desde antes del siglo XV.
Concluimos el viaje con la casona de la familia Puerta, reciente- mente reformada, pero que aún conserva las armas de esta noble y antigua familia de Colindres.  La casa de los Capitanes, fuera ya del núcleo antiguo del Colindres de Arriba, tiene dos buenos escudos en el frontal y fue construida por los capitanes de infantería don Bartolomé y don Felipe de Palacio en 1728. La iglesia de San Ginés completa la visita por Colindres.

MIS AMIGOLS LOS MAYORES QUE NO VIEJOS 12



 Ancianos : Activos jubilados mayores, viejos amigos y el ocio, grupo de tres hombres de edad avanzada que se divierten, riendo y hablando en el parque de la ciudad. Medida de la cintura para arriba Foto de archivo

Hoy he estado de nuevo con mis amigos, siguen tristes por lo de Jacinto, más que nada porque nadie se lo esperaba. Alguno piensan en quién será el siguiente pues en estas edades ya han entrado en la recta final.
Ayer fueron todos a votar, y aunque tienen el lema de no hablar de política ni religión, hoy han roto ese pacto. Los que no son del partido que ha ganado, creen que se lo merece, pues los suyos reconocen han sido nefastos, están cabreados y reconocen que no se ha podido hacer peor. Que no hay que echarle la culpa a la crisis, que sí que la hay pero no quisieron reconocerla, y además han despilfarrado el dinero, entre los sindicatos, lo que se va fuera para obras sociales, dejando a los de aquí, en la p.. calle, Las necesidades de los nuestros que hay muchas, no han querido saber nada, Ahí siguen los de Lorca, viviendo en barracones, o casas pre-fabricadas, y de todas esas ayudas que les prometieron na, de na. En cambio han mandado para todos esos países que sí han tenido desgracias, pero todos los países les han prestado ayuda, en cambio a los de aquí se lo han pasado por el forro. Corrieron mucho para sacar la ley del tabaco, chorrada, el que se quiera morir de fumar que se muera, y si no que quiten los estancos, muerto el perro se acabó la rabia, pero eso no interesa, pues el estado saca mucha pasta de los fumadores, te venden la burra de que es por nuestra salud, coño, que quiten los coches, que con esos sí que tragamos humos, y en la calle, que suspendan las salida de humos de la fábricas, que hay muchas que contaminan, todo puro cuento. Decía uno de ellos, porque no han corrido tanto a actualizar la ley para otras cosas como: Que tengas tu casa en el pueblo y vengan unos mangarranes, se metan en ella de una patada, y tú su dueño no puedas hacer lo mismo, y encima tengas que seguir pagando agua, luz, y todo, y lo peor es que cuando les sale de los c.. marcharse te lo dejan todo arrasado, yo me pregunto ¿En que país de la comunidad europea pasa esto? en ninguno, todo el p... día comparandonos con ellos, pero solo para lo que interesa, por ejemplo, el sueldo base, y no quiero seguir que me hago mala sangre. Otro decía lo de la memoria histórica, pero debía de ser para todos ¿no! porque no se habla de Para cuellos, ahí a un familiar mio que contaba diez y ocho años se lo cargaron era un crío y no se había metido con nadie,. Uno de mis nietos me ha leído una cosa que circula por Internet, sobre eso, hablan del  enterrador, con nombre y apellido, y se lo dice al S. Carrillo, pero vamos a dejar esto, pues reconozco que con todo el esfuerzo que hicieron nuestros padres, y nosotros mismos, en unir a familias dividas, por estar en uno u otro bando, estos señores en ocho años, se lo han cargado todo, pena de vida, que a los muertos de un lado y otro les dejen descansar en paz, en una guerra civil, no gana nadie perdemos todos,. En fin que hoy hemos roto nuestra regla, pero mañana volveremos a nuestro statud, como siempre, pero sobre todo respetando nos que eso es lo que no hay hoy respeto, ni valores, ni na, de na, en fin, mañanas si Dios quiere nos volveremos a reunir para hablar de nuestras cosas como siempre
A.R.G.

CAMINO DE ÁLIVA CAMALEÑO pOTES CANTABRIA ESPAÑA

CAMINO DE ALIVA   ( CAMALEÑO )
PR-S2
- Salida: Mirador del Cable ( Fuente Dé )
- Llegada: El PR-S2 termina en Pido, pero se puede bajar
  fácilmente a Espinama o a Mogrovejo ( PR-S16 )
-
Distancia y tiempo aproximado: 11'5 km, 4 h. 45 min.
- Dificultad: Todo el camino es prácticamente llano y desde Aliva
  es de descenso.
- Visitar Camaleño
Ermita de la Virgen de la Salud en Aliva

Teleférico de Fuente Dé
Esta ruta propone partir desde Fuente Dé, un punto de gran atracción turística al pie de los Picos de Europa, y ascendiendo en el teleférico hasta el Mirador del Cable, recorrer los hermosísimos Puertos de Aliva para descender de nuevo hacia el valle de Camaleño por hermosos parajes.

El teléferico de Fuente Dé es la forma más cómoda y espectacular para acceder a los Picos de Europa desde Cantabria. Frecuentado por excursionistas y amantes de la naturaleza, salva en apenas dos minutos un escalón de 743 metros de altitud.
Tras bajar del teleférico, no debemos perdernos la espectacular panorámica del Mirador del Cable ( 1847 metros ), un verdadero balcón al vacío desde el que se domina una vista irrepetible. Comenzaremos a caminar por la pista que sale justo detrás de la cafetería para llegar a la llamada Horcadina de Covarrobres, un cruce en el que debemos seguir a la derecha.

Pasaremos por el Collado de Juan Toribio ( 1842 metros ) y por fin veremos los puertos de Aliva, magníficas praderías situadas a casi 1500 metros de altura utilizadas como pastizales para el ganado de todo el valle de Camaleño.
Los Puertos de Aliva
Puertos de Aliva
Puertos de Aliva
Puertos de Aliva
Ermita de la Virgen de la Salud
Más abajo, dejaremos a la dere- cha la fuente de Resalao, naci- miento del río Duje. Siguiendo el camino, pronto tendremos a la izquierda el Chalet Real, así llamado por haber tenido como huésped a Alfonso XIII cuando venía a cazar y pescar. Algo después se encuentra el Hotel - Refugio hasta el que abremos recorrido 3'5 km. Muy cerca co- nectamos con la pista que lleva a Sotres ( PR-S8 ). Podemos pa- sar junto a la ermita de la Virgen de la Salud, cuya fiesta se cele- bra el 2 de Julio.
Hasta esta ermita se recorren 4'5 Km. que se pueden cubrir en algo más de dos horas. En este lugar también podemos decir que nace el río Nevandi, que desde ahora nos acompañará en bastantes tramos del recorrido. Vamos de nuevo a la derecha, en suave descenso por una pista que es la utilizada por los vehículos todoterreno para ascender a Aliva desde Espinama. Este ascenso también se puede realizar a pie, constituyendo otra posible ruta en sí, pero hay que tener en cuenta que se trata de una empinada pista de 8 Km. que se puede hacer bastante dura.
Cruce de Campujito
Llegamos a otro cruce, el de "Campujito" por el que seguimos a la derecha ( a menos que queramos descender hacia Pembes o Mogrovejo ), bajando hacia el sur por el valle del recién nacido río Nevandi, hasta llegar a las Portillas del Boquejón.
Las portillas del Boquerón
Camino de Aliva
El río Nevandi discurre junto al camino de Aliva

Los Invernales de Igüedri
Poco después se llega a un grupo de cabañas, los invernales de Igüedri, en los que se recoge el ganado que baja de los puertos durante el invierno.

Podemos seguir este camino principal en dirección a Espinama o dejar la pista, bajando a la derecha para encontrar un camino que entra en el fondo del barranco de la Riega del Agtuasel, hallando otra majada, la de Tobín. Este último camino baja hasta la carretera, que alcanza cerca del cruce de Pido, pequeño pueblo a 2'5 km. de Fuente Dé.

Si optamos por seguir el camino principal, estaremos a dos Kilómetros de Espinama. Este tramo final se hace a la sombra de hayas, robles, helechos y avellanos.

Los Invernales de IgüedriLos Invernales de IgüedriTramo final hacia Espinama
TramoDistanciaTiempo
Cabaña en los Invernales de Igüedri
Teleférico - Hotel Refugio3'5 Km.1 h 30`
Hotel Refugio - Ermita Aliva1 Km.30'
Ermita Aliva - Espinama5 Km.2 h 30'
Total9'5 Km.4 h 30'
Aunque el recorrido completo pueda ser un poco largo, se pueden hacer los diferentes tramos por separado, siendo todos bellos paseos.

SOTRES ASTURIAS ESPAÑA

CAMINO DEL DUJE   ( SOTRES - CAMALEÑO )
PR-S8
- Salida: Sotres ( Concejo de Cabrales, Asturias )
- Para llegar a Sotres en coche: Tomar la carretera
  de Unquera a Potes, desviarse a la derecha en
  Panes en dirección a Arenas de Cabrales, desde
  ahí se puede subir a Sotres.
- Llegada: Santo Toribio ( Camaleño )
-
Distancia y tiempo aproximado: 25 km, 6 h. 45 min.
- Visitar Camaleño
Aldea de Mogrovejo

Sotres es el pueblo más alto del concejo de Cabrales, en la vecina Asturias. Su comunicación natural con Liébana discurre a través de los puertos de Áliva, magníficos pastos de alta montaña propiedad de los pueblos del municipio de Camaleño. Esta ruta remonta desde Sotres el curso del río Duje, afluente del Cares que separa los macizos central y oriental de los Picos de Europa, para alcanzar los elevados puertos de Áliva. Después el camino se desvía a la izquierda, rodeando por el sur el macizo oriental de los Picos, para atravesar los puertos de Pembes y descender al valle gozando de amplias panorámicas. Se pasa por Mogrovejo, hermoso pueblo presidido por una esbelta torre medieval, y por las aldeas de Redo y Tanarrio, para después conectar en las proximidades de Camaleño con el Camino de Valdebaró ( PR-S7 ) y seguir valle abajo hasta Congarna, desde donde se asciende al monasterio de Santo Toribio.  
La ruta comienza en Sotres, pequeño pueblo asturiano al que se llega por Cantabria tomando la carretera Unquera - Potes para desviarnos a la altura de Panes en dirección a Arenas de Cabrales desde donde se asciende hasta el susodicho Sotres. Una vez aquí debemos bajar medio kilómetro por la carretera de Tielve, para dejarla y seguir por una pista a la izquierda. A nuestra derecha, junto al río, quedarán los invernales del Texu. Nuestro camino remonta el curso del río Duje hacia los puertos de Áliva que separan los macizos central y oriental de los Picos de Europa. El camino pasa junto a las Vegas de Sotres, un pequeño grupo de cabañas, y prosigue su ascenso valle arriba. Un estacado nos indica que abandonamos Asturias y entramos en Cantabria, concretamente en el municipio de Camaleño, comenzando los puertos de Áliva.
Cabañales
Ermita de la Virgen de la Salud
Más adelante hay una bifurcación, en la que debemos ir a la izquierda, para atravesar Campomayor, un llano de gran amplitud. En poco tiempo llegaremos a la ermita de la Virgen de la Salud, humilde capilla en mitad de los puer- tos de Áliva y escenario de una concurrida fiesta el 2 de julio. La pista continúa hacia el sur, y tras Campomenor y una encrucijada, en la que hemos de ignorar a la derecha el ramal que sube a la estación superior del teleférico, comienza el descenso hacia Espinama, del cual debemos desviarnos pronto. Encontraremos una bifurcación en la que debemos subir a la izquierda, para rodear el Cumbre Abenas y entrar en los puertos de Pembes, situados sobre el pueblo del mismo nombre y con vistas de toda Liébana.
El próximo punto que alcanzamos es un pequeño collado situado junto a la peña Oviedo, donde existe un yaci- miento megalítico que ha sido objeto de excavaciones arqueológicas. A partir de aquí el descenso se hace más pronunciado y, tras atravesar un bosquete de avellanos alcanzamos los primeros prados. Más abajo ignoramos sendos desvíos, uno que sube a la derecha y otro que baja a la izquierda, para, poco después, alcanzar la aldea de Mogrovejo, precioso pueblo lebaniego que conserva su ambiente medieval, destacando su esbelta torre almenada. Podemos recorrer las calles admirando la magnífica arquitectura popular, no en vano Mogrovejo ha sido declarado Conjunto Histórico.
Aldea de Mogrovejo
Tanarrio
Bajaremos a la derecha para tomar una carretera que, tras dar una curva a la izquierda, nos conduce a Redo, pueblo donde hay una generosa fuente. A la misma entrada hemos de bajar a la dere- cha por un camino que cruza el río Belondio, para subir después coger la carrretera de Tanarrio, que vamos a seguir por la derecha bajando hasta encontrar la ruta procedente de Fuente Dé ( PR-S7 ), en las proximidades de Camaleño. Por tanto antes de llegar a este último pueblo, capital del valle de Valdebaró, nos desviamos a la izquier- da, atravesando un encinar para bajar al fondo del valle.  
Llegaremos a San Pelayo, recorriendo el pueblo por la orilla izquierda del río, para subir a cruzar la carretera de Lon y atravesar un pinar. Tras una breve subida entre prados, bajamos a la de- recha por un sinuoso sendero que nos conduce de nuevo a otro bonito pueblo, Beares, en cuya plaza hay una gran encina.

Por la izquierda cruzamos el río Deva, saliendo a un área de descanso junto a la carretera del valle. La cruzamos con cuidado para subir por un camino que nos lleva directo a Congarna, último núcleo antes de nuestra meta.
Encinar de San Pelayo
Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Vista general.
Desde el centro del pueblo hay dos alternativas para ir a Santo Toribio, siendo más directa la que va por la izquierda entre encinas y pinos hasta la ermita de San Miguel, desde donde se contempla una magnífica vista de Potes y los Picos de Europa, ya junto al monasterio.

La otra opción desde Congarna es más larga, pero permite ver un grupo de grandes castaños y da la posiblidad de desviarse hasta la Cueva Santa y donde la tradición sitúa el refugio cenobítico del monje Santo Toribio.

En ambas opciones llegaremos al mismo sitio, el monasterio de Santo Toribio, a 3 km. de Potes, capital de la comarca.